La readaptación geopolítica de EEUU: ¿Nueva era de intervencionismo?

Tras décadas de expansión global desde el “momento unipolar”, con la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 Estados Unidos reformula sus objetivos geopolíticos, buscando de esta manera evitar la sobre extensión estratégica.
GEOPOLÍTICA12 de enero de 2026Lic. Andrés BerazateguiLic. Andrés Berazategui
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Por Andrés Berazategui *

[Aviso: El siguiente artículo fue escrito antes de la intervención norteamericana en Venezuela, por lo que nada se dice al respecto. Sin embargo, creemos que enmarca adecuadamente los lineamientos de la geopolítica que se desprenden de la National Sucurity Strategy 2025; de allí la importancia de publicarlo. Nota de Politicar Magazine].

 La sobreextensión estratégica ocurre cuando los compromisos de un Estado superan su capacidad económica, militar y política para sostenerlos. Es lo que ha ocurrido con Estados Unidos en las últimas décadas y la situación que Donald Trump parece dispuesto a rectificar. 

Esta es la conclusión a la que se llega cuando se lee la National Security Strategy 2025 (NSS 2025) dada a conocer en noviembre pasado: lejos de conducir a un repliegue aislacionista, se evidencia una adaptación por parte de Washington que comporta la transición desde la hegemonía global, única y omniabarcativa, hacia una redefinición selectiva y más pragmática de sus objetivos.

 Los límites de la supremacía

Con la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos emergió como una potencia sin rival, dando lugar al llamado “momento unipolar”. Esta posición de dominio absoluto generó una especie de euforia bajo la premisa del “fin de la historia”, donde la expansión del modelo liberal hacia todo el mundo era vista como un destino inevitable. Durante este período, Washington adoptó una estrategia de supremacía e interpretó como amenaza cualquier inestabilidad regional. La expansión de alianzas y la asunción de responsabilidades en materia de seguridad se llevaron a cabo bajo la creencia de que los recursos estadounidenses serían básicamente inagotables.

Sin embargo, esta ambición derivó en intervenciones costosas en regiones periféricas, lo que tensionó los recursos económicos, humanos y militares de Estados Unidos. Esta situación fue aprovechada por potencias desafiantes como Rusia y especialmente China para crecer y modernizar sus fuerzas, consolidando así sus propias esferas de influencia.

 ¿Moderación o reformulación de la hegemonía?

En este escenario, la NSS 2025 puede interpretarse tanto como una moderación de objetivos como una reformulación del ejercicio del poder, consecuencia de un contexto internacional más restrictivo en lo político, fragmentado en lo ideológico y volátil en lo militar. No se renuncia explícitamente a la primacía global, pero se reconoce que el mundo actual es multipolar.

A diferencia de las doctrinas de principios de los años 2000, la estrategia actual reduce la centralidad de las intervenciones armadas directas y presenta un modelo que prioriza la disuasión, las alianzas y la presión indirecta. Washington intenta recalibrar su poder para concentrarlo en las áreas donde considera que puede ejercer influencia sin agotar recursos vitales: el hemisferio occidental y China.

Con la NSS 2025, la Casa Blanca reformula su política exterior principalmente en cuatro dimensiones:

En cuanto a las prioridades geográficas, se reordenan las regiones estratégicas situando en la cúspide al hemisferio occidental y al Indo-Pacífico, siendo este último el “teatro decisivo de la competencia económica y geopolítica del siglo XXI”. Europa y Oriente Medio, aun siendo importantes, quedan en un nivel de menos relevancia.

Con relación al segmento económico y tecnológico, la primacía no se persigue mediante la ocupación de territorios, sino a través del control de las cadenas de suministro de semiconductores y minerales críticos, como en la búsqueda de ventajas competitivas en materia de datos e inteligencia artificial. Es decir, se pretende condicionar el desarrollo de otras naciones mediante estándares regulatorios y financieros.

En cuanto a las alianzas militares, se platea un esquema en el que los aliados deberán asumir más gastos en su propia seguridad y hacerse cargo de mayores costos directos en eventuales conflictos, mientras Washington conserva el liderazgo estratégico y el suministro tecnológico. Los aliados ya no serán “protegidos”, sino socios tecnológico-industriales.

Además, se cuestiona el orden internacional liberal, ya que se relativiza la importancia de las instituciones multilaterales y la globalización económica, mientras se postula la primacía del interés nacional (“America First”). La NSS 2025 muestra un fuerte componente ideológico al criticar el paradigma liberal en los asuntos internacionales.

 Un giro adaptativo

La NSS 2025 puede interpretarse como una estrategia de moderación (restraint): una hegemonía que busca preservar la posición relativa del país sin caer en un agotamiento total. Para los más críticos, sin embargo, se trata apenas de un imperialismo disfrazado, cuyas principales víctimas —¿también en términos militares?— podrían ser los países al sur del Río Bravo.

En cualquier caso, queda claro que esta estrategia no representa un aislacionismo. Es la adaptación de una potencia que ha terminado por aceptar que el poder, en un mundo multipolar donde las capacidades materiales están más dispersas, cuesta más y rinde menos. La sobreextensión global ha obligado a Estados Unidos a evolucionar, por lo que la NSS 2025 no debe ser interpretada como un signo de “decadencia imperialista”, sino de flexibilidad estratégica. Es cierto que Washington ya no será el hegemón indiscutido de las décadas del noventa y dos mil, ¿pero acaso esa situación podía mantenerse para siempre?

  • Lic. en Relaciones Internacionales, analista geopolítico y ensayista.

     
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