La campaña en el desierto

El desdoblamiento electoral en la provincia de Buenos Aires dio curso a un escenario poco promisorio para el oficialismo: se obligó a emprender dos campañas al mismo tiempo. A la dificultad para diferenciar propuestas y objetivos se suman los antecedentes de apatía y deserción en las urnas y la confusión de la población respecto de qué y a quiénes se vota. Una tormenta perfecta que, en principio, sólo beneficia al mileísmo.

POLÍTICA 25 de agosto de 2025
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Sangre, sudor y lágrimas le costó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, imponer su idea de desdoblar las elecciones legislativas provinciales respecto de las nacionales, que tendrán lugar en octubre. A la resistencia inicial dentro del propio peronismo bonaerense para dar el sí a tal desdoblamiento se sumó luego la puja (francamente incomprensible) por la determinación de los plazos para la presentación de listas y por lo tanto, para la campaña. La solución de compromiso derivó en una situación que ahora muerde al oficialismo en la provincia: lanzados los candidatos para ambas elecciones, se encuentra inmerso en dos campañas al mismo tiempo.

Es cierto que la modificación del sistema para implementar la boleta única de papel a nivel nacional insertó en el proceso un “desdoblamiento de hecho”, algo en lo que insisten Kicillof y los suyos, pero, consideraciones prácticas aparte, la estrategia, que podría haber sido indudablemente positiva en un clima interno más amigable, terminó por derivar en una especie de pesadilla en la que tanto los dirigentes como sus militantes están bastante perdidos.

¿Es necesario militar dos boletas a la vez? Desde el riñón del gobernador dicen que no, que la campaña para octubre empezará luego de las elecciones de septiembre. Pero hay factores que pesan en favor de la necesidad de promover la lista para el Congreso de la Nación desde ahora mismo. El principal de estos factores es que Jorge Taiana es un candidato que necesita ser instalado, ya que muy poca gente lo conoce, y los que lo conocen difícilmente puedan definir en forma breve y contundente cuál es la propuesta que expresa.

La doble campaña impuesta por la cercanía de ambas elecciones obliga a una síntesis en la que se pierden los matices: el debate se “nacionaliza” a pesar de que, como suele señalarse, el desdoblamiento vendría a tener el sentido contrario, ya que en la provincia lo que se da son ocho elecciones separadas, cada una para una sección electoral, sin nada que “tire” de arriba.

A esto se suma el fenómeno de la creciente apatía electoral, que en rigor es la manifestación de una apatía política. La baja concurrencia a las urnas, verificada una y otra vez, es el reflejo de un hartazgo de la población respecto de los partidos y las instituciones políticas, que están en la suya.

Como resultado de la puja abstrusa por el desdoblamiento y las fechas, de la superposición de las campañas y de la falta de una estrategia clara para el futuro mediato, emerge otro factor letal para la construcción de una corriente de apoyo: la absoluta confusión que impera respecto de qué se vota y a quiénes se puede elegir. Las encuestas (y cualquier conversación en la calle) revelan que la mayor parte de la gente no tiene una idea clara de quiénes son los candidatos para ambas convocatorias, salvo un par de nombres prominentes, que además suelen ser mal ubicados (abundan quienes se sorprenden, por ejemplo, al enterarse de que no podrán votar a José Luis Espert en septiembre, aunque todo el mundo sabe que es el candidato ungido por Javier Milei).

¿Qué clase de mensaje se puede articular en este desierto? Sólo prenden ideas-fuerza de muy pobre elaboración, que básicamente se formulan en términos negativos: la culpa de que estemos como estamos la tiene el kirchnerismo, en un caso, o Milei, en el otro, y por lo tanto hay que elegir lo contrario.

No puede haber mucho más que eso en un panorama especialmente complejo que obliga a la gente a votar dos veces cuando le cuesta votar una vez, y que llena el espacio de nombres y caras que pocos saben dónde ubicar y para qué.

A la dificultad para unificar un mensaje claro (que Kicillof y Milei resuelven apuntando uno hacia arriba y el otro hacia abajo, es decir, señalándose mutuamente) se suma este supino desinterés por cualquier propuesta que no esté expresada en los términos más simples, y que se da de bruces contra la idea también expresada frecuentemente por la gente de que se necesita depurar los cuerpos legislativos, tener mejores diputados y senadores, evitar la irrupción de figuras vergonzantes (que hoy abundan) con poder para sostener o dinamitar leyes cruciales.

La gente quiere que la política cambie, pero no le interesa cambiar la política: he aquí una forma breve de expresarlo. Otra fórmula breve para un fenómeno relacionado: los partidos quieren bajar su mensaje a lo local, pero ese mensaje sólo refiere a lo nacional.

“No hay octubre sin septiembre”, repiten en el peronismo. Pero, por lo visto, tampoco hay septiembre sin octubre.

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