El 1,9% de inflación no alcanza para aliviar el bolsillo de los argentinos

El índice de junio rompió el piso del 2% por primera vez en diez meses, aunque la menor velocidad de los aumentos coincide con un mercado interno debilitado y una creciente presión de las tarifas sobre las familias.
 
ECONOMÍA15 de julio de 2026Juan Salguero SimoyJuan Salguero Simoy

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La inflación de junio se ubicó en 1,9%, según el INDEC, marcando la primera vez en diez meses que el índice mensual perfora el piso del 2%. En el primer semestre del año, la suba acumulada de precios alcanzó el 16,8%, mientras que la variación interanual llegó al 33,5%. El Gobierno presentó el dato como una señal de consolidación de su programa económico y de la estabilidad alcanzada tras meses de fuerte ajuste.

Sin embargo, detrás del descenso del índice aparece otra realidad. Buena parte de la desaceleración responde al freno del consumo interno y a la pérdida del poder adquisitivo de los hogares. Con menos dinero disponible y ventas en retroceso, los comercios encuentran cada vez menos margen para remarcar precios, dando lugar a una desinflación impulsada por la recesión más que por una recuperación genuina de la economía.

Los propios datos del INDEC reflejan esa disparidad. Mientras Alimentos y bebidas aumentaron apenas 1,3%, ayudando a contener el índice general, los servicios regulados continuaron creciendo por encima del promedio. Recreación y cultura encabezó las subas con 4,2%, seguida por Vivienda, agua, electricidad y gas con 3,3%, Salud con 2,9% y Bebidas alcohólicas y tabaco con 2,1%. En el extremo opuesto quedaron Comunicaciones (0,9%) y Prendas de vestir y calzado (0,4%), dos rubros afectados por la caída de la demanda.

Esa diferencia explica por qué la percepción social continúa siendo de pérdida de ingresos pese a que la inflación desacelera. Las familias siguen destinando una parte creciente de sus recursos al pago de tarifas, alquileres, salud y otros gastos fijos, reduciendo al mínimo las compras de indumentaria, bienes durables y productos no esenciales. Los precios ya no aumentan al ritmo de meses anteriores, pero lo hacen sobre una base muy elevada que los salarios todavía no logran compensar.

La prioridad pasó a ser sostener los gastos imprescindibles y administrar un presupuesto cada vez más ajustado, en muchos casos complementado con tarjetas de crédito o endeudamiento. La desaceleración inflacionaria, lejos de reflejar un aumento de la capacidad de compra, aparece vinculada a una economía donde la demanda permanece deprimida y el consumo continúa siendo la principal variable de ajuste.

Las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central estiman que la inflación cerrará en 2026 en torno al 30% anual y que durante el segundo semestre continuará por debajo del 2% mensual. Sin embargo, el principal desafío para el Gobierno será demostrar que esa estabilidad puede sostenerse sin profundizar la caída del consumo ni el deterioro del poder adquisitivo. Mientras los salarios no recuperen terreno y las tarifas continúen aumentando por encima del promedio, la baja de la inflación seguirá conviviendo con una sensación persistente de ajuste en el bolsillo de millones de argentinos.

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