
El Peronismo y la urgencia de la reconfiguración

La Encrucijada dirigencial: ¿Recambio o perpetuación?
La primera y más visible necesidad es la de una renovación de liderazgo. El peronismo, históricamente verticalista y personalista, funciona mejor bajo una figura aglutinadora y con peso propio. Sin embargo, el espacio parece paralizado entre la lealtad a figuras históricas que ya no logran conquistar mayorías y la ausencia de un nuevo dirigente capaz de unificar las diversas tribus.
El tiempo de los grandes nombres que definieron las últimas décadas está quedando atrás. La sociedad, especialmente la más joven, busca caras nuevas, estilos diferentes y, fundamentalmente, proyectos que miren hacia adelante. Mientras que los dirigentes históricos se miran entre sí para ver quién da el primer paso hacia el costado, la base electoral sigue erosionándose. La reconfiguración dirigencial no es solo un tema de edad, sino de visión y audacia para asumir el costo de la renovación.
La paradoja del relato: A contramano de la sociedad
El segundo, y quizás más complejo, desafío es la modernización de las ideas y la construcción de un nuevo relato que vuelva a "enamorar" a la sociedad. Y aquí es donde el peronismo encuentra su mayor obstáculo interno, una suerte de negacionismo ideológico que le impide sintonizar con los nuevos humores del electorado.
Los datos de la encuesta nacional de QSocial son contundentes y grafican esta brecha de manera dramática:
1. Aislamiento de ideas: La necesidad de que el peronismo renueve sus ideas es un consenso casi unánime en el espectro político. Es apoyada por casi la totalidad de simpatizantes del PRO y la UCR, por la mitad de los votantes de LLA y por casi seis de cada diez independientes. Sin embargo, solo un tercio de los propios peronistas coincide con esta urgencia. Esto sugiere que, desde adentro, no se ve la necesidad de autocrítica que el resto del país demanda.
2. El Estado y el déficit: El ejemplo fiscal es quizás el más claro. Mientras que un categórico 60% de la población considera que el Estado no debe incurrir en déficit fiscal, solo el 15% de los simpatizantes peronistas comparte esta visión. Esta disparidad es más que una diferencia técnica; es la evidencia de que el peronismo está abrazado a una concepción económica del Estado y el gasto público que la mayoría de los argentinos ya rechazó en las urnas. El péndulo social se ha movido hacia la austeridad, la eficiencia y el equilibrio fiscal, mientras que el peronismo insiste con el mismo modelo.
El peronismo y el nuevo electorado
El riesgo es claro: al rechazar la renovación de ideas, el peronismo se condena a ser un partido con un techo electoral definido por su propia base de convicción, incapaz de captar al vasto electorado independiente que define las elecciones.
La reconfiguración exige una mirada sin prejuicios a los temas que hoy interpelan a la ciudadanía: una economía productiva sin inflación, un Estado más inteligente que interventor, y una política de seguridad que sea efectiva sin perder el sentido social.
Si el peronismo no es capaz de identificar un nuevo liderazgo y, sobre todo, de dejar atrás dogmas que la sociedad ya superó para encontrar un nuevo relato encantador, seguirá perdiendo. La historia no perdona la inmovilidad. La reconfiguración no es una opción; es la única llave para volver a competir.



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