Desguace en la CNEA: “No estamos perdiendo solamente trabajadores, estamos perdiendo conocimiento construido durante décadas”

Paula Alderete, técnica química despedida de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) advirtió sobre la fuga de profesionales, el desfinanciamiento de la ciencia y el impacto que la pérdida de capacidades estratégicas puede tener para el desarrollo tecnológico y la soberanía del país. 
 
ENTREVISTAS 11 de julio de 2026Juan Salguero SimoyJuan Salguero Simoy

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La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa un desmantelamiento que produce recortes presupuestarios, la paralización de proyectos estratégicos y más de sesenta despidos en las últimas dos semanas, dentro de una de las áreas científicas y tecnológicas más importantes del país.

El presupuesto destinado al organismo sufrió una reducción real del 58% respecto de 2023, una situación que ya provocó la salida de cerca de 400 profesionales altamente calificados entre despidos, jubilaciones no reemplazadas y renuncias motivadas por los bajos salarios. Según trabajadores de la CNEA, la pérdida de recursos humanos especializados pone en riesgo décadas de inversión pública en formación científica y favorece una creciente migración de investigadores hacia empresas privadas y organismos del exterior.

El impacto del ajuste también alcanza a proyectos considerados estratégicos para la soberanía tecnológica argentina, como el reactor nuclear CAREM y el reactor multipropósito RA-10, además de áreas clave vinculadas a la producción de radioisótopos para medicina nuclear, la seguridad radiológica y la investigación aplicada. Para distintos sectores, estas políticas no solo comprometen el desarrollo científico nacional, sino que debilitan la capacidad del país para mantener una industria nuclear y energética autónoma.

Trabajadores y especialistas sostienen que el desfinanciamiento de la CNEA favorece una mayor dependencia de tecnologías extranjeras y pone en riesgo uno de los desarrollos científicos más prestigiosos del país. En este contexto, POLITICAR dialogó con Paula Alderete, técnica química y ex trabajadora de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

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Paula Alderete

¿Cómo fue el momento en el que vos y tus compañeros se enteraron del despido? ¿qué explicación te dieron?

La notificación me llegó el 30 de junio. Fui a trabajar como todos los días, cumplí mi jornada normalmente y operé el microscopio durante toda la mañana. Cuando terminé regresé a la oficina y, a través del sistema GDE, que es la plataforma que utilizamos los trabajadores del Estado, encontré una comunicación enviada por Recursos Humanos.

En esa notificación me informaban que mi contrato no iba a ser renovado. Esa fue toda la explicación que recibí. No hubo ninguna reunión previa, ningún llamado ni ningún tipo de instancia donde pudiéramos conversar sobre la situación. Simplemente me comunicaron que dejaba de trabajar en la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Para que entiendas la gravedad de la situación. Soy técnica química y me desempeñaba como operadora del microscopio electrónico de barrido del laboratorio de Microscopía, que depende de la Gerencia de Materiales.

Mi tarea consistía en realizar la caracterización de distintos materiales utilizados tanto para el desarrollo nuclear como para investigaciones científicas y trabajos destinados al sector productivo. El microscopio con el que trabajábamos es un equipo de alta complejidad que requiere una capacitación específica para poder operarlo correctamente. Es un instrumento fundamental para muchísimas investigaciones y desarrollos tecnológicos.

El presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica sostuvo que no se habían despedido científicos ¿Cómo cayeron esos comentarios dentro del sector?

Esa afirmación no refleja lo que realmente ocurrió. En el Centro Atómico Ezeiza, por ejemplo, hubo investigadores y profesionales vinculados a proyectos científicos que también fueron despedidos. Además, más allá del título que tenga cada trabajador, la Comisión funciona como un equipo donde todas las tareas son indispensables. 

No solamente hacen falta investigadores. También hacen falta técnicos, operadores especializados, profesionales de distintas disciplinas y personal de apoyo. Todos cumplimos un rol dentro del funcionamiento del organismo y todos somos necesarios para que los proyectos puedan desarrollarse.

¿Cómo vivieron el mega operativo de Gendarmería para intervenir la CNEA?

Fue un momento muy angustiante. La sede central de la Comisión es un edificio administrativo y nos encontramos con un despliegue enorme de efectivos de Gendarmería. La verdad es que nos pareció absolutamente desproporcionado.

Éramos trabajadores de un organismo científico reclamando por nuestros puestos de trabajo y nos encontramos con una presencia de fuerzas de seguridad que resultó muy intimidante. Hubo momentos de mucha tensión y algunos compañeros incluso denunciaron haber sido empujados y golpeados durante la protesta. Realmente fue una situación muy dolorosa para todos.

También trascendió que durante el último año hubo visitas de representantes extranjeros a la Comisión Nacional de Energía Atómica para recorrer instalaciones y observar distintos activos del organismo. ¿Qué información tienen ustedes sobre eso?

Sí, sabemos que hubo visitas. En el Centro Atómico Constituyentes recibimos una delegación de Estados Unidos que recorrió parte de las instalaciones. Nosotros no participamos de esas reuniones ni conocemos cuál fue exactamente el objetivo de esas visitas. Lo que sabemos es que existieron y que recorrieron distintos sectores del predio.

