
El pulso de la información: El nuevo juego de poder en la era digital

El sociólogo mexicano Rubén Aguilar Valenzuela habló años atrás en una conferencia sobre comunicación en Latinoamérica y puso sobre el tapete una realidad cada vez más palpable: cuando hay elecciones los resultados ya no dependen tanto de las campañas, por mucho dinero y esfuerzo que se ponga en esos 30 días. Sino que se comunica las 24 horas, los 365 días del año.
El ex asesor del presidente Vicente Fox explicó que, si bien la propaganda partidaria llega a los ciudadanos, la “opinión” es arraigada de antemano debido a que previamente a través de los medios, las redes sociales y el contexto de estar-siempre-informado, se elige a los héroes y villanos, cuyas virtudes y defectos son repetidos todo el tiempo, sin refutación crítica.
La campaña, entonces, como enseñan las cátedras de comunicación política, es “permanente”: las 24 horas, 365 días al año; estando en el oficialismo o en la oposición; desde una banca legislativa o en el gobierno. O, bien, sin siquiera saber con certeza que tal o cual será candidato o quien permanecerá en sus funciones.
Siguiendo estas reglas, todo parece un reality show: los políticos ocupan un lugar en el imaginario colectivo (posicionamiento), que les asignan las miles de horas de pantallas de televisión, las fotografías de las redes sociales y los describen los millones de líneas en las páginas de diarios y revistas.
Resulta que la relación entre los medios y el poder tiene orígenes de antaño. La multiplicación de ideas, al igual que proclamas revolucionarias y hasta planes de gobierno neoliberales, fueron siempre difundidos a través de los medios cumpliendo con el axioma de que una sociedad bien informada es la que consume medios de comunicación.
Aunque ahora ya sabemos que estar-bien-informado no necesariamente implique la lectura diaria de Clarín. Causa hasta pereza hacer zapping en los canales argentinos y leer las columnas de especialistas, sabiendo prácticamente de memoria la agenda que repetirán las 24 horas: corrupción, Venezuela, dólar, Cristina.
¿Control? de la opinión
En esta actualidad donde parece no poder entenderse a la política sin comunicación, no son pocos los que denuncian que la prensa ha dejado de ser solo el cuarto poder para pasar a constituirse como una entelequia que abraza –y condiciona– a los otros tres.
El ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso –que además es sociólogo y escritor– arriesgó para esto una teoría: es de esta manera como se ejerce en las sociedades modernas de masa el control ideológico de la opinión, ya sea por parte de los gobiernos o de los grupos dominantes de la sociedad, económicos o políticos.
La prensa, dicen algunos, en países con una marcada grieta como en Argentina, ha venido tomando tanto el lugar de la justicia como del oficialismo y hasta el de la oposición. O, en menor caso, le asigna a cada uno de estos los roles que deben cumplir a rajatabla o verán valerse también ellos un escarmiento público.
Ya no están solos
Lo cierto es que la diversidad del universo por medio del cual circulan y se hacen propios los discursos y los consumos culturales, es ahora de una amplitud inconmensurable: las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) cambiaron las formas de relacionamiento entre las personas y de los ciudadanos con la política, los políticos y los gobiernos.
“Los medios tradicionales perdieron el monopolio de la información. Esa centralidad que tenía el periodismo, que informaba al ciudadano, hoy es un caos”, nos explica la socióloga argentina Adriana Amado, en coincidencia con el status que se le otorga hoy a los nuevos medios masivos.
Tanto Facebook, como Instagram, al igual que Twitter y otras redes sociales llegaron hace tan solo unos pocos años para acelerar el rompimiento de este paradigma.
Sobre todo, en la última década, asistimos a un boom de los ciudadanos con acceso a las tecnologías y a la información gracias a los celulares y redes sociales, estableciéndose un acercamiento del público a la escena de los medios (conocido como periodismo ciudadano).
Según José Fernández Ardaiz, consultor en comunicación política 2.0, esto es posible porque las personas –y más aún los millenials y centennials– no tienen dos vidas: “una física y una virtual”. Sino que “tienen una sola vida atravesada por internet, las redes sociales y el territorio físico (la calle)”.
¿Y por qué las redes ganan terreno? Adriana Amado lo resume así: Ante la cada vez más abrupta caída de la credibilidad del periodismo -y la política, los políticos-, uno se refugia en sus pares, en sus conocidos, en la comunidad inmediata. Y eso lo facilitan internet y las redes sociales.


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