Massa reaparece y Kicillof empieza a sentir el peso de Cristina

El gobernador buscó construir una candidatura presidencial con autonomía, pero las últimas apariciones del líder del Frente Renovador alteraron ese recorrido. Massa sabe que conserva diálogo y respaldo en el universo cristinista, una condición que vuelve a limitar la capacidad de Kicillof para conducir al peronismo y definir sin tutelas su estrategia hacia 2027.
POLÍTICA 18 de agosto de 2026

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Axel Kicillof intentó durante los últimos meses instalar una idea sencilla: el peronismo necesitaba una nueva conducción y él estaba dispuesto a asumirla. La creación del Movimiento Derecho al Futuro, el respaldo de numerosos intendentes bonaerenses y la construcción de una agenda nacional formaron parte de una estrategia destinada a mostrarlo como algo más que el gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Pero ese camino comenzó a encontrar un nuevo obstáculo. Sergio Massa volvió a aparecer.

La reactivación política del líder del Frente Renovador no representa una presencia más dentro del peronismo. Massa conserva relaciones con gobernadores, legisladores, intendentes, empresarios y dirigentes sindicales. Además, cuenta con una ventaja determinante: sabe que su figura resulta funcional para Cristina Fernández de Kirchner como contrapeso frente al intento de emancipación política de Kicillof.

Ese respaldo no necesariamente necesita traducirse en una proclamación pública. Le alcanza con funcionar como una señal hacia el interior del espacio. Mientras Kicillof pretende instalarse como el conductor natural del peronismo, Massa vuelve a ocupar el centro de las conversaciones, participa de las mesas estratégicas y se presenta como el dirigente capaz de articular sectores que el gobernador todavía no controla.

Un liderazgo que no termina de independizarse

El principal problema de Kicillof es que su construcción política todavía depende de aquello que busca superar.

El gobernador necesita diferenciarse de Cristina para demostrar autonomía, pero no puede romper definitivamente con ella porque una parte sustancial del electorado peronista continúa reconociendo su liderazgo. Necesita enfrentar a Máximo Kirchner para disputarle el control territorial y partidario, pero al mismo tiempo requiere de La Cámpora para evitar una fractura electoral. Y necesita mantener un acuerdo con Massa, aunque esa convivencia termine habilitando un competidor directo para 2027.

En consecuencia, su proyecto presidencial avanza bajo una contradicción permanente. Kicillof quiere encabezar una renovación, pero todavía debe pedir permiso en una estructura que no conduce completamente.

La reunión que compartió recientemente con Massa, Máximo Kirchner, gobernadores y autoridades parlamentarias, convocada para coordinar una posición común frente al futuro de las PASO, volvió a mostrar esa limitación. El encuentro permitió exhibir una tregua, pero también dejó una imagen incómoda para el gobernador: Kicillof no apareció como el conductor de la mesa, sino como uno de sus tres principales integrantes. TN y Página/12 informaron que la cumbre se extendió durante varias horas y buscó unificar la estrategia electoral del espacio.

La fotografía fue más importante que el tema formal de la reunión. Después de meses de diferenciación, el gobernador debió regresar a una mesa compartida con los mismos dirigentes respecto de los cuales buscaba tomar distancia.

Massa conoce la debilidad de Kicillof

Massa entiende que no necesita apresurar una candidatura. Su estrategia consiste en acumular centralidad, multiplicar sus apariciones y evitar quedar afuera de cualquier negociación relevante.

También conoce la principal debilidad de Kicillof: el gobernador puede tener territorio, gestión y una estructura de intendentes, pero todavía no logró reemplazar el liderazgo emocional y político de Cristina dentro del peronismo.

Massa, en cambio, no necesita disputar frontalmente ese liderazgo. Puede reconocer a Cristina como una figura indispensable, mantener canales abiertos con el kirchnerismo y presentarse simultáneamente como un dirigente con vínculos más amplios. Esa combinación le permite ocupar un lugar que Kicillof difícilmente pueda neutralizar sin profundizar la interna.

Para Cristina, además, la reaparición de Massa tiene una utilidad evidente. Le permite equilibrar el tablero, evitar que el gobernador concentre todo el poder opositor y conservar capacidad de decisión sobre la candidatura presidencial. Si Kicillof se distancia demasiado, el massismo puede funcionar como una alternativa. Si decide regresar a la unidad, deberá negociar las condiciones de ese regreso.

En ambos escenarios, Cristina mantiene influencia y Kicillof pierde autonomía.

De candidato natural a candidato condicionado

Hasta hace algunos meses, el gobernador podía presentarse como el dirigente mejor posicionado del peronismo para enfrentar a Javier Milei. Gobernaba el principal distrito del país, había iniciado una construcción federal y contaba con el respaldo de una parte importante de los intendentes bonaerenses.

La reaparición de Massa modifica esa condición. Kicillof puede continuar siendo uno de los principales candidatos, pero ya no consigue instalarse como el único camino disponible.

Cada aparición pública del exministro de Economía obliga al gobernador a recalcular. Si Massa habla de economía, disputa uno de los terrenos sobre los que Kicillof busca construir su perfil nacional. Si se reúne con gobernadores, discute su pretensión de liderar una alternativa federal. Si participa de la mesa electoral del peronismo, demuestra que ninguna decisión estratégica puede tomarse sin consultarlo.

El condicionamiento también alcanza al Movimiento Derecho al Futuro. El espacio creado para respaldar la proyección presidencial de Kicillof corre el riesgo de quedar reducido a una corriente interna bonaerense si el gobernador no logra sumar dirigentes nacionales por fuera de su círculo inmediato.

Los intendentes pueden aportarle territorio, pero no garantizan por sí solos una candidatura presidencial. Para construir una alternativa nacional necesita gobernadores, legisladores, sindicatos, sectores productivos y una estructura electoral en todo el país. Massa conserva vínculos en varios de esos ámbitos y los utiliza para recordar que continúa siendo una pieza central.

Cristina sigue ordenando el tablero

La paradoja para Kicillof es evidente. Cuanto más intenta escapar de la conducción de Cristina, más necesita demostrar que conserva una relación con ella. Y cuanto más busca preservar la unidad, más espacio les concede a quienes pretenden limitar su crecimiento.

Massa lo sabe. Por eso puede moverse sin confrontar abiertamente, dejar correr versiones sobre su futuro y aparecer en los momentos en que se discute la estrategia general del peronismo. No necesita anunciar que competirá. Le alcanza con demostrar que podría hacerlo y que cuenta con interlocutores dispuestos a sostenerlo.

El gobernador comienza así a quedar atrapado entre dos opciones igualmente problemáticas. Si acelera su candidatura sin acuerdo, corre el riesgo de enfrentar la resistencia del cristinismo y del Frente Renovador. Si acepta negociar, deberá resignar parte de la autonomía que intentó construir.

Kicillof quería llegar a 2027 como el conductor de una nueva etapa. Sin embargo, las apariciones de Massa volvieron a ubicarlo dentro del antiguo esquema de poder peronista: Cristina conserva la capacidad de ordenar, Massa recupera centralidad y el gobernador queda obligado a demostrar que su candidatura no depende de la autorización de ninguno de los dos.

Por ahora, lejos de consolidarse como el jefe indiscutido de la oposición, Kicillof empieza a parecerse a un candidato condicionado. Y en el peronismo, quien no logra ordenar a los demás termina siendo ordenado por ellos.

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