Agro, energía y minería: los tres pilares del nuevo récord exportador argentino

Argentina se encamina a cerrar 2026 con exportaciones por hasta US$ 103.200 millones, un máximo histórico explicado por la combinación de una cosecha agroindustrial de gran volumen, el salto productivo de Vaca Muerta y la expansión de la minería.
ENERGÍA12 de septiembre de 2026Juan Salguero SimoyJuan Salguero Simoy

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Argentina se encamina a cerrar 2026 con un récord histórico de exportaciones de hasta US$ 103.200 millones, una cifra que marcaría el mayor ingreso de divisas por ventas al exterior registrado por el país. El dato es utilizado por el Gobierno como una muestra del cambio estructural que atraviesa la economía y de la capacidad de la actual política económica para ampliar la generación de dólares. Sin embargo, detrás de ese número existen factores que excede a la gestión de Javier Milei, ya que por primera vez en años, el agro, la energía y la minería avanzan simultáneamente como los principales generadores de divisas, cambiando la histórica dependencia de un único sector para sostener el frente exportador.

El principal exponente se encuentra en el sector energético, donde Vaca Muerta se convirtió en uno de los pilares de la nueva matriz exportadora. La expansión de la producción de petróleo y gas, acompañada por obras de infraestructura destinadas a transportar mayores volúmenes, permitió que Argentina pasara de depender de la importación de energía a generar un fuerte superávit. Durante el primer semestre, la balanza energética registró un saldo positivo superior a los US$ 6.987 millones, mientras que las exportaciones del sector crecieron más de 45%. Lo que provocó este proceso fue una fuerte caída de las importaciones de GNL y otros combustibles, liberando dólares que anteriormente debían destinarse al abastecimiento energético interno.

El segundo componente del tridente es la minería, que alcanzó una participación cercana al 10% de las exportaciones totales y atraviesa una etapa de expansión vinculada principalmente al litio, el oro y la plata. Proyectos como Cauchari-Olaroz y Sal de Vida pasaron progresivamente de la etapa de construcción a la producción y exportación, multiplicando los volúmenes enviados al exterior. Pero el verdadero cambio a gran escala podría producirse en los próximos años con el cobre: proyectos como Los Azules, San Jorge, Taca Taca y Vicuña emergen dentro de la hoja de ruta de inversiones que podría transformar al país en uno de los principales productores mundiales. Las estimaciones más ambiciosas proyectan que la minería podría superar los US$ 32.700 millones anuales durante la próxima década.

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El agro, mientras tanto, continúa siendo el principal sostén de la matriz exportadora argentina. Una cosecha récord de maíz, la recuperación de la soja y el crecimiento de las exportaciones de aceites, harinas y otros productos agroindustriales explican una parte sustancial del salto previsto para este año. También las economías regionales registraron un desempeño destacado: entre enero y julio acumularon exportaciones por US$ 5.757 millones, el mejor resultado en 22 años. La recuperación productiva después de los problemas climáticos de períodos anteriores y una mayor normalización del mercado cambiario contribuyeron a incrementar los volúmenes comercializados. El campo, pese al crecimiento de los nuevos sectores, continúa ocupando un lugar central en la generación de dólares para nuestro país.

La particularidad del récord es que no estaría explicado solamente por una mejora de los precios internacionales, sino por una combinación de saldos favorables y mayores cantidades producidas y exportadas. En energía, más del 70% del crecimiento estaría asociado al incremento de los volúmenes físicos; en minería, nuevos proyectos comenzaron a aportar producción; y en el agro, las cosechas permitieron recuperar niveles elevados de comercialización. De este modo se configura un nuevo "tridente" exportador, el cual modifica la estructura tradicional de la economía argentina. Para el Gobierno, la expansión de estos sectores constituye además una pieza central de su estrategia de atraer inversiones mediante el RIGI y posicionar al país como proveedor internacional de alimentos, energía y minerales.

Las proyecciones oficiales sostienen que energía y minería podrían superar los US$ 50.000 millones anuales para 2030, mientras que hacia 2035 el cobre y el GNL podrían ampliar todavía más el ingreso de divisas. El desafío político para el próximo gobierno, del color que fuera, será determinar si esa expansión permite resolver de manera sostenible la histórica restricción externa argentina o si consolida un modelo centrado fundamentalmente en la exportación de recursos naturales. Más dólares pueden significar mayor capacidad para acumular reservas, afrontar deuda y reducir la vulnerabilidad cambiaria, pero el récord exportador no garantiza por sí mismo un progreso a nivel nacional que tenga en cuenta un mayor desarrollo industrial, empleo de calidad ni una distribución más equitativa de la riqueza generada. A este paso, la “lluvia de dólares” estará y seguirá estando, la incógnita es qué modelo de país proyectará el Ejecutivo actual, y el que le presida, con ese crecimiento exponencial de divisas. 

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