“Les gusta la pelusa como a nosotros”

a concepción recaudatoria del poder y “la chiquilinada de monetizar la presidencia”. Escribe Oberdán Rocamora
ANALISIS 15 de abril de 2026Jorge AsisJorge Asis
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“La Manuela”

“Si se resistía a cobrar la Manuela”.
Lo confirma el indignado político con experiencia.
Cadena de la felicidad que se distribuía a los selectivos integrantes del bloque.
(«La Manuela» porque se entregaba “en mano”).

Otro hilarante aventurero se presentaba para gobernar su provincia y fue de frente hacia Olivos para mangar al presidente Néstor, El Furia, que le dio “al toque medio palo verde” con la advertencia:
“Que no se entere Cristina, ¿entendiste?
(La Doctora carecía de adicción al choreo).

Objeto de estudio

Interpretación patológica del “riesgo kuka”.
Del kirchnerismo, subproducto del peronismo.
Consecuencias residuales del “líder de culto y fenómeno delictivo”.

El Furia mantuvo el comportamiento inapelable para recrear “La marroquinería política”.
Tomarlo a Néstor sólo como “líder de culto” era (aún es) un error trascendente.
Pero tomarlo sólo como delincuente es otro error que dificulta la comprensión del fenómeno.
El objeto de estudio concentraba simultáneamente ambas categorías.

Les gusta la pelusa como a nosotros

La concepción recaudatoria del poder equivale a “la chiquilinada de monetizar la presidencia” (cliquear), durante el mileismo vigente.
Monetizarla a través de chiquilines marginales como el propio Javier, El Tertuliano.
Los marginales hurgan sin vergüenza entre los fondos de olla en procura de los productos que retroalimentan los desgraciados ciclos históricos.

Al contrario del Tertuliano, que va por los sueldos, El Furia, mientras la juntaba, conducía.
Consentía la prioritaria acumulación. El derecho a la militancia era caro.
No lo movilizaba el enriquecimiento personal. Requería contribuciones espirituales “para la política”.
Manoteaba donde podía, hasta entre los subsidios patrióticos que se multiplicaban.

Llegó un momento en que los bolsos constituían montañas.
Los elitistas de la buena información sospechaban que los bolsos partían los viernes hacia Río Gallegos, desde la zona militar de Aeroparque.
Imposible probarlo.

Las diatribas

Entre 2003 y 2007, Argentina fue la fiesta cotidiana en materia de crecimiento y circulación.
Se imaginaban con 20 años de poder. Como se deliraba hasta ayer con los 16 años de mileismo, pero debieran sentirse conformes si completan los primeros cuatro.
Porque la próxima disrupción probablemente es la normalidad.
Buscar sucesor de pelo prolijo y traje inapelablemente gris.

Con fervorosa inocencia, El Furia se creía impune.
En cada obra teatral de la Rosada anunciaba proyectos. Ceremonias que concluían con diatribas memorables, condenatorias de la “corrupción menemista que había entregado el país”.
Tiempos de mayoritario silencio, pero algunos prematuros críticos de vanguardia se dedicaron a indagar entre las características de los proyectos.
De pronto se descubrieron que los pecadores furtivos del menemismo habían sido comparativamente filántropos del Ejército de Salvación.
Les gusta la pelusa como a nosotros

Los operadores de la metodología kirchnerista eran maestros superiores.

“Les gusta la pelusa como a nosotros”

Brotan las anécdotas disparatadas para celebrar durante la relajación del asado con “los compañeros”.
Desfile de caricaturas ingeniosas con El Furia que derivaron en la tobillera humillante que padece La Doctora, mientras probablemente perciba con amargura que “su lugar en el mundo dejó de ser El Calafate”.
Es el bulín opaco de San José al mil cien. Donde respirar con migajas de sol se convierte en una reivindicación moral.

Final espantosamente abierto

“Si Néstor viviera no estaría preso”.
La misoginia de la justicia reproduce el encierro de La Doctora que no era chorra y ni aceptaba «La Manuela».
Paga con obstrucción de la libertad el error de haber interpretado al “compañero de vida” como el “líder de culto”.
El estadista que “no dejó las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno”.
(Prefirió meter las convicciones adentro).

En “Churrasquitos hervidos, billetes crocantes” se cuenta que El Furia comprendió que se equivocó al “no ir” por la reelección en 2007 y ceder la presidencia a La Doctora.
Para cargarse de rencores lógicos y pesares lícitos, hasta confirmar que volvía en 2011 a la presidencia que le pertenecía.
Para acomodar los quilombos pendientes que a La Doctora le resultaban ajenos.
Una lástima que Kirchner no pudiera cumplir -como Perón- con el objetivo del regreso.
En octubre de 2010 tuvo la “osada impertinencia de morirse”.

Les gusta la pelusa como a nosotros

Por su parte, El Tertuliano mantiene un presente contradictorio.
Los marginales asoman como un riesgo impreciso de tobillera.
El “mejor gobierno de la historia” se instala en la plenitud de la incertidumbre.
Esta vez la señora Karina, La Guantanamera, tampoco le garantiza la protección tradicional.
El final está espantosamente abierto.
¿Ampliaremos?

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