
El día de los dos Senados

El Senado de la Nación y el Senado de la provincia de Buenos Aires tienen hoy sesiones en simultáneo. El hecho no es extraordinario, pero invita a pensar en la similitud de las agendas que se ponen en juego. Los temas en tratamiento son muy diferentes pero en ambos casos es explícita la puja por los recursos y en ambos casos, también, anida la cuestión electoral, con los comicios legislativos cada vez más cerca.
En el Congreso Nacional, la Cámara alta se dispone a rechazar, si se alcanza la mayoría especial, dos vetos del presidente de la Nación, Javier Milei, a sendas leyes que habían sido aprobadas hace poco. Se trata de la emergencia en pediatría (es decir, la ley que contempla la situación de los médicos del hospital Garrahan) y el financiamiento de las universidades nacionales. Ambas normas ya fueron ratificadas por los diputados y, si los senadores también rechazan los vetos, el Poder Ejecutivo deberá promulgarlas, muy a su pesar.
Claro que esto no garantiza la aplicación de ninguna de estas leyes. Así debería ser, pero ya existe el antecedente de la ley de emergencia en discapacidad, que recorrió ese mismo camino: sanción en las dos cámaras, veto del Presidente, ratificación en ambas cámaras por mayoría de dos tercios. Y sin embargo, en el mismo acto de promulgación, el gobierno dejó suspendida su aplicación. Una maniobra inusitada cuya legalidad está muy en cuestión, pero que en términos fácticos significa que por más que haya ley, los fondos no van a estar.
Sin embargo, más allá de que el Congreso no logre torcerle el brazo a Milei en cuanto a la asignación de recursos, el trasfondo político aparece igual. La puja no es sólo por las partidas destinadas a los discapacitados, a los médicos del Garrahan o a las universidades; es también por la batalla que tendrá lugar en las urnas el domingo 26.
En la Legislatura bonaerense, en tanto, los senadores deben tratar una iniciativa crucial para el gobernador Axel Kicillof: la autorización para tomar deuda y así cubrir los huecos producidos por la merma en la recaudación y el ajuste efectuado por el gobierno nacional. Lo llaman “presupuesto light” porque no se trata de la ley de leyes sino de una norma que apunta a solventar partidas urgentes, como el pago de deudas y la asignación de recursos para los municipios.
El tratamiento de este tipo de proyectos tiene una historia reciente muy convulsionada en la provincia de Buenos Aires. Kicillof tuvo que ver cómo naufragaban una y otra vez las sesiones en las que debían tratarse el presupuesto, la ley impositiva y la autorización de endeudamiento. Puede ser que hoy tenga lugar una nueva frustración. Y en este caso la urgencia es mayor que con el presupuesto “normal”, que, como decíamos por aquí, al final no preocupaba tanto al gobernador como podía parecer. Aquí se trata de mantener las cuentas a flote.
El estado de convulsión no se debe (lo hemos dicho más de una vez) meramente a la intransigencia de la oposición. Son los propios los que generan más ruido. Lo de “propios” hay que tomarlo en modo ingenuo: están en el mismo partido, pero enfrentados con Kicillof. Legisladores y dirigentes que se identifican con Cristina Fernández de Kirchner vienen complicándole la vida al gobernador más que los libertarios, los proístas o los radicales.
También aquí la disputa por lo presupuestario tiene como fondo la cuestión electoral. En el kirchnerismo se vivió como una derrota la victoria de Kicillof en las elecciones del 7 de septiembre. Ocurre que, aunque el mandatario no fuera candidato, su decisión de hacer las elecciones separadas de las nacionales se mostró como un acierto, algo que quedó claro en retrospectiva pero que en los meses previos era una aventura de resultado incierto y acaso desastroso. La propia Cristina se opuso tajantemente a la idea. Pero Kicillof se mantuvo en sus trece, y ganó.
Las elecciones de este mes, se sabe, son la antesala de las que tendrán lugar en 2027, cuando se ponga en juego la presidencia de la Nación. Es allí adonde apuntan las miradas de Kicillof y también de sus oponentes internos. Lo dijo célebremente el ministro Andrés Larroque: a Kicillof lo liman desde dentro. A algunos dirigentes los mueve el afán de evitar que el gobernador llegue al ’27 como única figura presidenciable del peronismo. Quizás apuntan a que no llegue.
Pero es otro 27 el que determinará en buena parte lo que suceda para entonces. Se trata del lunes 27 de este mes, el día después de las legislativas nacionales. Día al que el gobierno de Milei llegará, quizás, muy golpeado. Día en que muchos analistas ven el principio de un descontrol empujado por una drástica e inevitable devaluación del peso argentino. Hay quienes apuntan a limar a Milei, que, también hay que reconocerlo, se lima solo.
Las sesiones paralelas de hoy, en el Senado nacional y el Senado bonaerense, son hitos en un camino accidentado que tiene como primera meta las elecciones más próximas y como final del recorrido los comicios de 2027. Falta mucho, pero las fichas hay que moverlas rápido.
Quizás por eso, hoy mismo, Kicillof encabezará el cónclave de la Federación Argentina de Municipios (FAM), un espacio que reúne a intendentes de todo el país. Claro, la provincia de Buenos Aires tiene un peso especial. Y los intendentes bonaerenses, bastante ninguneados en sus pretensiones a lo largo de este año, pueden torcer en buena parte el rumbo electoral. El gobernador apuesta a seguir teniéndolos de su lado.


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