
Guerra en Medio Oriente: el impacto en el agro y las claves para la economía argentina

La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a colocar a la energía en el centro de la economía global y empezó a derramar efectos concretos sobre sectores clave de la Argentina. El aumento del petróleo por encima de los US$100, las tensiones logísticas y el encarecimiento de insumos estratégicos modificaron las condiciones de producción y comercio en el país.
El agro aparece como uno de los sectores más sensibles a este nuevo escenario. La suba de los fertilizantes, los mayores costos de flete y la volatilidad internacional impactan de manera directa sobre los márgenes productivos, pero al mismo tiempo abren oportunidades en precios y demanda externa.
En paralelo, la energía, el frente financiero y la dinámica inflacionaria configuran un cuadro más complejo. La Argentina combina ventajas estructurales, como su capacidad exportadora, con fragilidades vinculadas a la dependencia de insumos importados y a su macroeconomía.
El resultado es un escenario mixto: hay sectores que pueden capitalizar la crisis global y otros que enfrentan mayores presiones de costos y riesgo.
Agro: suben los costos, pero también los precios y la demanda
El impacto más inmediato se da en los mercados agrícolas. El conflicto afecta la oferta global. La región del Golfo concentra una porción relevante de la producción de urea y otros nutrientes, y las restricciones logísticas o productivas generan tensión sobre los precios. A esto se suma la decisión de China de restringir exportaciones para proteger su mercado interno.
Al mismo tiempo, los fletes marítimos se dispararon por el virtual cierre del Estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde circula cerca del 20% del comercio energético global. Esto encarece las exportaciones y complica la planificación comercial.
Sin embargo, el impacto no es solo negativo. La suba de la energía empuja también a los commodities agrícolas. Los precios internacionales de la soja y el maíz registran subas, con avances cercanos al 5% en lo que va del conflicto.
Según un informe de Dante Romano, del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral, la suba de la energía y las disrupciones logísticas impulsaron los precios de los granos y reconfiguraron las expectativas globales. “El conflicto bélico pasó a dominar los mercados en general, y su influencia en los granos es innegable”, explicó.
Los datos de su último informe muestran que el petróleo Brent llegó a superar los US$119 en los momentos de mayor tensión, mientras que la volatilidad creció 19%, el gas natural avanzó 9% y la urea 7%. En paralelo, los commodities agrícolas subieron cerca de 3% y los fondos aumentaron su posición comprada en 6,5 millones de toneladas.
El salto del Brent a US$109 semanal impulsó subas en fertilizantes y gas, mientras los fondos elevaron su exposición a materias primas agrícolas como refugio ante la incertidumbre .
En ese contexto, el mercado global empieza a tensionarse. El Consejo Internacional de Granos proyecta menor producción de maíz y trigo para la campaña 2026/27, con demanda firme y stocks más ajustados. En soja, aunque la producción crece, la mayor molienda mantiene niveles de existencias relativamente bajos.
En la Argentina, el maíz se posiciona como el cultivo más dinámico. La cosecha supera el 17% con rindes de 84 qq/ha, un 17% por encima del año pasado. Sin embargo, las lluvias demoran la recolección y coinciden con una demanda externa sostenida, lo que genera presión alcista en los precios.
“Si la cosecha se retrasa y coincide con el inicio de la soja, puede haber faltantes temporales de maíz y subas adicionales”, explicó Romano.
En soja, las trabas en Brasil —tanto climáticas como fitosanitarias— desvían demanda hacia la Argentina, mientras los precios de aceite y harina mejoran la capacidad de pago de la industria. A nivel local, el 81% de los cultivos se encuentra en condición normal a excelente, con mejoras recientes.
El trigo, en tanto, muestra un mercado con stocks todavía elevados, pero cada vez más concentrados en China, lo que reduce la oferta disponible real y aumenta la volatilidad potencial.
En este contexto, los fondos de inversión incrementaron su exposición en granos como cobertura frente a la volatilidad global, lo que refuerza la tendencia alcista.
El mercado global, además, empieza a mostrar señales de mayor ajuste. Las proyecciones apuntan a una menor producción de maíz y trigo, con stocks que, si bien siguen en niveles relativamente altos, comienzan a reducirse en relación con la demanda.
Energía: riesgo inflacionario y oportunidad exportadora
El canal energético es el otro eje central. La suba del crudo tiene impacto directo sobre precios internos, costos logísticos y expectativas inflacionarias.
“El Estrecho de Ormuz concentra cerca del 20% de la oferta energética mundial. Cualquier afectación tiene un impacto inmediato sobre los precios”, explicó Carlos Mendizábal, del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
En el corto plazo, si el conflicto se mantiene acotado, el traslado a surtidores podría ser limitado. Pero en un escenario más prolongado, el impacto sería más amplio.“Es probable que se trasladen mayores precios a los combustibles y aparezcan presiones inflacionarias”, advirtió.
Un informe del IERAL agrega que este shock complica el “trilema” económico local: acumular reservas, bajar la inflación y sostener la actividad. La suba del riesgo país y la persistencia de expectativas inflacionarias muestran un escenario más exigente.
Al mismo tiempo, aparece una oportunidad estructural. La Argentina ya es autosuficiente en petróleo y podría beneficiarse de precios internacionales más altos, con mayores exportaciones, ingreso de divisas y regalías provinciales.
En gas, el escenario es más sensible. Los ataques a infraestructura en Qatar e Irán encendieron alertas sobre el suministro global. “Se empieza a descontar una posible restricción física de oferta”, señaló Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la casa de altos estudios.
En ese contexto, Vaca Muerta gana relevancia como proveedor alternativo en un mundo que empieza a priorizar la seguridad de suministro.
Mercados financieros: dólar fuerte y tasas en alza
El impacto también se extiende al frente financiero. La suba del petróleo refuerza expectativas de inflación global y presiona al alza las tasas de interés.
Un informe de Balanz muestra que los precios de la energía lideran las subas con incrementos de hasta 31,9% en el índice del sector, mientras el dólar se fortalece frente a otras monedas.
Ese movimiento genera salida de capitales de mercados emergentes y encarece el financiamiento externo. Para la Argentina, implica mayor presión sobre la tasa local, el tipo de cambio y el nivel de actividad.
Además, el contexto global más adverso se combina con vulnerabilidades internas. El riesgo país se mantiene elevado y las expectativas de inflación siguen en torno del 36% anual .
Un escenario abierto: entre oportunidad y fragilidad
La guerra en Medio Oriente reconfigura el tablero económico global y coloca a la Argentina frente a un escenario ambivalente.
El agro y la energía pueden beneficiarse de precios más altos y de una mayor demanda internacional, pero al mismo tiempo enfrentan mayores costos y restricciones operativas.
La macroeconomía, en tanto, queda expuesta a presiones adicionales: inflación, tasas más altas y volatilidad financiera.
El balance final dependerá de dos factores clave: la duración del conflicto y la capacidad local para aprovechar las oportunidades sin que los desequilibrios internos


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