El “Leviatán libertario”: ¿caída anunciada o cisne negro?

El gobierno de Javier Milei encarna una paradoja histórica en la política argentina contemporánea: un presidente que se autodefine como libertario, pero que concentra poder en el Ejecutivo y utiliza la maquinaria estatal con una intensidad que contradice su ideario anarcocapitalista. Argentina transita, así, un experimento de gobernabilidad de alto riesgo. Este análisis aborda la anatomía de esa contradicción -el “Leviatán libertario”- y evalúa los factores que podrían precipitar una caída presidencial anticipada o, por el contrario, convertir a Milei en una excepción histórica: el improbable “cisne negro” del presidencialismo sudamericano.

POLITICAR MAGAZINE29 de agosto de 2025 Mariano Seco
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Javier Milei irrumpió como figura disruptiva en un escenario de crisis política y social. Economista mediático, polemista y divulgador de la Escuela Austríaca, canalizó el hartazgo de una ciudadanía desilusionada con el sistema de partidos. Su victoria en diciembre de 2023 sorprendió a todos: sin estructura territorial, sin gobernadores aliados y sin experiencia de gestión, logró escalar al poder con una retórica de demolición institucional. Milei se proclamó apóstol del anarcocapitalismo y de la libertad individual. Inspirado en Murray Rothbard, planteó un orden social donde el mercado es la única autoridad legítima y el Estado, una organización criminal destinada a desaparecer. Lemas como “prender fuego el Banco Central”, “cerrar ministerios” o “destruir la casta” se convirtieron en banderas de una cruzada contra el statu quo.

“Sin estructura territorial, sin gobernadores aliados y sin experiencia de gestión, logró escalar al poder con una retórica de demolición institucional.”

Ya en la Casa Rosada, Milei se vio obligado a matizar su utopía. Para gobernar necesitó rodearse de cuadros con experiencia, muchos de ellos pertenecientes a la misma “casta” que había demonizado: Patricia Bullrich en Seguridad, Federico Sturzenegger en Desregulación, Luis Caputo en Economía. Ese choque entre ideario y realidad definió el rumbo inicial de su mandato. Milei, el adalid “anti casta”, asumió la presidencia con la promesa de destruir el Estado, pero se vio obligado a operar dentro de su estructura.

En su discurso inaugural invocó una “revolución liberal”, prometiendo desmantelar el “Estado elefantiásico” para liberar las fuerzas del mercado, pero con una paradoja: su objetivo no era fortalecer el Estado, sino debilitarlo desde adentro, a la vez que concentraba en su figura la violencia legítima.

A un año y medio de gobierno, la figura del “Leviatán libertario” sintetiza su contradicción: en nombre de la libertad individual, concentra poder en el Ejecutivo, legisla por decreto, desmantela capacidades infraestructurales y reprime la protesta social. El Estado, en esta lógica, no organiza ni protege, sino que castiga.

 “En nombre de la libertad individual, concentra poder en el Ejecutivo, legisla por decreto, desmantela capacidades infraestructurales y reprime la protesta social”

El Estado... ¿Qué estado?

El sociólogo británico Michael Mann ofrece una clave analítica útil: Milei busca un Estado despóticamente fuerte -capaz de imponer decisiones sin consensos-, pero infraestructuralmente débil, sin recursos ni herramientas para proveer servicios públicos. El resultado es una hipertrofia del poder coercitivo y una deflación dramática de las capacidades administrativas.

La economía ha sido el escenario principal de este ajuste. Con una ortodoxia fiscal férrea, Milei devaluó el peso más de un 120%, transfiriendo ingresos desde los salarios hacia los sectores exportadores y dolarizados. Cortó la asistencia a las provincias y bloqueó el envío de fondos previstos por ley.

“Milei devaluó el peso más de un 120%, transfiriendo ingresos desde los salarios hacia los sectores exportadores y dolarizados”

Este conflicto con los gobernadores, tanto peronistas como radicales, se intensificó con medidas legislativas para frenar recortes y aumentar gasto social, leyes que Milei prometió vetar. La fractura entre el Ejecutivo y las provincias proyecta una gobernabilidad frágil y un Ejecutivo cada vez más aislado.

En Milei, la lógica amigo-enemigo se radicalizó: opositores y movimientos sociales son tratados como “enemigos internos”. La respuesta estatal es más coerción que diálogo.

Así, el “Leviatán libertario” se presenta como un oxímoron político: achica ministerios, deprime las jubilaciones, presupuestos educativos y programas sociales, pero amplifica la fuerza policial para silenciar las calles. 

Economía en pique, crisis política en ascenso

La conflictividad se acentuó por la disputa interna con su vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien apoyó en el Senado un aumento del 7,2% en las jubilaciones, medida que Milei prometió vetar. El “triángulo de hierro” del poder -Milei, su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo- exhibe fisuras. En lo económico, el dólar paralelo escaló a máximos históricos, las reservas del Banco Central se desplomaron y las calificadoras de riesgo (Fitch, Moody’s) alertaron sobre la posibilidad de default. Este cuadro financiero erosiona aún más la confianza social.

