
IA, campañas y poder: los nuevos dilemas de la comunicación política en la Argentina
La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un actor que reconfigura la competencia electoral y desafía la autonomía cognitiva de los votantes.
Mientras Javier Milei gobierna para sus propios intereses y sostiene una mirada ajena al futuro del país, la urgencia política exige una oposición capaz de ofrecer un proyecto real, federal y humano. Gobernadores y referentes deben dejar de imitar al Presidente y asumir su rol frente al deterioro económico y social que atraviesa la Argentina.
ANALISIS 29 de julio de 2025
Maria Herminia Grande
Sin lugar a dudas es el tiempo político de quienes puedan presentar un proyecto antagónico al que lleva adelante el presidente Milei; quien con total transparencia muestra e intenta terminar con todos los mecanismos de la política tradicional.
Su país es la mirada de sus intereses. Es el círculo de sus amistades. Es el hoy y el pasado, carente de futuro. Su mirada como sus expresiones, son burdas e indignas de ocupar la boca de un Primer Magistrado.
Ya no debería escandalizar que sus convicciones, muchas veces con argumentaciones numéricas alejadas de la realidad; lo lleven a priorizar –también y quizás con foco en las necesidades electorales-, bajar en algo las retenciones del campo. Y allanar todas las negociaciones de los hombres del dinero.
La baja de las retenciones está muy bien y debe ser más importante aún. El veto a las leyes de aumento a jubilados y emergencia en discapacidad lejos están del 2,8% del PBI, el acumulado llega al 0,886 .
La baja a las retenciones –que al cierre de este artículo no aparecían en el BO- tiene otro interés supremo: el Presidente no puede permitirse perder dentro de su clientela electoral al campo. Octubre está más cerca de lo que el almanaque indica.
A propósito de números si de votantes hablamos, es probable que la sumatoria de los jubilados maltratados, al igual que el sector universitario, de investigadores, de estatales representen más votos. Pero sucede que no es la base electoral que el Presidente prioriza.
El Presidente ha conseguido que las distancias que en otras épocas existían entre el campo y la industria; entre lo que allá lejos se denominaba la oligarquía terrateniente y este hoy poblado de pequeños y medianos productores, hombres y mujeres que arriendan o trabajan su propia tierra, reaparezca sin sentido.
Milei tiene su esquema. No lo motiva la producción generadora de empleo, la construcción dadora de mano de obra. Al Presidente en su accionar de embestida permanente, le interesa el juego (para él) en el que se encontró en diciembre de 2023 como protagonista y no mide consecuencias para permanecer en él.
Decía que es hora de las oposiciones. Es hora fundamentalmente de los gobernadores que producto del momento de época confunden el juego presidencial con la política real. Y lo emulan. En general solo cuidan sus propios intereses. No viendo que las políticas nacionales impactan y destruyen a la gente que habita sus territorios provinciales. Descuidan la cohesión de un país federal al que dicen representar.
La política debe despertar ya.
En 1892 Carlos Pellegrini alertaba a la generación del 80 diciéndoles que “solo vendiendo pasto no se construye una nación”, de ahí su célebre frase “Sin industria no hay nación”. Milei dice “Sólo me interesa la macro… lo micro no es lo mío”. Sucede que la micro impacta y hace a la vida misma de cada ciudadano. Este “problema” que no admite tener bajo la órbita de su responsabilidad el Presidente, debiera ser motor de acción de los políticos de bien en Argentina.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un actor que reconfigura la competencia electoral y desafía la autonomía cognitiva de los votantes.

La negociación por el presupuesto bonaerense se aceleró a más no poder. El gobernador busca tenerlo aprobado (por fin) antes de que cambie la composición de la Legislatura. Es una aspiración cuestionable: los dos proyectos anteriores fracasaron con esta misma integración, y el mandatario no está dispuesto a ceder tampoco esta vez.

El clima interno del peronismo bonaerense volvió a tensarse luego de una serie de movimientos que dejaron expuesta la estrategia —o el intento de estrategia— de Mayra Mendoza para instalarse como figura de una supuesta rebelión interna contra la conducción histórica del espacio. Pero el intento duró apenas un suspiro: la superestructura partidaria le frenó el impulso antes de que su postura pudiera transformarse en algo más que una foto de ocasión.

La llamada “guerra cultural” de la ultraderecha latinoamericana ya no es un fenómeno aislado. Lo que comenzó como un experimento digital en Brasil a mediados de la década pasada se ha convertido en una red transnacional que emplea bots, influencers, medios digitales y campañas coordinadas de desinformación para erosionar gobiernos progresistas e instalar agendas conservadoras.

Hace unos meses —que hoy parecen años— antes de que Elon Musk saliera eyectado de la administración Trump como si fuera uno de sus propios cohetes, nos preguntamos sobre la influencia de las redes sociales en el debate público y la calidad democrática.

Javier Milei no solo tiñó de violeta el mapa argentino: consiguió algo más raro aún, paciencia. En una elección marcada por el miedo y la emocionalidad, el país convirtió las legislativas en un plebiscito sobre su figura. El resultado, más que un aval, fue un salvataje: Milei recuperó aire y deberá traducir su milagro electoral en gobernabilidad. Indudable: salió de estar colgado del travesaño a meter un contraataque letal que terminó en gol a favor.