Pobreza: un debate desplazado

Hay un choque entre la narrativa del gobierno sobre la baja de la pobreza, sustentada en cifras oficiales, y la percepción social de la situación económica y el “verdadero” nivel de precariedad de los más desfavorecidos. Esta colisión trae a la luz las limitaciones de todo instrumento pero, de modo más importante, alienta una conclusión: no se trata de discutir los números, sino de decidir qué hacer con el trabajo.
MAGAZINE POLITICAR29 de octubre de 2025
Eduardo Donza 1

 “Sacamos a doce millones de personas de la pobreza”, dice el presidente de la Nación, Javier Milei, cada vez que puede. No es una ocurrencia antojadiza sino una afirmación que, mal que bien, tiene una base en números oficiales. Más precisamente en los indicadores que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Hace poco tiempo las estadísticas parecieron darle la razón a Milei: el INDEC informó que en el primer semestre de este año el nivel de pobreza cayó al 31,6%, luego de superar los 52 puntos el año pasado.

¿Es verdad que el gobierno libertario redujo la pobreza de modo tan drástico? La percepción en la calle diverge muchísimo de esa noción. Campea la sensación de que los argentinos somos cada vez más pobres, en buena parte a causa de las políticas del mismo presidente que se enorgullece de la mejora del indicador.

Este choque entre la narrativa oficial y la percepción social sobre el “verdadero” nivel de precariedad entre los más desfavorecidos es difícil de reconciliar. Se pueden hacer puntualizaciones de varios tipos, como la advertencia de la Universidad Católica Argentina (UCA) de que el descenso de la pobreza está “sobrerrepresentado” porque la medición se basa en canastas de consumo desactualizadas y porque entre el año pasado y este año hubo un cambio en el propio instrumento, es decir en la EPH, que dificulta la comparación.

“La advertencia de la Universidad Católica Argentina (UCA) de que el descenso de la pobreza está “sobrerrepresentado””

La UCA tiene su propia medición de la pobreza, que habitualmente arroja un índice algo superior al del INDEC. Lo elabora el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), que goza de un estatus peculiar en la opinión pública, como institución ajena al Estado que por esta misma ajenidad ofrecería, de alguna manera, una versión más “auténtica” de la realidad social. Algo parecido a lo que ocurre con las mediciones privadas de la inflación, que se toman como punto de comparación con las cifras del INDEC, estatal a más no poder.

Sin embargo, la diferencia entre el nivel de pobreza reconocido por el gobierno y la percepción social sobre la pobreza no tiene un correlato en una divergencia entre los números del INDEC y el ODSA. Aunque en este momento no se pueden comparar ambas mediciones (el INDEC realiza su encuesta con mayor frecuencia que la UCA, que lo hace con periodicidad anual, hacia el fin de cada año), el cotejo histórico muestra que van más bien de la mano, con un par de puntos de diferencia, el índice del Observatorio casi siempre por encima del del INDEC salvo alguna excepción.

Eduardo Donza, investigador externo del ODSA, explicó a POLITICAR que las diferencias y reparos metodológicos “no invalidan el descenso tan marcado que hubo” en el nivel de pobreza en el último año, aunque hay que tener en cuenta que ese pico del 52% fue consecuencia de una de las primeras medidas del propio gobierno de Milei: la fuerte devaluación del peso en diciembre de 2023. Más allá de eso, puntualizó que un 30% de pobres “es un valor muy elevado”.

“Ese pico del 52% fue consecuencia de una de las primeras medidas del propio gobierno de Milei: la fuerte devaluación del peso en diciembre de 2023”

Y ahí hay un problema que escapa a las minucias metodológicas o incluso a las comparaciones interanuales: la Argentina tiene un alto nivel de pobreza estructural, que Donza ubica en el 25%. El índice puede subir o bajar de semestre a semestre (y las bajas pueden ser presentadas como victorias por el gobierno de turno, como en este caso), pero jamás perfora ese piso, que representa nada menos que a un cuarto de la población. En cuanto está por hacerlo, vuelve a subir.

No se trata, entonces, de discutir los números del INDEC o los que arrojan otras mediciones; ni siquiera de analizar las limitaciones del instrumento, que las hay y son considerables. De lo que se trata es de analizar el porqué del alto nivel de pobreza estructural y de buscar formas de atacar ese problema de base.

Es una cuestión que está teñida de preconceptos y narrativas sin base empírica. “A veces se piensa que parte de la población vive eminentemente del subsidio del Estado, y no es así”, apunta Donza. “Es algo que puede suceder en algún caso muy puntual. Pero estos subsidios son simplemente una ayuda para que puedan vivir un poco mejor. Incluso en el estrato del 7% que está en la indigencia, más del 50% de los ingresos provienen de una fuente laboral.”

¿Qué hacer, entonces, para achicar esta base estructural de pobreza que parece inatacable? La sugerencia de Donza no tiene la estridencia de una revelación; es, por el contrario, casi una obviedad. Para el especialista, “el tema central es el mercado de trabajo. Y para que mejore el mercado de trabajo tiene que mejorar la estructura productiva”.

“El tema central es el mercado de trabajo. Y para que mejore el mercado de trabajo tiene que mejorar la estructura productiva”

En efecto, si a pesar de las grandes transferencias estatales destinadas a paliar la situación de vulnerabilidad de buena parte de la población los ingresos siguen dependiendo mayormente del trabajo, entonces hay que procurar que haya más trabajo y que rinda más. Y no es lo que está sucediendo; más bien lo contrario.

"Si uno estudia de dónde viene el producto bruto interno (PBI) y en qué sectores está aumentando últimamente, va a ver que son, por ejemplo, los sectores financieros, que no generan mano de obra intensiva. También la minería y los yacimientos como podría ser Vaca Muerta, que son intensivos en capital pero no en mano de obra; o los productos agropecuarios, que no generan mucho empleo debido a su alta productividad", enfatizó Donza.

Por eso, el debate que deberíamos estar teniendo no es si la pobreza realmente bajó del 52% al 31% o si antes había subido o estaba igual. Para atacar la raíz del problema de la pobreza deberíamos enfocarnos en construir una Argentina más productiva. Y esto, apuntó el investigador del ODSA, “necesita acuerdos, no sólo políticos, sino también entre los actores de la producción y el sistema de ciencia y tecnología”.

“Para atacar la raíz del problema de la pobreza deberíamos enfocarnos en construir una Argentina más productiva”

“Necesitamos producir más. Y que se trate de buenos productos, innovadores, que se puedan vender en el exterior”, dijo Donza. “Necesitamos políticas de Estado que apunten al aumento de la producción y, como consecuencia, al aumento del trabajo. Así es como vamos a reducir la pobreza.”

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