
Massa y Kicillof, una interna para ordenar al peronismo
Martín Ramirez Tacgorian
El peronismo empieza lentamente a salir de la dispersión. Después de un período marcado por la ausencia de una conducción nacional indiscutida, la discusión comienza a organizarse alrededor de dos figuras: Sergio Massa y Axel Kicillof.
No significa que exista un acuerdo entre ambos ni que el resto de los dirigentes haya quedado definitivamente relegado. Pero Massa y Kicillof son quienes hoy cuentan con mayor capacidad para reunir sectores políticos, estructuras territoriales y expectativas electorales alrededor de sus respectivos proyectos.
Massa conserva vínculos con gobernadores, intendentes, legisladores, sindicatos y sectores empresarios. También mantiene su capacidad para construir acuerdos y articular posiciones diferentes dentro de una misma coalición. Kicillof, mientras tanto, gobierna la provincia de Buenos Aires, conduce el principal territorio electoral del país y busca proyectar nacionalmente una identidad propia.
Las diferencias entre ambos exceden una disputa por una candidatura. Expresan estilos de conducción, recorridos políticos y estrategias diferentes para reconstruir al peronismo y enfrentar al gobierno de Javier Milei.
Massa representa una construcción más amplia, negociadora y orientada a generar consensos con distintos sectores. Kicillof intenta consolidar un perfil más confrontativo frente al modelo libertario, con una propuesta centrada en el papel del Estado, la producción, el trabajo y la protección de los sectores afectados por el ajuste.
El peronismo deberá decidir cuál de esas estrategias considera más competitiva. Y para hacerlo necesita una regla que ordene la discusión.
Las PASO como mecanismo de ordenamiento
En ese escenario, las PASO aparecen como el principal instrumento para resolver la disputa sin que las diferencias deriven en una fractura. Una primaria permitiría medir el respaldo electoral de cada dirigente, legitimar una nueva conducción y movilizar a una militancia que necesita recuperar protagonismo.
La competencia interna no necesariamente debilita. Cuando existen reglas claras y un compromiso compartido, puede fortalecer a una coalición. El problema no es que dentro del peronismo convivan proyectos distintos, sino que esas diferencias no encuentren un mecanismo institucional para resolverse.
Sin PASO, la definición probablemente quedaría en manos de acuerdos entre dirigentes, negociaciones por las listas y vetos cruzados. Ese procedimiento podría alcanzar para distribuir candidaturas legislativas, pero difícilmente resulte suficiente para resolver una disputa por el liderazgo nacional.
Una interna entre Massa y Kicillof también obligaría a ambos a presentar algo más que apoyos partidarios. Deberían explicar qué peronismo pretenden conducir, cuál sería su alternativa económica y qué propuesta ofrecerían a una sociedad que todavía mantiene una relación crítica con el último gobierno del espacio.
Por eso, las primarias podrían servir no solamente para elegir un candidato, sino también para comenzar a reconstruir una identidad, un programa y una representación social.
Primera pregunta: ¿habrá PASO?
El primer interrogante es institucional. Antes de organizar una competencia, el peronismo necesita saber si las primarias efectivamente se realizarán.
La continuidad, suspensión o eliminación de las PASO condicionará toda la estrategia. Si se mantienen, Massa y Kicillof podrán desarrollar sus proyectos dentro de una misma coalición y someter sus diferencias al voto de la ciudadanía.
Si no se realizan, el espacio deberá encontrar otro mecanismo para definir su candidatura. Podría intentar alcanzar un acuerdo político, recurrir a una convención partidaria o construir algún sistema interno. Ninguna de esas alternativas, sin embargo, ofrecería automáticamente la misma legitimidad que una elección abierta.
La ausencia de primarias aumentaría el riesgo de fragmentación. Quien se considere excluido de una negociación tendrá mayores incentivos para competir por afuera, presentar una lista propia o desconocer la conducción surgida de un acuerdo entre sectores.
Segunda pregunta: ¿el que pierda acompañará?
El segundo interrogante es político y posiblemente más importante: ¿quien pierda la interna estará dispuesto a encolumnarse detrás del ganador?
Las PASO solamente ordenan cuando todos aceptan el resultado. Si el vencedor obtiene la candidatura, pero el derrotado se retira, debilita la campaña o deja a su estructura en libertad de acción, la primaria habrá servido para contar votos, pero no para construir unidad.
La competencia debería comenzar con un acuerdo previo. Massa y Kicillof tendrían que establecer reglas, compromisos programáticos y garantías de participación antes de saber quién gana. La unidad posterior no puede depender únicamente de una fotografía o de una declaración circunstancial.
Quien resulte vencedor necesitará los votos, la estructura y la representación política del derrotado. Y quien pierda deberá comprender que acompañar no significa desaparecer, sino integrarse a una conducción más amplia.
El verdadero desafío consiste en transformar al adversario interno en un socio electoral. Sin ese compromiso, las PASO pueden profundizar las diferencias que deberían resolver.
Competir para construir una nueva mayoría
El peronismo necesita definir mucho más que una candidatura presidencial. Debe resolver quién conduce, qué proyecto ofrece y a qué sectores sociales pretende representar.
Massa y Kicillof comienzan a ordenar esa discusión porque concentran volumen político, reconocimiento y capacidad territorial. Pero la competencia entre ambos solo será productiva si existe un mecanismo legítimo y si el resultado es aceptado por todo el espacio.
Las dos preguntas centrales todavía no tienen respuesta. ¿Habrá PASO? ¿El que pierda acompañará al ganador?
La primera dependerá de las reglas electorales. La segunda, de la madurez y la voluntad política de los protagonistas.
Si las primarias se realizan y el derrotado se encolumna detrás del vencedor, el peronismo podrá salir de la interna con una conducción legitimada y una propuesta más competitiva. Si las PASO no existen o su resultado no logra ordenar al conjunto, la disputa entre Massa y Kicillof puede convertirse en otro capítulo de la fragmentación.
El peronismo parece haber encontrado a los dirigentes alrededor de los cuales discutir su futuro. Ahora necesita acordar cómo resolver esa discusión y, sobre todo, qué hará el día después de contar los votos.


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