La paradoja de Juan Grabois: El ego político que fragmentó la unidad del peronismo

Grabois, el ego que fragmenta: su radicalismo y personalismo arrastran al peronismo hacia la división, mientras la unidad necesaria para frenar a Milei se desvanece.

POLÍTICA 18 de febrero de 2026
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En las elecciones nacionales de 2023, Juan Grabois sorprendió al obtener más de un millón de votos. Para muchos, fue una muestra de que el líder del Frente Patria Grande, y uno de los más férreos opositores a Javier Milei, contaba con una base sólida que lo posicionaba como una alternativa en el marco de una elección polarizada. Sin embargo, para otros, su irrupción en el panorama político con su discurso radical y extremista solo contribuyó a ensuciar una contienda que parecía avanzar hacia una necesaria unidad del peronismo, bajo el liderazgo de Sergio Massa.

El camino hacia la unidad dentro del peronismo, que parecía concretarse en torno a Massa como candidato de Fuerza Patria, fue abruptamente interrumpido por la candidatura de Grabois, que, en lugar de sumar y cohesionar, profundizó la división interna. Aunque su discurso apela a un sector de la sociedad que clama por un cambio radical y una política más inclusiva, lo cierto es que Grabois parece anteponer su ego político a las necesidades de la coalición.

No se puede ignorar que su irrupción en la arena electoral, con un discurso de confrontación directa no solo con Milei, sino con las propias bases del kirchnerismo, demuestra la falta de visión estratégica de un hombre que se ve a sí mismo como la única respuesta a los problemas de la Argentina. Más allá de las críticas que pueda realizar a la concentración de poder en ciertos sectores del país, el perfil de Grabois sigue siendo el de un líder que juega solo, sin mayor interés en construir puentes ni dialogar con aquellos que no comparten su visión.

En su gira internacional, Grabois ha recorrido países y se ha presentado como una voz disidente frente a las políticas neoliberales que representa Javier Milei, pero al mismo tiempo su discurso parece encontrar su verdadera fuerza en la radicalización de su propuesta. Es claro que no busca el consenso ni la moderación, sino el choque directo, lo cual, en un contexto de polarización extrema, solo alimenta más fracturas dentro del campo popular.

Por si fuera poco, Grabois ha optado por mantener una relación distante con los medios de comunicación. Considera que la prensa no es necesaria para su proyecto político y que puede hacer política exclusivamente a través de la imagen y las tensiones internas. Esta actitud, arrogante y autista, solo refleja el crecimiento de un ego desmesurado que, más que buscar soluciones a los problemas del país, se empeña en mantener vivo su propio personaje.

Es cierto que, en tiempos de política líquida, en los que las alianzas son volátiles y las figuras se diluyen rápidamente, la imagen y la confrontación parecen ser la receta para algunos. Sin embargo, el precio de esa jugada es alto: una elección que parecía dar signos de unidad dentro del peronismo, con un Massa que representaba una opción más moderada y negociadora, terminó siendo ensuciada por el personalismo de Grabois.

Si hay algo que Grabois ha demostrado es que su deseo de ser presidente no responde a una necesidad de hacer política para el pueblo, sino a un afán desmesurado de poder que lo lleva a romper hacia adentro de su propio espacio político. Un fenómeno que, si bien tiene su paralelismo con otras figuras del kirchnerismo como Máximo Kirchner, dista mucho de ser un proceso de maduración política. En realidad, lo que vemos hoy es una lucha interna por el control, en donde ambos parecen dispuestos a sacrificar la unidad en nombre de sus propios intereses.

Es probable que si Dios decidiera intervenir en la política argentina y pudiera hablar de política de géneros, algo similar a lo que ocurrió con Máximo Kirchner y Grabois podría ser posible: dos figuras que, nacidas de un mismo proyecto, pero con proyectos personales y egoístas, buscan separar lo que debería ser uno solo.

Pero el costo de esta división interna en el seno del peronismo es claro: un sector que podría haberse unido en torno a un proyecto común para frenar el avance del liberalismo de Milei, hoy está más fragmentado que nunca, y Grabois tiene gran parte de la responsabilidad en ello. La política no es un espectáculo de fotos, peleas internas y personalismos, pero para Grabois parece ser precisamente eso.

En las elecciones nacionales de 2023, Juan Grabois sorprendió al obtener más de un millón de votos. Para muchos, fue una muestra de que el líder del Frente Patria Grande, y uno de los más férreos opositores a Javier Milei, contaba con una base sólida que lo posicionaba como una alternativa en el marco de una elección polarizada. Sin embargo, para otros, su irrupción en el panorama político con su discurso radical y extremista solo contribuyó a ensuciar una contienda que parecía avanzar hacia una necesaria unidad del peronismo, bajo el liderazgo de Sergio Massa.

El camino hacia la unidad dentro del peronismo, que parecía concretarse en torno a Massa como candidato de Fuerza Patria, fue abruptamente interrumpido por la candidatura de Grabois, que, en lugar de sumar y cohesionar, profundizó la división interna. Aunque su discurso apela a un sector de la sociedad que clama por un cambio radical y una política más inclusiva, lo cierto es que Grabois parece anteponer su ego político a las necesidades de la coalición.

No se puede ignorar que su irrupción en la arena electoral, con un discurso de confrontación directa no solo con Milei, sino con las propias bases del kirchnerismo, demuestra la falta de visión estratégica de un hombre que se ve a sí mismo como la única respuesta a los problemas de la Argentina. Más allá de las críticas que pueda realizar a la concentración de poder en ciertos sectores del país, el perfil de Grabois sigue siendo el de un líder que juega solo, sin mayor interés en construir puentes ni dialogar con aquellos que no comparten su visión.

Grabois y el "despacho" internacional: un viaje a Cuba que reafirma su radicalismo

Recientemente, Grabois visitó Cuba, donde fue recibido por el presidente Miguel Díaz-Canel. Durante su estadía, ambos reafirmaron los lazos históricos entre Argentina y Cuba, dejando claro el alineamiento de Grabois con políticas internacionales de corte socialista y, en muchos casos, autoritario. Este viaje, además de ser un reflejo de su discurso radical, subraya su estrategia de construir alianzas con regímenes que sostienen posturas políticas directamente contrarias a las propuestas de Javier Milei, pero que, al mismo tiempo, se alejan de cualquier propuesta moderada o constructiva dentro del espectro político nacional.

Esta alianza internacional, a pesar de su valor simbólico para Grabois, parece confirmar que su agenda no está pensada para unificar ni siquiera a su propio sector. La realidad es que su apoyo a regímenes como el cubano no hace más que profundizar la división interna en Argentina, donde la necesidad de encontrar una postura coherente y constructiva frente a la crisis económica es urgente. En lugar de dialogar con otros sectores progresistas, Grabois parece más interesado en consolidarse como un líder de la extrema izquierda, reafirmando sus lazos con aquellos que comparten su visión radical de la política mundial, sin preocuparse por las consecuencias internas.

Grabois: entre la foto, el ego y la desconexión con la realidad política argentina

Por si fuera poco, Grabois ha optado por mantener una relación distante con los medios de comunicación. Considera que la prensa no es necesaria para su proyecto político y que puede hacer política exclusivamente a través de la imagen y las tensiones internas. Esta actitud, arrogante y autista, solo refleja el crecimiento de un ego desmesurado que, más que buscar soluciones a los problemas del país, se empeña en mantener vivo su propio personaje.

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