
Inflación en baja, malestar persistente: la brecha entre los números oficiales y la economía real

Según datos del INDEC, en diciembre de 2025 la inflación mensual fue del 2,8% y la variación interanual alcanzó el 31,5%, consolidando una tendencia descendente respecto de los picos registrados en años anteriores. Sin embargo, esa baja aún no se traduce en alivio concreto para la mayoría de la población. De acuerdo con el relevamiento de RZ Consultora, el 65% de los mendocinos afirma que la inflación impactó “mucho” o “bastante” en su economía personal durante los últimos 30 días.
El informe pone el foco en una clave central para entender esta contradicción: la composición de los aumentos de precios. Mientras el promedio general desacelera, los mayores incrementos se concentran en rubros rígidos y no postergables. Vivienda y servicios encabezan el ranking de los aumentos que más afectan a la población, señalados por casi el 53% de los encuestados. Muy por detrás aparecen el transporte (11,44%) y las comunicaciones (10,17%), todos gastos esenciales que impactan de manera directa y constante en el bolsillo.
Esta dinámica explica por qué la inflación “baja” no se siente. Los aumentos recaen sobre alquileres, tarifas, transporte y servicios básicos, generando una sensación de asfixia económica que no se compensa con eventuales estabilizaciones en otros rubros. En términos simples, el promedio mejora, pero el golpe sigue estando donde más duele.
El malestar también se refleja con claridad en los hábitos de consumo. El estudio muestra un comportamiento marcadamente defensivo por parte de la sociedad: reducción de salidas a restaurantes, menos actividades recreativas y postergación de viajes o vacaciones. Incluso frente a medidas puntuales del Gobierno nacional, como la eliminación de aranceles a la importación de celulares, predomina la cautela. Aun cuando los precios puedan bajar, una parte significativa de los encuestados no se muestra decidida a realizar compras importantes en el corto plazo.
Este clima de prudencia contrasta con el discurso oficial. El presidente Javier Milei aseguró que para agosto de 2026 la inflación será “cero coma algo”, pero el informe revela un escepticismo extendido sobre la posibilidad de que esa promesa se traduzca rápidamente en una mejora de la situación económica personal. La expectativa social sigue marcada por la incertidumbre y la necesidad de priorizar gastos básicos.
Desde una perspectiva política y comunicacional, el diagnóstico es claro: los datos oficiales y la percepción ciudadana no se contradicen, sino que describen dos dimensiones distintas del mismo fenómeno. La macroeconomía muestra signos de estabilización, pero la microeconomía doméstica continúa bajo presión. Para que la desaceleración inflacionaria sea socialmente validada, deberá reflejarse en una mejora concreta de los gastos esenciales del hogar.
En definitiva, el informe de RZ Consultora pone en evidencia un desafío clave para la gestión pública: no alcanza con mostrar números a la baja si la vida cotidiana sigue marcada por el ajuste, la contención del consumo y la sensación de que llegar a fin de mes continúa siendo una carrera cuesta arriba.


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