Una llamada, tres abrazados y varios intendentes haciendo cuentas

Mientras el peronismo ensaya una tregua, libertarios y amarillos redescubren el teléfono y los intendentes bonaerenses comienzan a moverse en bloque. En paralelo, los outsiders asoman como una incógnita capaz de alterar el tablero hacia 2027. Todos dicen que falta mucho. La política parece opinar lo contrario.
POLITICOFF13 de agosto de 2026 Polo Álcantara

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La política argentina tiene una extraordinaria capacidad para anunciar divorcios definitivos que, tarde o temprano, terminan en una llamada de WhatsApp.

Mientras en público todos corren hacia los extremos, por abajo empiezan a suceder cosas bastante menos estridentes y posiblemente más importantes.

En el Conurbano, los intendentes comenzaron a contar.

Y cuando los intendentes cuentan, conviene guardar silencio y mirar la calculadora.

La liga empieza a agruparse, aparecen conversaciones, se ensayan mayorías y algunos descubren una de las leyes más antiguas de la política bonaerense: un intendente puede ser un problema; varios intendentes juntos pueden convertirse en un proyecto.

No hay todavía candidato, conducción ni fórmula. Tampoco parece haber apuro.

Falta una eternidad para 2027.

Es decir, en términos argentinos, pasado mañana.

El Outsider salió de paseo

Mientras los profesionales de la política discuten cómo conservar lo que tienen, El Outsider empezó a recorrer los medios.

Daniel Hadad habló de su intención de colaborar con el país y dejó abierta una puerta que hasta hace poco ni siquiera figuraba en los planos.

Pero además cometió una travesura.

Dijo que Jorge Brito podría ser un gran candidato.

El Banquero entró así a una conversación a la que, al menos públicamente, nadie había informado que estaba invitado.

No sabemos si Brito quiere ser candidato.

Y quizás ésa sea, justamente, una de sus principales virtudes electorales.

La Argentina tiene una relación curiosa con los outsiders. Cuando la política profesional acumula demasiado rechazo, empieza a enamorarse de aquellos que todavía no tuvieron tiempo suficiente para decepcionarla.

Empresarios, periodistas, deportistas, economistas. El requisito fundamental parece ser uno: poder decir que vienen de afuera.

Mientras tanto, El Ministro que no fue, Carlos Melconian, y El Economista en espera, Hernán Lacunza, pueden continuar explicando sus respectivos programas económicos.

De momento, frente al espejo.

La política tiene esas injusticias: algunos pasan años preparándose para ser candidatos y otros pueden convertirse en candidatos porque alguien pronunció su nombre en televisión.

¿Algo empieza a moverse en el medio?

Pero detrás de los nombres aparece una discusión más interesante.

¿Puede comenzar a construirse un centro político sin que nadie se haya propuesto construirlo?

Intendentes, empresarios, dirigentes territoriales, radicales desperdigados, peronistas moderados, exmacristas e independientes conforman hoy un territorio difícil de ordenar, pero potencialmente atractivo.

No hay alianza.

No hay liderazgo.

Ni siquiera sabemos si existe una conversación.

Pero existe el espacio.

Y algún día podría aparecer el mejor postor.

Durante años nos preguntamos hacia cuál de los extremos terminaría inclinándose el centro. Quizás en algún momento haya que invertir la pregunta:

¿y si son los extremos los que terminan necesitando acoplarse al centro?

Porque los núcleos duros sirven para resistir. Para ganar elecciones, en algún momento hay que salir a buscar a alguien más.

No hay pronóstico claro.

Hay síntomas.

Y en política los síntomas suelen aparecer bastante antes que el diagnóstico.

El Profesor, El Incombustible y El Heredero

El peronismo, mientras tanto, produjo uno de esos acontecimientos que justifican conservar los diarios.

El Profesor, El Incombustible y El Heredero consiguieron sentarse alrededor de una misma mesa.

Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a encontrarse para discutir una estrategia común frente a la posible eliminación de las PASO.

No se registraron heridos.

Después de meses de internas, diferencias, operaciones y discusiones acerca de quién conduce a quién, el peronismo recordó una vieja doctrina que nunca necesitó escribir: cuando enfrente aparece un problema suficientemente importante, siempre se puede volver a pedir una mesa para tres.

