
Massa vuelve al centro de la escena y exhibe el músculo político que Axel todavía no logra construir

La intervención del líder del Frente Renovador en las negociaciones para bloquear el avance de la iniciativa volvió a poner sobre la mesa una característica que atraviesa toda su trayectoria política: la capacidad para construir consensos, tender puentes entre sectores enfrentados y transformar el diálogo parlamentario en una herramienta de poder.
Mientras el gobernador bonaerense intenta fortalecer su liderazgo hacia 2027, la discusión por las tierras mostró dos estilos políticos completamente distintos. Por un lado, Massa reapareció como un dirigente con influencia real sobre intendentes, legisladores y gobernadores, capaz de activar una red política que trasciende los límites partidarios. Por el otro, Kicillof volvió a exhibir las dificultades que enfrenta para ordenar el complejo entramado del peronismo bonaerense.
La decisión de frenar el proyecto no fue solamente una discusión legislativa. Detrás de esa jugada se esconde una disputa más profunda por el liderazgo opositor y por la conducción del peronismo en los próximos años. El ex ministro de Economía logró instalarse nuevamente como un actor imprescindible en cualquier negociación importante, enviando un mensaje claro hacia adentro de Unión por la Patria: todavía conserva capacidad de veto y, sobre todo, capacidad de construcción.
En el entorno de Massa destacan que la defensa de las tierras nacionales y provinciales constituye una bandera estratégica vinculada con la soberanía y el desarrollo productivo. Pero, además, la jugada tuvo un fuerte componente político: demostrar que continúa siendo uno de los pocos dirigentes del peronismo con capacidad para intervenir en conflictos complejos y obtener resultados concretos.
Para Axel Kicillof, en cambio, el episodio dejó una señal de alerta. Aunque conserva altos niveles de respaldo dentro de un sector del electorado, todavía no logró construir una ingeniería política propia que le permita disputar el liderazgo nacional del peronismo sin depender de acuerdos externos. La diferencia entre gestionar y conducir volvió a quedar expuesta.
En la política argentina, el poder no se mide únicamente por los votos o por los cargos institucionales. También se mide por la capacidad de ordenar intereses, construir alianzas y frenar iniciativas cuando las circunstancias lo exigen. En ese terreno, el regreso de Massa mostró que sigue jugando en las grandes ligas y que su influencia continúa siendo un factor determinante dentro de la oposición.



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