Marcos Galperin volvió a quedar en el centro de la escena política, esta vez no por Mercado Libre ni por sus habituales intervenciones sobre la economía argentina, sino por una palabra. Al calificar como "desclasados" a quienes criticaban el festejo de la Selección Argentina, el empresario logró algo poco frecuente: transformar un mensaje deportivo en una discusión política atravesada por el rechazo, la polarización y una fuerte reacción en las redes sociales.