
IA, campañas y poder: los nuevos dilemas de la comunicación política en la Argentina
La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un actor que reconfigura la competencia electoral y desafía la autonomía cognitiva de los votantes.
Alfredo Atanasof analiza la posición de los principales países que integran el Mercosur respecto al acuerdo con la Unión Europea.
ANALISIS 28 de octubre de 2024
Alfredo Atanasof
La posición de Paraguay
La perspectiva de un acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur ha recibido un nuevo revés con las declaraciones del presidente de Paraguay, Santiago Peña, durante su visita a Argentina. Peña se mostró pesimista respecto a la posibilidad de un tratado de libre comercio, poniendo en duda las expectativas de sus socios regionales, especialmente de Brasil y Argentina, que han impulsado fuertemente el acuerdo. “No encontramos la misma sintonía en Europa”, dijo, señalando la falta de consenso entre los actores europeos y el rechazo de la UE a reconocer las instituciones de certificación sanitaria paraguayas, lo cual bloquea la exportación de productos paraguayos.
Pena observa una realidad compleja
La posición de Peña refleja una realidad compleja dentro del Mercosur, en la que los intereses de los socios mayores –Brasil y Argentina– suelen dominar la agenda. Desde su llegada al poder en 2023, Peña ha buscado reforzar el perfil internacional de Paraguay, pero el acuerdo UE-Mercosur sigue siendo una meta esquiva. La postura de la UE respecto a los estándares medioambientales y el comercio agropecuario ha sido un obstáculo, particularmente con Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, ha mostrado reticencias para abrir el mercado francés a las exportaciones de carne sudamericana.
Brasil es optimista
Mientras Brasil mantiene su optimismo y el presidente Lula da Silva espera algún anuncio en las cumbres del G-20 en noviembre o del Mercosur en diciembre, Peña cuestiona si realmente existen las condiciones para concretar el acuerdo este año. La memoria de la frustrada firma de 2019, tras la cual surgieron conflictos internos en el Mercosur y tensiones con la UE, aún persiste. Además, Uruguay sigue planteando sus propias exigencias, buscando firmar acuerdos de manera independiente.
Un dilema recurrente
En el contexto actual, la posición de Peña subraya un dilema recurrente para el Mercosur: cómo equilibrar las aspiraciones de sus socios menores con las políticas de los más poderosos. La reciente postura de Argentina, ahora bajo el liderazgo de Javier Milei, de unirse al impulso hacia un acuerdo refuerza la voluntad del bloque, pero no parece ser suficiente frente a los obstáculos europeos. Desde una perspectiva argentina, el debate sobre la integración comercial con la UE también ofrece lecciones para la política exterior del país, en términos de cómo lidiar con la influencia de socios mayores y las resistencias en el escenario internacional.
Para Argentina futuro incierto
Para Argentina, la evolución de estas negociaciones puede tener repercusiones significativas, especialmente en su relación con Brasil y en su posicionamiento dentro del bloque. La estrategia diplomática hacia la UE y los intereses del sector agropecuario están en juego, mientras el gobierno busca adaptarse a un nuevo contexto político regional. El futuro del acuerdo con la UE es incierto, y parece depender más de la capacidad de Europa para superar sus divisiones internas que de la disposición del Mercosur.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un actor que reconfigura la competencia electoral y desafía la autonomía cognitiva de los votantes.

La negociación por el presupuesto bonaerense se aceleró a más no poder. El gobernador busca tenerlo aprobado (por fin) antes de que cambie la composición de la Legislatura. Es una aspiración cuestionable: los dos proyectos anteriores fracasaron con esta misma integración, y el mandatario no está dispuesto a ceder tampoco esta vez.

El clima interno del peronismo bonaerense volvió a tensarse luego de una serie de movimientos que dejaron expuesta la estrategia —o el intento de estrategia— de Mayra Mendoza para instalarse como figura de una supuesta rebelión interna contra la conducción histórica del espacio. Pero el intento duró apenas un suspiro: la superestructura partidaria le frenó el impulso antes de que su postura pudiera transformarse en algo más que una foto de ocasión.

La llamada “guerra cultural” de la ultraderecha latinoamericana ya no es un fenómeno aislado. Lo que comenzó como un experimento digital en Brasil a mediados de la década pasada se ha convertido en una red transnacional que emplea bots, influencers, medios digitales y campañas coordinadas de desinformación para erosionar gobiernos progresistas e instalar agendas conservadoras.

Hace unos meses —que hoy parecen años— antes de que Elon Musk saliera eyectado de la administración Trump como si fuera uno de sus propios cohetes, nos preguntamos sobre la influencia de las redes sociales en el debate público y la calidad democrática.

Javier Milei no solo tiñó de violeta el mapa argentino: consiguió algo más raro aún, paciencia. En una elección marcada por el miedo y la emocionalidad, el país convirtió las legislativas en un plebiscito sobre su figura. El resultado, más que un aval, fue un salvataje: Milei recuperó aire y deberá traducir su milagro electoral en gobernabilidad. Indudable: salió de estar colgado del travesaño a meter un contraataque letal que terminó en gol a favor.