
La comunicación simbólica del Presidente en clave de construcción política

El discurso político del ejecutivo nacional responde a la arquitectura de un relato arquetípico dicotómico donde los cimientos se basan en la construcción de un enemigo bajo un estilo confrontativo como metodología. Hemos escuchado hablar de enemigos como los “zurdos” o el “anterior gobierno”, generando amor y odio a través de sus intervenciones en redes sociales. Sus amigos por otro lado, como el presidente de Estados Unidos, se encuentran en lugar aspiracional para el presidente, que detenta un posicionamiento lábil e inestable.
Este marco discursivo simbólico con un eje centrado en la libertad, posee grandes contradicciones. La libertad para el ejecutivo, tiene identificaciones con una distancia exagerada a la propuesta por la Constitución Nacional, como el derecho a la protesta y la libre expresión. Se encuentran grandes diferencias subyacentes como el antagonismo a la interpretación de derechos. Muestra de estos postulados la encontramos en las marchas realizadas por jubilados a las que se sumaron otros grupos sociales, generando en la primera, detenidos y heridos, con gran presencia policial; y en la segunda mensajes de amedrentamiento como sucedió en Trenes Argentinos.
En el mismo se podía leer en la cartelería “La policía va a reprimir cualquier atentado contra la República”. El entendimiento nuevamente de esta frase connota como significado simbólico y contextual; en primer lugar, que el derecho a la protesta, aunque siendo constitucional, no se respeta íntegramente. En segundo lugar, el intento de disciplinamiento dejando de manera explícita la intención de reprimir bajo pretexto de una “amenaza de atentar contra la República”. Simbólicamente son expresiones y manifestaciones de gran envergadura que posicionan bajo una diferenciación categórica un discurso de amigo enemigo.
Es claro que mediante la comunicación el presidente ejerce una persecución ideológica en términos de hostigamiento hacia actores sociales con notables diferencias de pensamiento. Es por ello que también las marchas se han convertido en enemigas; las universitarias, las de los jubilados, sectores vulnerables que encuentran lugares comunes como la calle para defender ideas y realidades. No cabe duda que la comunicación política es una forma de construcción (a veces bajo amenaza), subjetiva y objetiva, de distintos escenarios donde se producen encuentros, y también, desencuentros.


Escribe Oberdán Rocamora


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