En este tablero de crisis, irrumpió un hecho político disruptivo: el 10 de junio la Corte Suprema confirmó la condena a Cristina Fernández de Kirchner.. La detención movilizó a decenas de miles de personas, unificando al peronismo, antes fragmentado, en torno a la defensa de su liderazgo. Para Milei, esto significa enfrentar una oposición rearticulada y con fuerte capacidad de movilización.

Las encuestas recientes reflejan el deterioro de su imagen: la aprobación, que en marzo superaba el 50%, cayó en julio al 32-34%, con un rechazo del 55% y hasta 65% en el conurbano bonaerense. 

Factores de inestabilidad

Tomando en cuenta lo expuesto hasta aquí, aparecen serios interrogantes. La historia sudamericana reciente enseña que los gobiernos que aplican ajustes extremos bajo condiciones políticas frágiles suelen caminar por la cornisa. En este sentido, la politóloga norteamericana Kathryn Hochstetler identifica las causas que explican por qué algunos presidentes sudamericanos fueron desafiados o forzados a dejar el cargo antes de completar sus mandatos. 
La autora concluye que existen cuatro factores estructurales que explican esos desenlaces: la implementación de políticas económicas neoliberales: los presidentes que adoptaron reformas orientadas al mercado fueron más propensos a enfrentar desafíos. Estas políticas generaron conflictos sociales que, en algunos casos, se transformaron en demandas para que los presidentes renunciaran; la implicación personal en escándalos de corrupción: el vínculo directo del presidente en estos casos aumentó significativamente la probabilidad de ser desafiado o destituido; la falta de mayoría parlamentaria: los presidentes que no contaban con una mayoría legislativa enfrentaron mayores dificultades para gobernar y fueron más vulnerables a desafíos políticos, y, por último, las protestas callejeras masivas: la presencia de movilizaciones sociales demandando la renuncia del presidente fue un factor crucial en la caída de varios mandatarios. La autora destaca que, en todos los casos de caídas presidenciales, hubo participación de la sociedad civil en las calles. 

Cuando algunas de estas variables convergen, el sistema presidencial se transforma en una trampa: el presidente concentra formalmente el poder, pero no tiene herramientas reales para sostenerlo. 

Lo curioso del gobierno de Javier Milei, es que las cuatro condiciones estructurales identificadas por esta académica como factores explicativos de las caídas presidenciales están presentes, en distintos grados y combinaciones. 

Respecto de la implicación personal en escándalos de corrupción, el mayor desafío para el mandatario argentino es el denominado “caso Libra”. Si bien no hay pruebas de que el presidente Milei haya ordenado directamente estos contratos, la situación involucra a funcionarios de su círculo íntimo.
La tercera condición a tener en cuenta es la falta de mayoría parlamentaria. La Libertad Avanza cuenta con apenas 38 diputados sobre 257 y 7 senadores sobre 72. No tiene gobernadores propios ni una coalición orgánica.

Por último, la existencia de protestas sociales masivas. Desde los primeros meses de gobierno, se registraron múltiples y numerosas movilizaciones sectoriales (sindicatos, universidades, piqueteros, jubilados, estudiantes, médicos). Existe hoy un alto riesgo de colapso presidencial. En un contexto semejante, cualquier evento disruptivo (como un escándalo de corrupción, una represión violenta, una crisis externa), podría hacer que la probabilidad de una caída anticipada se eleve considerablemente.

¿Entonces?...

Milei podría terminar siendo otro capítulo en la crónica latinoamericana de caídas presidenciales anticipadas, pero Argentina es tierra de sorpresas. Ese mismo personaje estrafalario que rompió todos los moldes al llegar al poder podría aún resistir contra viento y marea. Si Milei consigue surfear la recesión, si algunas inversiones extranjeras significativas alentadas por su giro pro mercado llegarán a tiempo para dar un respiro, si logra dividir a la oposición con alguna jugada audaz, quizás el Leviatán libertario siga en pie, más allá de lo previsto. El concepto de “cisne negro”, propuesto por Nassim Taleb, refiere a eventos altamente improbables que tienen consecuencias de alto impacto y que sólo se explican retrospectivamente. La eventual permanencia del gobierno podría representar uno de estos casos, ya que, si finalizara su mandato, a contracorriente de la evidencia empírica, será considerado una anomalía estadística. 

Pero también podría tratarse de un final anunciado. La historia regional muestra que los presidentes que confrontan simultáneamente con todos los actores del sistema suelen caer. La pregunta es si una potencial caída implica un estallido social, un juicio político, un crac financiero, un golpe de mercado o una lenta, pero manifiesta pérdida de legitimidad.

Por lo pronto, claro... El final está abierto, y nuestro querido país, para bien o para mal, nunca deja de desafiar los libretos preestablecidos.

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