Después, respecto de qué intereses podían tener o cuáles fueron las conversaciones mantenidas con las autoridades, la verdad es que no tenemos información porque nunca se nos comunicó nada oficialmente.

Anteriormente mencionaste que ese microscopio no solamente se utiliza para investigaciones vinculadas a la energía nuclear, sino también para prestar servicios a empresas privadas. ¿Cómo funciona ese trabajo?

Sí, exactamente. Muchas empresas privadas recurren a la Comisión Nacional de Energía Atómica porque necesitan realizar estudios que no pueden hacer por sus propios medios. Nosotros hacemos análisis de materiales, controles de calidad y estudios de fallas que después sirven para distintos procesos industriales.

En muchos casos esas empresas podrían enviar las muestras al exterior para hacer esos estudios, pero al contar con este laboratorio en la Argentina pueden realizarlos acá, con costos mucho menores y tiempos mucho más rápidos.

Por eso siempre digo que nuestro trabajo no solamente beneficia al sistema científico, sino también al sector privado y a la industria nacional. Muchas empresas utilizan nuestros servicios justamente porque necesitan garantizar la calidad de sus productos o resolver problemas técnicos que requieren este tipo de equipamiento.

Algunas podrían enviar las muestras al exterior, pero eso implica mayores costos y tiempos mucho más largos. Si estos laboratorios dejan de funcionar o pierden personal especializado, muchas de esas empresas van a tener que buscar soluciones fuera del país. Es decir, no solamente pierde la Comisión, también pierde la industria argentina, que deja de contar con una herramienta tecnológica muy importante.

Por el desguace que vienen sufriendo imagino que muchos trabajadores habrán decidido irse. ¿Se está produciendo una fuga de profesionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica?

Sí, lamentablemente eso ya está ocurriendo. Tengo muchos compañeros y compañeras que decidieron renunciar porque la situación económica se volvió insostenible. Ayer mismo una amiga me avisó que iba a presentar la renuncia. También tengo otra compañera que hoy está trabajando en Holanda, haciendo exactamente el mismo trabajo que realizaba acá.

Es una realidad que se viene profundizando desde hace tiempo. Muchos profesionales altamente capacitados, que fueron formados en la Argentina y que dedicaron años a especializarse, terminan buscando oportunidades en el exterior porque acá ya no encuentran condiciones para continuar desarrollando su trabajo.

Y eso es muy doloroso, porque no estamos perdiendo solamente trabajadores: estamos perdiendo conocimiento, experiencia y años de formación que costaron muchísimo construir.

Muchas veces la sociedad no conoce el trabajo que se realiza dentro de la Comisión Nacional de Energía Atómica, pero detrás de cada uno de esos proyectos hay años de investigación, desarrollo y formación profesional. Cuando una persona con ese nivel de capacitación se va del país, no solamente pierde la Comisión. Pierde toda la Argentina.

Da la sensación de que lo que vos y tus compañeros intentan transmitir es que la discusión excede a los despidos y tiene que ver con el futuro de la ciencia argentina.

Exactamente. Por supuesto que perder el trabajo es un golpe muy fuerte en lo personal, pero nuestra preocupación va mucho más allá.  La Comisión Nacional de Energía Atómica tiene más de setenta años de historia. Durante todo ese tiempo se construyeron capacidades científicas y tecnológicas que hoy distinguen a la Argentina en el mundo.

No hablamos solamente de investigación nuclear. Hablamos de desarrollos que tienen aplicación en medicina, en la industria, en el sector energético y en muchísimas otras áreas estratégicas. Todo ese conocimiento fue construido durante décadas y no se reemplaza de un día para otro.

Por eso creemos que el problema no son únicamente los despidos. El verdadero problema es que, cuando se pierde personal especializado y no hay políticas para sostener esos equipos de trabajo, después resulta muy difícil recuperar todo ese conocimiento.

¿Qué mensaje te gustaría dejarle a quienes quizás no conocen el trabajo que realiza la Comisión Nacional de Energía Atómica?

Muchas veces se piensa que la Comisión pertenece únicamente a quienes trabajamos ahí, pero no es así. La Comisión es patrimonio de todos los argentinos. Todo el conocimiento que se genera, todas las investigaciones y todos los desarrollos tecnológicos terminan beneficiando al conjunto de la sociedad.

Por eso creemos que es importante que la gente conozca lo que está pasando y entienda que defender estos organismos también es defender capacidades estratégicas del país.  Me gustaría que la gente supiera que detrás de cada laboratorio, de cada investigador y de cada técnico hay años de formación, de esfuerzo y de trabajo.

Muchas veces el trabajo científico no es visible para la mayoría de la sociedad, pero eso no significa que no tenga impacto. La Comisión Nacional de Energía Atómica desarrolla tecnología, produce conocimiento, presta servicios a la industria, acompaña investigaciones y forma profesionales altamente capacitados. Todo eso termina mejorando la calidad de vida de las personas, fortaleciendo la industria nacional y generando soberanía tecnológica.

Por eso creo que lo que hoy está en discusión no es solamente el futuro de quienes trabajamos en la Comisión. También está en juego el modelo de país que queremos construir y el lugar que le damos a la ciencia y a la tecnología como herramientas para el desarrollo nacional.

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