
Fabricar ya no cierra: el avance de las importaciones golpea a la industria del calzado
Juan Salguero Simoy
La industria del calzado atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. La combinación entre la apertura de importaciones y la caída del consumo interno provocan que cada vez más empresas dejan de fabricar en el país para transformarse en importadoras de productos terminados. Detrás de ese cambio de modelo aparecen fábricas cerradas, líneas de producción paralizadas y miles de trabajadores que pierden su principal fuente de ingresos.
Uno de los casos más emblemáticos es el del Grupo Dass, principal fabricante de calzado deportivo para marcas como Nike y Adidas en Argentina. La compañía oficializó el cierre definitivo de su planta de Eldorado, Misiones, luego de haber clausurado meses atrás su establecimiento de Coronel Suárez. A partir de ahora abastecerá el mercado argentino con productos fabricados en Brasil, donde los costos de producción resultan considerablemente más bajos. La decisión simboliza una realidad que atraviesa a buena parte del sector: fabricar deja de ser rentable y la importación pasa a ocupar ese lugar.
El cambio responde, en gran medida, a la flexibilización del ingreso de productos terminados desde el exterior. Con menores barreras comerciales, las grandes marcas encuentran más conveniente importar calzado producido en Brasil, Paraguay o el sudeste asiático que sostener plantas industriales en Argentina. La diferencia de costos impositivos vuelve cada vez más difícil competir para las fábricas locales, que deben enfrentar una estructura productiva mucho más costosa.

A ese escenario se suma el fuerte deterioro del mercado interno. La pérdida del poder adquisitivo redujo las ventas de bienes no esenciales y el calzado quedó entre los rubros más afectados. Con consumidores que priorizan alimentos, medicamentos y el pago de servicios, las empresas acumulan stock sin vender, disminuyen los turnos de producción y postergan inversiones. La consecuencia inmediata es una capacidad instalada cada vez más ociosa y una menor necesidad de mano de obra.
El impacto laboral ya se refleja en todo el país. La Cámara de la Industria del Calzado advierte que más de 100 fábricas cerraron sus puertas en los últimos meses, mientras que la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA) alerta por la pérdida de alrededor de 10.000 puestos de trabajo directos. La reconversión de las empresas hacia un modelo importador conserva apenas una pequeña parte del personal para tareas administrativas o logísticas, pero elimina la mayor parte de los empleos industriales vinculados al corte, costura, ensamblado y terminación del calzado.
Más allá de los alarmantes números, la crisis también golpea a las economías regionales. Ciudades como Eldorado o Coronel Suárez construyeron durante décadas buena parte de su actividad alrededor de estas plantas fabriles. Cuando una fábrica deja de producir, no solo desaparecen puestos de trabajo dentro del establecimiento: también se resiente toda la red de proveedores, transportistas, comercios y pequeños talleres que dependen de esa actividad.


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