
La inflación volvió a superar el 2% y el alivio no llega al bolsillo
Juan Salguero Simoy
La inflación de julio fue del 2,1%, según el dato oficial publicado por el INDEC, y marcó un repunte frente al 1,9% registrado en junio. De esta manera, el índice interrumpió tres meses consecutivos de desaceleración y llevó la inflación acumulada durante los primeros siete meses de 2026 al 19,3%. Aunque el ritmo de aumento de los precios se encuentra por debajo del año anterior, la persistencia de las subas continúa impactando sobre el poder adquisitivo de los hogares.
El comportamiento de los precios durante julio estuvo marcado especialmente por los factores estacionales vinculados a las vacaciones de invierno. Recreación y cultura registró una suba del 5%, mientras que Restaurantes y hoteles aumentó 2,8%. También se ubicaron por encima del promedio general Salud, con 2,5%, Telecomunicaciones con 2,4%, y Vivienda, agua, electricidad, gas y combustibles, con 2,2%. Los precios estacionales, por su parte, tuvieron un incremento del 4,5% durante el mes.
En el otro extremo, algunos rubros mostraron aumentos menores o incluso bajas. Alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 2%, apenas por debajo del índice general, mientras que Educación y Transporte avanzaron 1,9% y Bebidas alcohólicas y tabaco, 1,5%. El dato más llamativo fue el de Prendas de vestir y calzado, que registró una caída del 1,3%, explicada principalmente por las liquidaciones de fin de temporada utilizadas por los comercios para intentar estimular las ventas en un contexto de consumo debilitado.

Sin embargo, la semi estabilidad de la inflación que se ve durante el vigente año no implica necesariamente una recuperación del poder adquisitivo. El problema para los hogares está en la composición de los aumentos: buena parte de los gastos que más suben son aquellos que no pueden postergarse, como alquileres, tarifas, transporte y servicios básicos. En julio, el rubro de vivienda y servicios aumentó 2,2%, mientras que los precios regulados avanzaron en promedio 2,1%, lo que obliga a las familias a destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos a cubrir gastos esenciales.
Esta situación genera una diferencia entre la inflación medida por el INDEC y la inflación que enfrentan cotidianamente los hogares. Mientras algunos bienes pueden bajar de precio mediante promociones o liquidaciones, motivadas por la caída del consumo, los gastos fijos continúan aumentando y reducen el dinero disponible para otros. El resultado es una modificación de los hábitos familiares: se recortan salidas, indumentaria, productos de mayor valor y consumos considerados secundarios para poder sostener el pago de las necesidades básicas.
Así, el 2,1% de julio y el 19,3% acumulado en el año muestran una inflación más moderada en términos nominales, pero todavía con capacidad para deteriorar los ingresos. El impacto tampoco es igual para todos: los trabajadores con salarios que no se actualizan al mismo ritmo, los informales y los jubilados enfrentan mayores dificultades para recomponer su capacidad de compra.


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