
Trump y el mundo que contuvo la respiración

El 20 de enero de 2025 fue también el día en el que una gran parte del mundo contuvo la respiración. Y en esa parte del mundo están los países que comparten continente con el venido a menos gigante americano y al que, sin lugar a dudas, observan con incertidumbre.
Desde el norte hasta el sur la respuesta ha sido contundente, llena de matices, debilidades y aparentes negociaciones, pero debemos prepararnos para todo lo que viene. Estoy convencido de que sus acciones se convertirán en “clickbaits” para demostrar que, si había alguna duda, la cosa iba en serio.
Trump, la experiencia previa
No olvidemos que no es nuestra primera vez con Trump. Aunque más errático y débil en su presidencia del 2017 que en la de ahora, ya enseñó los dientes.
Su política exterior se caracterizó por un enfoque unilateral y aislacionista, en contraste con el multilateralismo de administraciones anteriores. Bajo el lema "America First" (Primero América), Trump promovió políticas que a menudo desestimaron los lazos históricos que Estados Unidos había tejido con países latinoamericanos. Un claro ejemplo fue la decisión de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático.
En aquella ocasión la política migratoria fue otro aspecto de gran trascendencia que impactó en Latinoamérica. La construcción del muro fronterizo o la retórica xenófoba en torno a los migrantes, que generó un ambiente de desconfianza, entre otros aspectos, afectaron no sólo a los migrantes, sino también a las naciones que tradicionalmente han visto a Estados Unidos como la meta del sueño americano. De hecho, tuvo un impacto cultural que aún no termina de florecer.
Desde el punto de vista económico, sus políticas afectaron también las economías latinoamericanas. Un ejemplo es que su administración implementó tarifas comerciales que pusieron contra las cuerdas a países productores de acero y aluminio, como México y Brasil, exacerbando tensiones comerciales que ya existían. En esta línea, la incertidumbre generada por las políticas proteccionistas obligó a muchos gobiernos a diversificar sus mercados y buscar nuevas alianzas, especialmente con economías emergentes como China.
Asimismo, influenció las dinámicas de poder en la región. Su postura hacia Venezuela, donde apoyó abiertamente a la oposición liderada por Juan Guaidó, destacó su disposición a intervenir en los asuntos internos de otros países, provocando respuestas mixtas. El enfoque de Trump sobre los gobiernos de izquierda en la región, al considerar a países como Cuba y Nicaragua como regímenes "criminales", intensificó las tensiones diplomáticas.
La incertidumbre generada por las políticas proteccionistas de Trump obligó a muchos gobiernos a diversificar sus mercados y buscar nuevas alianzas, especialmente con economías emergentes como China
La reacción de Latinoamérica
Los gobiernos latinoamericanos se vieron obligados a responder con creatividad e innovación. De esta forma, no es de extrañar que algunos invirtieran en iniciativas que promovieron la inclusión y la colaboración a nivel regional.
Los jóvenes, en particular, fueron un motor clave en la lucha por una democracia más inclusiva al reclamar su espacio en el discurso político
Los movimientos sociales demostraron tener un papel central en este proceso. La participación ciudadana adoptó nuevas formas, desde protestas masivas hasta campañas digitales que cuestionaron tanto a gobiernos como a la influencia estadounidense en la política local. Los jóvenes, en particular, fueron un motor clave en la lucha por una democracia más inclusiva, reclamando su espacio en el discurso político.
Lecciones desde la experiencia y la observación
Teniendo en cuenta todos los antecedentes mencionados, hay varias lecciones que a los latinos nos toca aprender:
Primera, no podemos permitirnos el lujo de que lo que nos pasa a los ciudadanos sea una cuestión de egos enfermos, falta de entendimiento y de diálogo o abuso de tamaño.
Segunda, estamos a mitad de un mundo que ya se fue y otro que no ha llegado. Y, por eso, más que nunca el camino es juntos. Tenemos que entender que Estados Unidos no puede sin Colombia, Colombia no puede sin España, España no puede sin Sudáfrica, Sudáfrica no puede sin Argentina, y así sucesivamente. Vivimos una humanidad que comparte problemas y, por lo tanto, debemos compartir soluciones.
Tercera, el impacto de la política interna de un país en la política exterior de otro es más visible que nunca. Las políticas migratorias se están utilizando desde hace tiempo como herramientas políticas de poder, donde los gobiernos imponen agendas sin considerar el costo humano y donde, inevitablemente, los perjudicados somos los ciudadanos. La migración no sólo es una crisis política, es una realidad humana. Mientras los líderes sigan usándola para sus disputas, los ciudadanos seguirán pagando las consecuencias.
Cuarta, la estigmatización de los migrantes y el cierre de fronteras nunca fue la solución. Ahora tampoco lo va a ser.
Y quinta, es necesaria la cooperación regional y global, dado que el problema migratorio es de todos y necesitamos como nunca antes colaboración y cooperación. Nuestro deber es que los líderes depongan sus armas y se sienten con sentido común a conversar y resolver nuestros problemas.
Vivimos una humanidad que comparte problemas y, por lo tanto, debemos compartir soluciones
La geopolítica mundial se ha transformado en un juego de ajedrez donde las piezas se mueven no solo por la ambición de poder, sino también por la interdependencia económica y social. La búsqueda de nuevas alianzas y la creación de bloques regionales se han vuelto vitales en un contexto donde potencias como China y Rusia buscan expandir su influencia a expensas de la hegemonía estadounidense. Latinoamérica, en este escenario, debe posicionarse estratégicamente, aprovechando sus recursos naturales y su juventud en un mundo que demanda innovación y sostenibilidad.
Por otro lado, la polarización política en Estados Unidos también resuena en otros países, donde el populismo y el nacionalismo están tomando fuerza. Este fenómeno no sólo pone en peligro las democracias, sino que también desafía la cooperación internacional. En este sentido, es crucial que los países latinoamericanos se unan para defender sus intereses y valores democráticos, estableciendo un frente común que les permita navegar en este nuevo orden mundial. La historia nos ha enseñado que la división solo beneficia a aquellos que buscan desestabilizar la región, mientras que la unidad puede ser la clave para un futuro más próspero y sostenible.
Creo firmemente que estas cinco lecciones y estas reflexiones nos pueden servir como base para construir un mundo mejor, pero también creo que depende de todos y cada uno de nosotros. Es el momento de que nos pongamos manos a la obra.


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