Eduardo Ganeau: “Tenemos un agresor en nuestro territorio, que cada año tiene una posición más estratégica en el Atlántico Sur”

El veterano de Malvinas, ex Comodoro de Marina y Magíster en Estudios de Defensa habló sobre la importancia geopolítica del Atlántico Sur y el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
ENTREVISTAS 02 de abril de 2026Juan Salguero SimoyJuan Salguero Simoy
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El 2 de abril de 1982 significó un punto de inflexión para la República Argentina, en términos nacionalistas y en proyección geopolítica, que ha moldeado la identidad del ser argentino, las políticas de Estado y la memoria colectiva durante más de cuatro décadas.

Desde la ocupación británica sobre las Islas Malvinas en 1833, Argentina exigió por vías diplomáticas su soberanía sobre el territorio usurpado. Ciento cuarenta y nueve años después, la Junta Militar, que gobernaba dictatorialmente nuestro país, llevó a cabo la Operación Rosario en un intento de recuperar las islas mediante el levantamiento de armas.

Aquel día comenzó una guerra que duró 74 días dejando una herida abierta en todos los argentinos. Las fuerzas del reino británico, comandadas por Margaret Thatcer, asesinaron a 649 argentinos que entregaron sus vidas por la patria.  

Por ello, cada 2 de abril en nuestro país se rinde homenaje a los veteranos y caídos en la Guerra de las Malvinas. Pero también, esta fecha llevó a reflexionar sobre la importancia de pensar a las islas como una conexión vital con la Antártida y el territorio marítimo.

La usurpación británica, con bases militares del Reino Unido y la OTAN, no sólo significa un amedrentamiento a la soberanía de nuestro país, sino que imposibilita el crecimiento productivo y estratégico. La ocupación inhibe el legítimo derecho de Argentina sobre el territorio marítimo y antártico.

Por esta razón tras la guerra de 1982 surgió la necesidad de mirar estratégicamente hacia el sur y pensar a la Argentina como una nación bicontinental. Allí se inscriben los pedidos diplomáticos, no solo en recuperar las Islas usurpadas, sino que también en el legítimo reclamo sobre el territorio marítimo y Atlántico Sur.

A 44 años de la Guerra de Malvinas, POLITICAR habló con Eduardo Ganeau:

¿En 1982, durante la Guerra de Malvinas, estuviste embarcado en el portaaviones ARA 25 de Mayo?

Sí, en 1982, recién llegado de la Fragata Libertad, me destinaron a la Escuela de Aviación Naval y cuando empezó la guerra, ahí la Armada tuvo que completar la dotación de los buques, así que me mandaron al portaaviones ARA 25 de Mayo y no muy a mi conformidad, me tocó desempeñarme, trabajar en los cuartos de máquinas del portaaviones. Así que vi la aviación desde la raíz, digamos, en el buque.

Al ser comodoro de marina retirado, formado en cuestiones estratégicas y habiendo estado en la guerra ¿Qué visión tenes hoy de la defensa nacional? 

Que tenemos muchas cosas por mejorar. Empezando por, obviamente, lo que la gente sabe de defensa, lo que la gente sabe del mar pero muy especialmente, creo yo, los contenidos educativos. Es decir, tener grabados los pilares fundamentales sobre los cuales construir educación, tenemos que estudiar matemáticas, las ciencias más básicas. 

Pero también, es esencial estudiar educación democrática para ver cómo funcionamos en el país. Incluir lo que es la función del Estado Nacional, que es la defensa nacional. 

Entonces, sintetizando con el tema de la educación, tenemos que educar en defensa. Tenemos que educar en un mar, que lamentablemente en las currículas de geografía existe muy poco. Nuestro mar es esencial, sencillamente por el tamaño que tiene, por la importancia del valor que tienen las cosas, no solamente en términos económicos, sino también geopolíticos, de posicionamiento, de comunicación con el resto del mundo. 

Además, tenemos que ver también que en esos mares tenemos unos problemas fenomenales. Entre ellos, algo que los políticos, cuando digo los políticos incluyo a los gobernantes, desde que yo tengo uso de razón, evitan decir que es que tenemos un agresor. 

Por suerte, tenemos una norma del derecho internacional, que es una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas, que define el concepto de agresión. En aquel entonces se estimó que era necesario ver quién estaba adentro y quién estaba afuera, qué era lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Y esa resolución en síntesis dice que agresión es el primer acto de fuerza armada en casos de ataque a un Estado o a otras fuerzas armadas, la invasión y el bloqueo. Además, por ejemplo, del envío de grupos armados, que no sean necesariamente fuerzas armadas, el dar apoyo a alguien que agrede, también a uno lo convierte en agresor.

¿Ese agresor del que hablas son los británicos?

Exacto, yo quiero resaltar es que nosotros hemos tenido en 1833 una invasión. Las autoridades argentinas del momento fueron expedidas y enviadas de vuelta a Buenos Aires, fue con medios armados, una corbeta británica de aquel entonces, y no prescribe esa invasión, no es que porque pasaron casi 200 años la invasión se acabó. En el medio apareció, por suerte, la definición de agresión, que yo creo que nos permitiría usarla cotidianamente, pero por sobre todas las cosas, más allá de las cosas que la usemos como una herramienta del derecho internacional.

Lo que yo valoro más de esa definición de agresión es que internalicemos la idea de que tenemos un agresor, un actor que nos perjudica con un valor económico fenomenal y una proximidad que nos debiera inquietar, sabiendo que es uno de los grandes actores internacionales del planeta y que libra una batalla, una disputa permanente con los demás actores más importantes del mundo y en los últimos tiempos, alineado con Estados Unidos. 

