
Trump y los 100 días del poder sin freno
Alfredo Atanasof
Trump cruzó el umbral de los primeros 100 días
A diferencia de la tradición estadounidense que evalúa este hito como un primer balance de gestión, la nueva administración lo ha usado como un trampolín para consolidar una agenda de ruptura radical con el sistema institucional que alguna vez definió a Estados Unidos como un modelo democrático.
Está en marcha un plan ultraconservador
Con una retórica de “promesas cumplidas”, la Casa Blanca ha exhibido con orgullo un caos programado que ha redefinido los límites del poder ejecutivo. En apenas 15 semanas, Trump ha puesto en marcha buena parte del Proyecto 2025, un plan ultraconservador que durante la campaña había intentado maquillar para no espantar a los votantes moderados. Hoy, sin embargo, gobierna como si hubiese recibido un mandato absoluto. Pero ese “mandato” llegó con una victoria clara en el Colegio Electoral, aunque sin un respaldo rotundo en el voto popular.
En el plano interno
Las consecuencias ya se sienten dentro y fuera del país. En el plano doméstico, su administración ha arremetido contra migrantes, jueces, universidades, medios de comunicación, funcionarios y hasta museos. Las deportaciones masivas, los ataques a minorías y la criminalización de los disidentes componen un paisaje cada vez más sombrío. Todo esto impulsado por decretos ejecutivos, ahora blindados por un fallo reciente del Tribunal Supremo que otorga al presidente inmunidad parcial.
La política exterior
En política exterior, Trump ha alterado el tablero global con la misma impronta disruptiva. Se ha distanciado de Europa, ha humillado a Ucrania en público, ha dejado espacio a China para expandir su influencia y ha coqueteado con proyectos tan anacrónicos como la anexión de territorios en Groenlandia y Canadá. El orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial ha quedado reducido a una colección de escombros diplomáticos.
Fase crítica de erosión institucional
Más allá del show político que rodea su figura —con apariciones mediáticas junto a Elon Musk o videos producidos por Nayib Bukele para exhibir deportaciones—, lo cierto es que Estados Unidos se encuentra en una fase crítica de erosión institucional. El Congreso ha quedado relegado a la irrelevancia, incluso con mayoría republicana. Y el Partido Demócrata, sin un liderazgo claro, no logra articular una respuesta eficaz.
Las consecuencias apenas empiezan a verse
La pregunta de fondo no es solo qué pasará en los próximos 100 días, sino si el sistema estadounidense podrá resistir casi 1.400 días más de este tipo de gobierno. Trump ha aprendido de su primer mandato y ahora ejecuta una agenda más disciplinada, más audaz y probablemente más irreversible. Las consecuencias para la democracia estadounidense —y para la estabilidad global— apenas comienzan a vislumbrarse.


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