
Adolfo Pérez Esquivel: “En este presente la memoria debe sostenerse de manera activa en la sociedad”
Juan Salguero Simoy
Este 24 de marzo, Argentina vivió una jornada histórica a 50 años del golpe de Estado de 1976. En tiempos donde los discursos negacionistas avanzan desde las altas esferas del poder político, millones de personas se movilizaron en distintos puntos del país reclamando memoria, verdad y justicia.
La movilización en la Ciudad de Buenos Aires se destacó por ser una de las más masivas de las últimas décadas, no solo porque se cumple medio siglo del inicio del Terrorismo de Estado, sino porque en el ambiente se sintió la necesidad de salir a las calles para reafirmar el compromiso con la memoria activa al grito de “Nunca Más”.
En contraposición a la expresión popular, el Gobierno Nacional de Javier Milei decidió seguir profundizando con las apologías a la dictadura. Desde la cuenta oficial de Casa Rosada, se posteó un video de más de una hora en un intento de reavivar la teoría de los dos demonios.
Estos avances negacionistas, y hasta justificatorios de la última dictadura cívico militar, fueron repudiados en el acto oficial de las madres y abuelas de plaza de mayo, junto a diversos organismos de derechos humanos.
Parte de ese repudio fue expresado por Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980. El referente y defensor de los derechos humanos dialogó con POLITICAR a 50 años del golpe de Estado:
¿Por qué crees que la movilización del 24 de marzo tuvo una masividad de tal magnitud?
Se podrían enumerar diversas razones, siempre recordando que queremos vivir en democracia, libertad y con soberanía. Hay un avance de discursos sombríos y una desintegración del país, que la gente percibe y aunque muchos no lo entiendan en profundidad porque no tienen un análisis más político, pero lo cierto es que sus vidas están afectadas.
Por ello fue una marcha multitudinaria en Buenos Aires, pero también en todo el país. La masividad fue un carácter importante de este 24 de marzo, con este presente la memoria debe sostenerse de manera activa en la sociedad.
Es necesario que las nuevas generaciones comprendan que la memoria no es sólo un acto de recordación, sino un compromiso activo con el presente. El olvido es la antesala de la impunidad.
No debemos recordar solo los momentos del golpe, sino cómo fue evolucionando todo hasta el presente. Esta es una política continental que sigue hasta el día de hoy. El viraje hacia la derecha en los gobiernos es consecuencia de las políticas de sometimiento a los pueblos.
El gobierno sigue haciendo apología a la dictadura, incluso justificándose bajo el pretexto “memoria completa” ¿Estos avances en sus discursos, son momentáneos o una situación que debería comenzar a preocupar?
Es preocupante. También pasa en Europa, con movimientos totalitarios o grupos filonazis. Milei intenta blanquear el horror de los años más oscuros de nuestra historia.
Este gobierno no solo es negacionista, sino también que avala lo hecho por la Dictadura. Yo soy un sobreviviente de los vuelos de la muerte, también de las prisiones, de las torturas, y no teníamos nada que ver con las guerrillas.
El Gobierno, con su actitud negacionista, quiere hacer de la desaparición de las personas, un número. Y no es así. ¿Quién dice que no es cierto los 6 millones de judíos que sufrieron el Holocausto? ¿O los millones de genocidios que se cometieron contra los pueblos originarios durante la Conquista? Es decir, no se trata de números, sino de hechos que afectan la vida de los pueblos.
Sus discursos impactan por la falta de memoria, por eso trabajamos mucho con ella. La memoria no es para quedarnos en el pasado. Nos tiene que iluminar el presente porque a través de él, entre luces y sombras, tenemos que construir un nuevo amanecer para nuestra patria, que hoy está sometida a un cruel y siniestro gobierno.
En este sentido… ¿Qué opinión te merece Victoria Villarruel?
Es evidente que Villarruel tiene la mentalidad de los genocidas, siempre defendió a los genocidas. Pero trata de confundir al pueblo con sus declaraciones. Esconde su mentalidad, con un folklorismo disfrazado de un falso nacionalismo. Una persona que reivindica a los genocidas no puede ser considerada nacionalista, el modelo de la dictadura fue de tortura, saqueo y entrega, el nacionalismo está en las antipodas.
¿Qué significó el Premio Nobel que recibiste para las luchas por los derechos humanos de ese segundo tramo de la dictadura?
Eso fue un detonante fuerte para democratizar el país. Claro, después viene todo lo que pasó: las grandes movilizaciones, las ayudas que hice para reclamar por los desaparecidos, el encuentro con el Papa en el Vaticano con Juan Pablo II, Al que le hago entrega de un dossier con los niños secuestrados y desaparecidos en Argentina, y después la denuncia que pude hacer en Naciones Unidas, en el Parlamento Europeo, en el Consejo de Europa, sobre la situación que vivía el país.
Pero hay un hecho poco conocido, que fue en el Senado de Francia en el año ’81. Ya al poco tiempo que me habían dado el Premio Nobel, los exiliados hicieron el primer coloquio por la desaparición de personas en el Senado de Francia, que lo presidí junto con Julio Cortázar y el Dr. Petitti de la Asociación Internacional de Juristas.
Ahí participaron unos 500 juristas de todas partes del mundo y sale la definición técnica de la desaparición forzada e involuntaria de personas, eso lo presentamos en Naciones Unidas y hasta el día de hoy está en funcionamiento, porque hay desaparecidos no sólo en la Argentina, en América Latina, en África, en Asia… Entonces se forman las comisiones en defensa de los desaparecidos, de los niños secuestrados y desaparecidos. Así que el trabajo ahí fue, y es, muy intenso hasta el día de hoy.
Muchos jóvenes que no vivieron la dictadura en nuestro país y se preguntan qué papel tienen hoy los organismos de derechos humanos en democracia ¿Qué les respondería?
Primero, que la democracia no está consolidada. Tenemos que construir una democracia participativa. Derechos humanos y democracia son valores indivisibles. Si se violan, los derechos humanos las democracias se debilitan y dejan de serlo. Muchos organismos de derechos humanos en la Argentina surgieron a través del dolor que provocó la desaparición de personas, las torturas. Tienen como objetivo la recuperación de las y los niños apropiados, y el juicio y castigo a los responsables.
Nosotros, desde el SERPAJ, tenemos una mirada más amplia, que es el derecho de los pueblos a la soberanía, al desarrollo, al medio ambiente. En la Argentina es grave porque la están devastando con los desmontes, con la contaminación de los ríos y los mares. Soberanía no es solo una palabra bonita. Significa garantizar que los pueblos tengan en sus manos las grandes empresas nacionales, los recursos y los bienes naturales.



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