No significa que haya unidad.

Tampoco exageremos.

Significa coordinación.

Y para el peronismo de estos tiempos ya es bastante.

Además, El Incombustible vuelve a hacer aquello que mejor sabe hacer: estar.

Cuando parece afuera, está adentro. Cuando parece retirado, aparece. Cuando todos empiezan a repartirse su electorado, vuelve a sentarse en la mesa.

Massa quizás no tenga hoy la centralidad de otros tiempos, pero conserva algo que en política vale bastante: todos siguen teniendo su número de teléfono.

La Hermana llamó al Ingeniero

Del otro lado también sonó un teléfono.

La Hermana y El Ingeniero volvieron a conversar.

Karina Milei y Mauricio Macri encontraron en WhatsApp ese territorio neutral que la política presencial todavía no había conseguido proporcionarles.

Ahora bien.

La pregunta interesante no es solamente qué dijeron.

Eso eventualmente puede reconstruirse, filtrarse o directamente adornarse.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿quién inició la llamada?

Porque si llamó El Ingeniero, la historia es una.

Si llamó La Hermana, es exactamente la contraria.

En política, llamar primero puede equivaler a reconocer una necesidad. Y reconocer una necesidad siempre tiene un precio.

Después de explicar durante meses que podían vivir perfectamente separados, libertarios y amarillos empiezan a recordar las bondades de la aritmética electoral.

No es reconciliación.

No es cariño.

Ni siquiera sabemos si será alianza.

Es matemática.

Y la matemática ha conseguido reconciliaciones que la política consideraba ideológicamente imposibles.

El problema llegará después, si llega: determinar quién necesita más a quién.

Porque El Ingeniero necesita demostrar que todavía conserva algo para ofrecer y La Hermana necesita comprobar hasta dónde alcanza con los propios.

Nuevamente: calculadora.

La liga también hace números

En el Conurbano ocurre algo parecido, aunque con menos cámaras y más territorio.

Los intendentes se hablan.

Se buscan.

Empiezan a comprender que la fragmentación puede ser funcional mientras cada uno administra su municipio, pero bastante menos cuando llega el momento de disputar poder provincial o nacional.

Una liga de intendentes no necesita inicialmente ponerse de acuerdo sobre quién será candidato.

Primero necesita descubrir cuánto pesa.

Después vendrán las candidaturas.

La política bonaerense siempre tuvo una característica: desde las oficinas nacionales se mira a los intendentes como piezas de un armado hasta que los intendentes descubren que, juntos, también pueden armar.

Y algo de eso empieza a asomar.

La construcción desde abajo puede terminar siendo una de las variables más interesantes hacia 2027.

Porque mientras arriba discuten nombres, abajo administran votos.

Todos sacaron la calculadora

Quizás ése sea el verdadero dato político de estas semanas.

Los intendentes cuentan.

El Profesor cuenta.

El Incombustible nunca dejó de contar.

El Heredero cuenta los propios.

La Hermana cuenta diputados.

El Ingeniero cuenta cuánto PRO le queda.

El Outsider pregunta cuánto mide.

El Banquero, por ahora, mira.

Y todos aseguran que falta muchísimo para 2027.

La superficie continúa mostrando una Argentina dividida entre extremos. Pero debajo empiezan a aparecer movimientos diferentes: intendentes que se agrupan, adversarios internos que vuelven a sentarse, antiguos socios que desempolvan el teléfono y empresarios que empiezan a descubrir que Balcarce 50 tampoco queda tan lejos.

¿Es el nacimiento de un nuevo centro?

¿Una futura coalición?

¿Una avenida del medio que volverá a congestionarse antes de ser inaugurada?

¿Los outsiders terminarán conformando algo propio o serán piezas codiciadas por quienes necesiten ampliar?

¿El centro tendrá candidato o terminará negociando con el mejor postor?

Nadie lo sabe.

Y cualquiera que hoy asegure conocer la respuesta probablemente esté vendiendo más certezas que información.

Pero existe una pregunta que vale la pena dejar anotada.

Durante años pensamos que el centro debía decidir a cuál de los dos extremos acompañar.

¿Y si esta vez son los extremos los que terminan haciendo fila para seducir al centro?

Falta muchísimo para 2027.

Es decir, como dijimos antes:

pasado mañana.

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