Entonces, esa palabra agresor es la que a mí me interesaría instalar como parte de esta conversación, que nos lleve a poner a los británicos en un lugar que nos obligue a pensar cómo lo vamos a resolver y cómo vamos a trabajar la actualidad. 

¿Creés que el común de las personas desconocen a la Argentina como un país Bicontinental?

Por supuesto. Lo que no sabemos los argentinos es que en todo nuestro cuerpo normativo están nuestras jurisdicciones argentinas. Tenemos una parte que tenemos bajo control nuestro, tenemos una parte que está usurpada y tenemos una parte a resolver que es la Antártida. Esas son los tres grandes estatus de nuestras jurisdicciones. 

¿Qué tenemos bajo control?

Tenemos los 2.800.000 kilómetros cuadrados que va entre La Quiaca y Tierra del Fuego. La distancia son 3.800 kilómetros, de norte a sur. Tenemos, fíjense, 2.600.000 kilómetros cuadrados de jurisdicciones marítimas alrededor de las islas, que son chiquititas, 16.000 kilómetros cuadrados. Pero la jurisdicción marítima alrededor es gigante, es casi otra Argentina en el mar.

Para ir un poquito más a detalle, esa casi otra Argentina tiene, de los 2.600.000, 1.800.000 tiene explotable toda la columna de agua, la pesca, y los 2.600.000 kilómetros cuadrados son de la plataforma continental que habilita la explotación de todo lo que está en el fondo marino, como es petróleo, gas, minerales y especies sedentarias, las que están asentadas en el fondo, las especies ricas. 

O sea que ahí, para que se hagan una idea, a grandes rasgos, para que se hagan una idea, el 3% del Producto Bruto Nacional se debe a la actividad agrícola, Bueno, tenemos en el orden de otro 3% productivo en el mar argentino, hoy, con la producción de hoy, no digo incrementando, sumando obviamente todo lo que se puede explotar de lo que está bajo control, de lo que está usurpado, y también las posibilidades que da el mar Antártico. 

Con la Antártida nos pasa algo grave, grave.. La Antártida argentina tiene publicado sus datos de superficie por el Instituto Geográfico Nacional y esos datos están replicados en Cancillería, en el INDEC, en la página de la Presidencia. ¿Qué dicen esas fuentes? La tierra Antártica, o sea, la Antártida propiamente dicha, tiene 960.000 kilómetros cuadrados según esos números. 

El sector Antártico argentino, todo el triángulo de la jurisdicción argentina por la ley Antártida dice que son aproximadamente 1.500.000 kilómetros cuadrados. Yo los invito, al que sepa matemática de secundaria nada más, a que calcule cuánto vale ese sector. Ese sector suma 4.600.000 kilómetros cuadrados, el triple de lo que dicen que nos corresponde. Esas cosas son graves.

Los británicos, muy lamentablemente y preocupantemente, reclaman un sector antártico de 5.500.000 kilómetros cuadrados. Esto es verdaderamente peligroso, porque reclaman una parte de un territorio que debería ser considerado como soberanía territorial Argentina. Pero el pueblo, no lo sabe, no lo entiende y las políticas actuales no parecen preocuparse por eso. 

Para entender esto… ¿Es clave el tratado antártico?

El Tratado Antártico tiene un cuerpo normativo que dice que la Antártida es un bien de la humanidad y que por ese motivo se dejan en stand-by las pretensiones de soberanía, que por ejemplo Argentina ha manifestado a través de una ley, la Ley de Antártida, donde dice que Argentina es propietaria, digamos, de un sector de la Antártida.

Cuando se hizo el Tratado Antártico, cuando se redactó en 1959, los pretendientes eran siete, una era la Argentina. Dicho tratado no tiene fecha de caducidad, pero el artículo 12 preveía un régimen para los primeros 30 años y uno distinto a partir de los 30 años.

Ahora estamos en el segundo régimen que habilita que se pueda llamar a una reunión internacional a demanda de cualquiera de los actores que tienen derecho a voto en el tratado, que hoy son 29, para cambiar las reglas de juego, básicamente como está escrito el Tratado Antártico. O sea que esa posibilidad, que después se va a dirimir por mayoría en una votación, ya puede cambiar las reglas de juego.

Puede haber factores por fuera del tratado, que serían disruptivos, como una tercera guerra mundial o un enfrentamiento nuclear, que cambien las reglas de juego, y para eso hay que estar preparado. 

Yo creo que es por eso que el Reino Unido, obviamente, ha consolidado su asentamiento en Malvinas, con la base de Mount Pleasant, y ahora mejorando el puerto de Mare Harbour, cercano a Mount Pleasant, y mejorando el puerto de Puerto Argentino, con el argumento de que es por razones económicas, pero es para todo. O sea, un puerto sirve para todo y un aeropuerto también.

Y los portaaviones no hace falta que entren al puerto. Obviamente es conveniente, pero la isla, por ejemplo, da el lugar donde está el puerto de Mare Harbour, al sur, cercano, pero al sur de Mount Pleasant. Ahí tienen unos estuarios de aguas reparadas que permitirían el anclaje del portaaviones en el caso de buscar refugio o favorecer su posicionamiento para reabastecimiento, por ejemplo, carga de petróleo. Ese es, creo yo, el punto principal desde el punto de vista militar. Mare Harbour, cercano a Mount Pleasant.

Tenemos un agresor en nuestro territorio, que cada año tiene una posición más estratégica en el atlántico sur. Debemos conocer, pensar y estudiar cómo accionar respecto a esto. Es grave lo que sucede, por ello hay que primero darlo a conocer y que todos lo consideren un problema de Estado. Volviendo a mi primera respuesta, hay que educar en defensa, hay que educar sobre nuestros mares, nuestra superficie terrestre y marítima. Cuando entendamos eso, vamos a proyectarnos verdaderamente como una nación soberana y bicontinental.

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