El fin del “mundo uno”: comunicación, pluralidad cultural y cambios políticos

Durante décadas, la globalización prometía un mundo unificado bajo la bandera cultural de Occidente, con EE.UU. como centro irradiador. Pero las mismas tecnologías que impulsaron ese sueño homogeneizador abrieron paso a un escenario inesperado: el auge de narrativas múltiples, identidades rebeldes y potencias emergentes que desdibujaron la vieja hegemonía.
ANALISIS 05 de agosto de 2025Lic. Andrés BerazateguiLic. Andrés Berazategui
ChatGPT Image 5 ago 2025, 09_11_51 p.m.

Las comunicaciones han tenido un impulso espectacular, durante las últimas décadas, en la manera de transmitir valores, culturas y experiencias, a tal punto que en los años noventa y principios de los dos mil la convicción dominante era que el mundo se convertiría en una aldea global dotada de una “cultura” hegemónica estandarizada con fuerte impronta occidental, pero sobre todo norteamericana. Se pensó que, una vez terminada la guerra fría, la expansión del modelo de orden internacional liberal, basado en mercados abiertos, democracia y derechos humanos serían aceptados más tarde o más temprano por todo el planeta de manera inapelable. 

Al ser los Estados Unidos la locomotora de esa experiencia, se creía que, paralelamente a la expansión del capitalismo —y siguiendo su lógica de uniformar la realidad como espacios de compra-venta—, ese modelo de orden también transmitiría los gustos, productos e “industrias culturales” propios de los Estados Unidos. En esa época, no faltaron razones para confirmar esa sospecha: la expansión de la televisión por cable, el nacimiento de internet y la aparición de las redes sociales confirmaron que la técnica estaba ayudando de manera acelerada a la homogeneización del mundo bajo la difusión cultural norteamericana.

Si hablamos desde nuestra experiencia personal, en los noventa siendo adolescentes (y en buena medida también por la novedad) las noticias internacionales las mirábamos por CNN; de la música nos poníamos al día por MTV, donde se escuchaba de manera predominante música cantada en inglés originada y/o producida en los Estados Unidos. Desde ya que los canales de películas transmitían básicamente cine de Hollywood. ¡Hasta básquet de la NBA mirábamos! La influencia llegó incluso a lo culinario: estaba de moda comprar comida rápida en cierta empresa de “arcos dorados” que se transformaría en un símbolo de esa norteamericanización planetaria.

Por supuesto que esta situación llevó a muchos críticos a señalar que esa homogeneización global constituía un verdadero peligro. Las críticas fueron múltiples y desde variados puntos de vista: se dijo que la globalización no era un simple efecto de las comunicaciones, sino una expansión del capitalismo y sus lógicas de mercado; que la hegemonía mediática norteamericana encubría la imposición de valores extraños; que la estandarización de normas obligaría a todos los países a doblegarse ante el único hegemón global; que la cultura norteamericana tenía una tosquedad orientada al consumo que barrería con las complejidades y riquezas de las diversas tradiciones. Estas y muchas críticas más se le hicieron a la globalización occidental, cada una con su parte de razón y de temor.

Sin embargo, y para sorpresa de muchos, precisamente los medios de comunicación y la técnica que sirvieron a ese proceso de igualación fueron los que decantaron en exactamente lo contrario: así, se multiplicaron las narrativas y se visibilizaron multitud de culturas, costumbres e incluso modas. Y no hablamos solamente de “culturas” en el sentido nacional-occidental de la expresión, tal como las entendemos por estos lares. También emergieron diversos tipos de demandas sociales, ambientales, históricas, etc.

Los medios de comunicación y las redes sociales pasaron a ser catalizadores de multiplicidad de voces que antes no podían proferir sus realidades. Del “basic english” pasamos al etnopluralismo. De la centralización de la autoridad a la liquidez de la acción y las vivencias. De un relato unificado que legitimaba la hegemonía occidental a la preferencia de lo propio y el rechazo de la imposición cultural. Ahora bien, en este contexto el exhegemón global no quiere perder su estatus dominante, ya que en definitiva todavía importan la lucha por el poder, el espacio y el modelo de orden internacional por construir. Sin embargo, es cada vez más evidente la sensación de que la hegemonización del mundo fue apenas un episodio efímero, una nota a pie de página en el libro de la historia.

McDonalds
Los simbolos de la globalidad única, hoy son casi piezas de colección de nostalgia.

El mundo contemporáneo trajo de vuelta el ascenso de grandes potencias y —toda vez que estas van recuperando su base material de subsistencia—, se transforman en grandes jugadores de la política internacional en un mundo cuya naturaleza humana y política no cambian, pues el poder sigue siendo el eje articulador de las relaciones internacionales. China, desde ya, es una de los grandes jugadores; pero también India y una revitalizada Rusia. Europa parece ir ganando de a poco en autonomía (¿será?). Como si fuera poco, la diversidad también es subnacional y transnacional y eso complejiza más las cosas. Los vínculos tradicionales y las identidades nacidas en la posmodernidad se disputan la lealtad de los individuos. La emergencia de nuevas demandas pueden hacer más inestables los sistemas políticos, y así la otrora “unidad nacional” se ve cuestionada desde nuevos sujetos sociales que crecen en su participación política y asedian la soberanía de los Estados.

Un mundo de diversidad de culturas en ascenso, competencia estratégica entre potencias y lealtades líquidas en crecimiento nos llama a ser cautelosos con las predicciones. Como si fuera poco, la Inteligencia Artificial comienza a ser una tecnología disruptiva que tal vez llegue a tener influencia estructural en las dinámicas de la política internacional. En todo caso, ya es un espacio de competencia de primer orden en la lucha por la hegemonía. Pero como sea, aún queda en pie lo que dijimos al comienzo: el mundo pasó de un proceso de estandarización global a otro de tipo plural y hasta de rupturas políticas y sociales. Y sobre este punto —el de las rupturas— lo único que nos animamos a decir es que apenas ha comenzado.

Te puede interesar
Noticias más leídas
d2190c26-ae91-4218-b234-606c77cfd26b

Adorni no está, Santilli busca poder para Milei: ¿Cómo reaccionará el 80% de argentinos que está afuera del modelo?

Maria Herminia Grande
ACTUALIDAD30 de junio de 2026
La salida de Manuel Adorni, tras 107 días de fuerte respaldo presidencial, marca el inicio de una nueva etapa política para Javier Milei. Con Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, el Gobierno profundiza su alianza con exdirigentes de Juntos por el Cambio mientras enfrenta una economía golpeada por la pérdida de más de 350.000 empleos registrados, el cierre de 28.000 empresas y un creciente deterioro social. El interrogante ya no pasa solo por la ingeniería política del oficialismo, sino por cuánto respaldo electoral puede sostener un modelo económico que, según distintos indicadores, deja a una amplia mayoría de la población fuera de la recuperación prometida.
WhatsApp Image 2026-06-30 at 17.28.33

La crisis de Granja Tres Arroyos unió a la CGT, empresarios y dirigentes políticos en busca de una salida para la industria avícola

CONGRESO01 de julio de 2026
La sede de la CGT fue escenario de un encuentro entre representantes sindicales, empresarios y dirigentes políticos para analizar la situación de Granja Tres Arroyos y el impacto que la crisis tiene sobre el empleo y la producción. El objetivo es impulsar una agenda común que permita preservar la actividad y evitar una mayor pérdida de puestos de trabajo.
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email