
Patricia no descarta jugar sola en 2027 y crece la tensión con LLA

Uno de los puntos que más malestar genera es la dificultad permanente para posicionar dirigentes de su confianza en lugares clave de la gestión. Nombres como Gerardo Milman, Monteoliva —actual secretaria de Seguridad—, Diego Valenzuela y varios diputados provinciales debieron aceptar lugares secundarios dentro del armado libertario, incluso detrás de figuras sin experiencia política consolidada.
En ese contexto, dentro del bullrichismo no cayó bien que varios dirigentes quedaran subordinados a Agustín Romo, a quien en el sector consideran un dirigente sin volumen propio y con escasa capacidad política para conducir. “La política real no tolera improvisados”, repiten cerca de la ministra, en referencia a lo que interpretan como una conducción poco profesional dentro del espacio.
Otro foco de conflicto se dio en la Ciudad de Buenos Aires con el caso Adorni. Para entender la tensión hay que mirar hacia atrás. Bullrich buscaba posicionarse como candidata de La Libertad Avanza en CABA, pero el armado de Karina Milei avanzó por otro carril. La foto de Pilar Ramírez —principal armadora libertaria en la Ciudad— junto a Manuel Adorni fue leída como una señal directa de desplazamiento.
El ex vocero presidencial, con escasa experiencia de gestión, fue impulsado como candidato a legislador y luego aceptó ocupar un cargo en el Ejecutivo, decisión que generó críticas incluso dentro del electorado porteño que lo había acompañado en las urnas. En el entorno de Bullrich consideran que ese episodio mostró con claridad que las decisiones políticas no pasan por consensos sino por imposiciones, y que el lugar que le dan dentro del esquema oficial está lejos del que le prometieron.
Frente a este escenario, empieza a instalarse una pregunta que ya circula en el mundo político: ¿por qué Patricia no puede jugar sola?
Si el gobierno de Javier Milei no logra mejorar la situación social y económica, en el bullrichismo creen que la senadora podría capitalizar los cambios impulsados desde su área y presentarse como la garante de un gobierno no peronista con capacidad de orden y gestión.
Quienes la conocen sostienen que Bullrich siempre se caracterizó por su flexibilidad política y por su capacidad de reinventarse, pasando de la militancia setentista a convertirse en una de las principales referentes de la derecha argentina. Esa trayectoria, lejos de ser vista como una debilidad, hoy aparece como una carta a favor para construir una candidatura propia si el vínculo con el oficialismo termina de romperse.
Por ahora no hay definiciones, pero en el entorno de la ministra aseguran que la decisión dependerá de una sola cosa: si dentro del gobierno le siguen cerrando la puerta, Patricia no tendrá problema en abrir la suya.


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