
Una victoria modesta

Las negociaciones por el presupuesto anual en la provincia de Buenos Aires suelen ser cruentas. Esta vez no fue la excepción. La Legislatura bonaerense aprobó muy tarde por la noche, en una doble sesión cuya concreción estuvo en duda hasta último momento, dos de los tres proyectos de ley que el gobernador Axel Kicillof había enviado: el del presupuesto en sí y el de ley fiscal impositiva.
Son proyectos que vienen en tándem, que se tratan y se aprueban en conjunto, porque la previsión de ingresos y gastos requiere de un esquema para que los ingresos se acerquen a los esperados, y en un país con alta inflación como la Argentina eso implica estar revisando todo el tiempo la cuestión impositiva.
Para Kicillof, se trata de una victoria, porque es la primera vez en tres años que logra tener una ley de presupuesto (y la fiscal que la acompaña). En los dos años anteriores, las fricciones internas y externas lo hicieron imposible, y tuvo que prorrogar el último presupuesto aprobado, es decir, el de año 2023. Un presupuesto para otra provincia, ubicada en otro país.
Para lograr esa victoria el gobernador tuvo que recurrir a una medida insólita. La oposición reclamaba para sí una cantidad de puestos en posiciones deseables. En primer lugar, a los cuatro sitios vacantes en la Suprema Corte de Justicia. Como Kicillof no está dispuesto a entregar esas sillas, decidió crear cuatro nuevas en otro lado. ¿Dónde? En el directorio del Banco de la Provincia de Buenos Aires (BAPRO).
Allí recalarán representantes de distintos espacios, a cambio de su apoyo en el recinto. (No hablamos de los propios legisladores, claro, sino de personas propuestas por los respectivos espacios.) Ya había una negociación en curso por bancas en el directorio, pero como no alcanzaban, el gobernador ofreció habilitar más, de modo de contentar a todos.
Dejando aparte las consideraciones sobre la calidad de una democracia en la que las leyes importantes se negocian entregando puestos de alta remuneración y baja conflictividad, la victoria de Kicillof resulta bastante modesta, considerando que debió dar el brazo a torcer en un punto clave, diríamos el más importante para él y su gobierno.
En efecto, ya habíamos señalado por aquí que al mandatario no le representa grandes problemas gobernar con un presupuesto prorrogado; es más, en cierto sentido le conviene. La excusa de no tener un presupuesto decente para el año que se está atravesando lo obliga a reasignar partidas según sea necesario, y eso le da una discrecionalidad que resulta más beneficiosa que perjudicial. Es lo mismo que viene haciendo Javier Milei en la Nación, aunque con otro estilo y por motivos un tanto diferentes.
No, el problema es otro: es que el paquete de leyes que el Ejecutivo buscaba aprobar tenía tres elementos, no dos. Al presupuesto y a la propuesta de ley fiscal se sumaba un tercer proyecto, el de una ley de financiamiento que básicamente consiste en que la Legislatura autorice al gobierno a tomar deuda en el exterior.
La apuesta de Kicillof, justificada en base a la asfixia que Buenos Aires sufre a manos del gobierno nacional, es mucho más potente que la del año pasado, cuando también envió un proyecto de financiamiento que suponía endeudar a la Provincia por mil millones de dólares, para pagar deuda que ya había contraído el gobierno de María Eugenia Vidal. Ahora pide mucho más. Pretende que la Legislatura autorice a la Provincia a tomar deuda por casi 3700 millones. Un número que, si bien es muy inferior al endeudamiento de la Nación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Tesoro norteamericano, China y otras fuentes, no deja de ser una friolera.
Y ahí es donde está el meollo de la cuestión. Porque el apoyo que a duras penas logró el gobernador para los otros dos proyectos no alcanza para éste (requiere dos tercios de los votos en la Legislatura, así que no le alcanza con lo que tiene).
El tiempo corre y Kicillof quiere que la autorización para el endeudamiento salga pronto. Pero los legisladores, ante la imposibilidad de cerrar un acuerdo ayer, dejaron el tema fuera de las sesiones en Diputados y el Senado y se proponen tratarlo el viernes. En este día y medio el gobernador deberá sumar voluntades en ambos recintos. Cosa difícil considerando que lo que ya tuvo que entregar no fue suficiente.


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