
La hora de los intendentes: reelección, sucesores y la carrera por gobernar Buenos Aires

La campaña bonaerense de 2027 todavía no comenzó formalmente, pero en los municipios las decisiones ya están en marcha. El límite a las reelecciones consecutivas, la imposibilidad de Axel Kicillof de competir por un nuevo mandato como gobernador y la interna que atraviesa al peronismo aceleraron los movimientos de los intendentes, obligados a definir qué lugar quieren ocupar en la próxima etapa.
Ya no se trata solamente de administrar los distritos. Los jefes comunales comenzaron a resolver si concentrarán sus esfuerzos en permanecer en el poder, si intentarán garantizar la continuidad de sus proyectos mediante un sucesor o si utilizarán el peso territorial acumulado para proyectarse hacia la Gobernación.
La provincia de Buenos Aires empieza así a dividirse entre tres grandes estrategias.
Los que todavía apuestan a quedarse
El primer grupo está integrado por los intendentes que mantienen abierta la expectativa de volver a competir en sus municipios. Para lograrlo necesitan que la Legislatura bonaerense modifique la normativa vigente o que la Justicia declare inválido el límite a los mandatos consecutivos.
La ley permite actualmente dos períodos seguidos y deja sin posibilidades de presentarse en 2027 a 80 intendentes, casi el 60 por ciento de los 135 jefes comunales bonaerenses. De ese total, 51 pertenecen al peronismo, 16 a la Unión Cívica Radical, siete al PRO, cinco a fuerzas vecinales y uno a La Libertad Avanza.
Entre los dirigentes alcanzados por la restricción aparecen varios de los intendentes con mayor peso territorial del peronismo, como Mariano Cascallares, Jorge Ferraresi, Mario Secco, Fernando Gray, Fernando Espinoza, Andrés Watson y Fabián Cagliardi. También están Gustavo Menéndez, Ariel Sujarchuk, Mariel Fernández, Lucas Ghi y Julio Zamora.
Para muchos de ellos, la reelección no es únicamente una cuestión personal. Mantener la intendencia significa conservar estructura, recursos políticos, representación legislativa y capacidad de negociación dentro del peronismo bonaerense.
Por eso, el reclamo por modificar la ley se convirtió también en una pieza de la disputa interna entre Axel Kicillof, La Cámpora y el Frente Renovador. Los intendentes alineados con el gobernador son quienes impulsan con mayor decisión la reforma, mientras que el massismo sostiene su rechazo y los sectores vinculados a Máximo Kirchner condicionan cualquier acuerdo a una negociación política más amplia.
La posibilidad de permanecer depende, entonces, de una discusión que excede a los municipios. La reelección de los intendentes quedó atada a las candidaturas provinciales, al calendario electoral y al reparto de poder dentro del peronismo.
Los que preparan la sucesión
El segundo grupo ya empezó a asumir que la ley difícilmente cambie y trabaja para que el apellido, el espacio político o el equipo de gobierno permanezcan en el municipio después de 2027.
La sucesión se convirtió en una prioridad porque un intendente que no ordena a tiempo su reemplazo corre el riesgo de perder el territorio y, con él, buena parte de su influencia provincial.
Las estrategias son diversas. Algunos buscan instalar dirigentes surgidos de sus gabinetes; otros recurren a figuras familiares; y también están quienes evalúan encabezar las listas de concejales para traccionar votos y garantizar el triunfo del candidato elegido.
En Avellaneda, Jorge Ferraresi dejó la conducción municipal en manos de Magdalena Sierra, jefa de Gabinete y dirigente central de su estructura política. En Tigre, Julio Zamora trabaja sobre la instalación de Gisela Zamora como posible continuadora. En Moreno, Mariel Fernández posiciona a Emmanuel Fernández, presidente del Concejo Deliberante, mientras que en Ensenada Mario Secco impulsa la construcción política de su hijo Nicolás Secco.
La aparición de esposas, hijos, hermanos y funcionarios de máxima confianza expresa una característica histórica del poder municipal: los intendentes pueden abandonar formalmente el cargo, pero no necesariamente están dispuestos a perder el control político del distrito.
La discusión sobre los sucesores no será sencilla. Una cosa es transmitir autoridad dentro de una estructura partidaria y otra muy distinta transferir los votos personales acumulados durante años. El principal desafío será demostrar que los proyectos municipales pueden sobrevivir al liderazgo que los construyó.
Por eso, durante los próximos meses crecerán la exposición de funcionarios, las recorridas territoriales, los actos compartidos y la delegación de responsabilidades. Cada fotografía y cada anuncio de gestión funcionarán también como una señal de quién fue elegido para continuar.
Los que miran la Gobernación
El tercer grupo está integrado por intendentes que interpretan el límite a las reelecciones como una oportunidad para dar un salto provincial.
La imposibilidad de Kicillof de competir por otro mandato consecutivo abre una carrera que atraviesa a todos los sectores del oficialismo. No existe todavía un candidato indiscutido y los intendentes consideran que su experiencia territorial puede transformarse en una plataforma para disputar la sucesión.
El movimiento más claro fue el de Jorge Ferraresi. El dirigente de Avellaneda dejó la gestión municipal para concentrarse en las recorridas por la provincia, fortalecer el Movimiento Derecho al Futuro y comenzar a posicionarse como una opción para la Gobernación. Su salida del municipio confirmó que la sucesión bonaerense dejó de ser una hipótesis lejana para convertirse en una construcción concreta.
También Mariel Fernández aparece entre las dirigentes que evalúan competir por la candidatura a gobernadora. Su posicionamiento combina gestión municipal, vínculo con organizaciones sociales y participación en las discusiones nacionales del peronismo.
A esos nombres se sumarán otros intendentes con experiencia, volumen electoral y capacidad de interlocución con distintos sectores. Algunos buscarán directamente la Gobernación; otros intentarán instalarse para negociar una vicegobernación, un ministerio provincial, una candidatura legislativa nacional o un lugar determinante en el armado de 2027.
Para los jefes comunales, el salto provincial presenta una ventaja y un riesgo. La ventaja es que pueden exhibir gestión y conocimiento del territorio. El riesgo es que la provincia de Buenos Aires no es una suma automática de municipios: exige penetración en el interior, conocimiento en las ocho secciones electorales y capacidad para construir una identidad que supere los límites del distrito propio.
La disputa detrás de las candidaturas
La carrera de los intendentes no puede separarse de la interna del peronismo. Kicillof les pidió a los dirigentes de su espacio que fortalezcan los armados municipales y dejó abierta la posibilidad de dirimir las candidaturas mediante una competencia interna en 2027.
Para el gobernador, los intendentes representan la estructura necesaria para sostener su proyecto nacional. