
La aprobación de la reforma laboral en el Senado dejó una conclusión que en los pasillos de la política ya se repite sin matices: Karina Milei emergió como la figura decisiva en la ingeniería política del oficialismo. Lejos del centro de la escena pública, su rol como garante, filtro y administradora del poder presidencial volvió a quedar expuesto en una votación que exigió algo más que convicción ideológica.












