Mientras el debate sobre inteligencia artificial oscila entre la promesa tecnológica y el riesgo existencial, una dimensión decisiva queda en segundo plano: la infraestructura que la sostiene. Energía, chips, centros de datos, minerales, territorio y acumulación de información revelan una disputa menos futurista y mucho más concreta: quién controla los recursos y las reglas de la nueva economía digital.