
Las dos almas del radicalismo

En esta coyuntura histórica la UCR enfrenta un presidente que odia sus valores y lo que representan y amenaza con arrebatarle su propia base electoral. El pacto de Milei con Macri y el discurso antiperonista que le abrió camino al balotaje refuerzan el desafío para un radicalismo debilitado, atrapado entre su historia y las necesidades de su estructura.
“Que se rompa, adelante” grita Alem desde ultratumba. Es el mito fundacional y el destino del Partido Radical.
La UCR se rompe siempre ante la adversidad y también cada vez que toca el poder. Son las dos almas del radicalismo. Algunos transan con el poder, otros se oponen con intransigencia en nombre del “verdadero radicalismo” y las juventudes.
Siempre pasó y va a seguir pasando.
La estructura de Unión Cívica Radical es compleja, con muchos niveles de discusión entre actores con poderes de veto muy variables y superpuestos entre sí. Nadie se engaña en que el viejo partido orgánico, de base popular, asentado en las elecciones internas como ningún otro partido no sea víctima de la cartelización y la desafección que tienen todas las estructuras políticas contemporáneas. Las internas ya no cambian las decisiones de las elites partidarias.
Y sin embargo ahí camina, como un golem con pies de barro que se sigue nutriendo de fuerzas que son aún más que una simple inercia.
Alfonsín alguna vez escribió que la UCR siempre era igual a sí misma y, en un punto tenía razón, solo que esa forma que define su identidad es mayormente formal, con un puñado de principios doctrinarios en común propios de todo movimiento popular: la honestidad, la democracia, la igualdad de oportunidades y la libertad. Nunca existió un único radicalismo pero sí existió una forma de resolver y procesar sus conflictos.
Ante la amenaza externa los partidos tienen dos alternativas: adaptarse o confrontar.
Para algunos, incluidos operadores del gobierno y el mismo Milei que se metió en la discusión por X, eso se jugaba en la elección interna de la PBA que se jugó el 6 de octubre y que la justicia tuvo que resolver porque ambos candidatos se proclamaron ganadores con denuncias de fraude cruzadas.
Pero no es tan fácil y quedarse en la chiquita de la provincia de Buenos Aires no alcanza para explicar las tensiones nacionales del partido.
Los “ganadores” de la PBA controlan la mayoría de las intendencias radicales y tienen una base territorial fuerte. Los “perdedores” provienen de sectores universitarios y de los sectores de la Juventud Radical que respaldan a Facundo Manes.
No es que sea lo que se dice una sorpresa el resultado.
En el ámbito nacional, los que optan por convivir con el gobierno son los mismos que apoyaron la transversalidad de Kirchner. Buscan sobrevivir apoyados en los gobiernos provinciales y sus estructuras locales, y están cómodos en la polarización con el kirchnerismo que plantea el presidente sin necesitar de la conducción partidaria nacional. La excepción es Pullaro que desde Santa Fe intenta tener gobernabilidad sin resignar identidad partidaria.
Pero sin AMBA no hay país. Es en los sectores urbanos de CABA y la PBA, entre los estudiantes universitarios y los jóvenes de los pueblos de la provincia que se asienta, por la potencia de la cultura interna, una voz contraria, que se reivindica intransigente, que se anima a citar a Alem, sin tanto poder territorial para cuidar, preocupados por el ajuste universitario, con menos que perder y todo por ganar. Son los que creen que la clave de la supervivencia está en diferenciarse del gobierno.
El bloque “Democracia para siempre” es eso, surge de la derrota en la interna de la PBA y de los que creen en enfrentar a Milei. Impulsado por dirigentes de una nueva camada como el presidente del nuevo bloque Pablo Juliano, formados en la segunda línea del poder y con ambición. Es algo natural al proceso orgánico.Son intereses contrapuestos al final.
La juventud en la UCR es también siempre al final la dueña del futuro del partido, al costo de envejecer en el camino.
Las dos tendencias conviven en conflictos que no llegan a la ruptura orgánica formal y que, en un punto, hasta revitalizan sus debates internos. Siempre que la sangre no llegue al río. El año que viene, por suerte, son 24 elecciones en paralelo y cada distrito va a poder hacer las alianzas que quiera. La eventual ruptura deberá así esperar por lo menos hasta 2027.
Está todo bien. La casa está en orden. Calma y adelante radicales.


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