
IA, campañas y poder: los nuevos dilemas de la comunicación política en la Argentina
La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un actor que reconfigura la competencia electoral y desafía la autonomía cognitiva de los votantes.


La llamada “guerra cultural” de la ultraderecha latinoamericana ya no es un fenómeno aislado. Lo que comenzó como un experimento digital en Brasil a mediados de la década pasada se ha convertido en una red transnacional que emplea bots, influencers, medios digitales y campañas coordinadas de desinformación para erosionar gobiernos progresistas e instalar agendas conservadoras.
ANALISIS 18 de noviembre de 2025
Alfredo Atanasof
Del bolsonarismo al mileísmo: la red ultraconservadora que ahora busca irrumpir en México Ese entramado, consolidado en Argentina bajo el paraguas del mileísmo, ahora intenta abrirse paso en México, donde busca construir su primera expresión política orgánica.
Brasil: el laboratorio de la nueva derecha radical
El punto de partida fue Brasil. Allí, una constelación de operadores digitales contribuyó a catapultar al entonces outsider Jair Bolsonaro hasta la presidencia en 2019. El modelo combinó:
intensa actividad en WhatsApp, YouTube y Facebook,
militancia digital organizada en “milicias virtuales”,
ataques sincronizados contra adversarios políticos y periodistas,
y un ecosistema mediático paralelo que reforzaba mensajes antiestablishment.
Esa estructura —que sobrevivió a la caída política de Bolsonaro— fue determinante en la radicalización de miles de brasileños que, convencidos de un fraude inexistente en 2022, terminaron participando en el asalto a las instituciones en Brasilia. Hoy, algunos de los principales articuladores enfrentan procesos judiciales, mientras otros, figuran repetidamente en investigaciones sobre planes golpistas.
Argentina: el salto continental con el mileísmo
Desde Buenos Aires, el fenómeno dio un giro decisivo. La maquinaria digital que apoyó a Javier Milei se convirtió en un poderoso nodo regional. Plataformas como La Derecha Diario actuaron como amplificadores de narrativas extremas y campañas agresivas contra el progresismo.
México: un terreno en disputa
En México, la derecha radical aún no ha logrado consolidación electoral, pero sí una creciente presencia digital. Dos proyectos aspiran a convertirse en partidos hacia 2027, entre ellos el encabezado por el actor Eduardo Verástegui, inicialmente cercano a Milei.
Bots, influencers y desinformación: así opera la nueva internacional de la extrema derecha en América Latina
La ausencia de un liderazgo fuerte llevó a que el movimiento apostara a las redes como principal campo de batalla. La reciente convocatoria a una marcha “espontánea” atribuida a jóvenes de la generación Z destapó un sofisticado operativo digital. Según Infodemia —la unidad del Gobierno mexicano dedicada a rastrear desinformación—, detrás de la campaña se encontraban:
El funcionamiento del entramado ultraderechista en la región comparte patrones claros: creación masiva de cuentas nuevas o reactivadas, especialmente en TikTok e Instagram;
cambio súbito y coordinado de narrativas, como ocurrió en México tras el asesinato de un alcalde en Michoacán;
uso intensivo de influencers ajenos a la política, reclutados por su alcance entre jóvenes;
difusión de desinformación para sembrar la sensación de ingobernabilidad;
convocatorias a protestas con apariencia de espontaneidad.
La maquinaria digital ultra avanza en la región y pone a México en su mira
Aunque en países como Nepal o Marruecos las movilizaciones generacionales han tenido impacto político, en México la capacidad de traducir ruido digital en movilización real sigue siendo limitada. Aun así, el Gobierno tomó precauciones: el Palacio Nacional amaneció rodeado de vallas mientras circulaban instrucciones en redes sobre cómo derribarlas.
Una red regional en expansión
El recorrido de estas estrategias —Brasil, Argentina, Chile y ahora México— revela un patrón de internacionalización acelerada. Algunos consultores actúan como vectores de transmisión, mientras organizaciones globales como Atlas Network aportan infraestructura ideológica y financiera.
Las redes de la derecha radical: una arquitectura continental
El fenómeno, lejos de circunscribirse a disputas nacionales, forma parte de una arquitectura transfronteriza que busca redibujar el mapa político regional mediante la polarización y la confrontación cultural.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta: es un actor que reconfigura la competencia electoral y desafía la autonomía cognitiva de los votantes.

La negociación por el presupuesto bonaerense se aceleró a más no poder. El gobernador busca tenerlo aprobado (por fin) antes de que cambie la composición de la Legislatura. Es una aspiración cuestionable: los dos proyectos anteriores fracasaron con esta misma integración, y el mandatario no está dispuesto a ceder tampoco esta vez.

El clima interno del peronismo bonaerense volvió a tensarse luego de una serie de movimientos que dejaron expuesta la estrategia —o el intento de estrategia— de Mayra Mendoza para instalarse como figura de una supuesta rebelión interna contra la conducción histórica del espacio. Pero el intento duró apenas un suspiro: la superestructura partidaria le frenó el impulso antes de que su postura pudiera transformarse en algo más que una foto de ocasión.

Hace unos meses —que hoy parecen años— antes de que Elon Musk saliera eyectado de la administración Trump como si fuera uno de sus propios cohetes, nos preguntamos sobre la influencia de las redes sociales en el debate público y la calidad democrática.

Javier Milei no solo tiñó de violeta el mapa argentino: consiguió algo más raro aún, paciencia. En una elección marcada por el miedo y la emocionalidad, el país convirtió las legislativas en un plebiscito sobre su figura. El resultado, más que un aval, fue un salvataje: Milei recuperó aire y deberá traducir su milagro electoral en gobernabilidad. Indudable: salió de estar colgado del travesaño a meter un contraataque letal que terminó en gol a favor.

Con una interna partidaria judicializada, con un doble comando de contingencia, en medio de fragmentaciones vinculadas a la estrategia electoral, inmersa en una polarización pocas veces vista, sin PASO ordenadora, carente de una figura de peso que unifique las voluntades y se unja como conductor aglutinante. Así, algo machucada y con el chasis pidiendo boxes, llegó el la UCR de la provincia de Buenos Aires a estas elecciones. El punto de hervor trajo a Somos, el frente con el que compitió. ¿Cómo le fue?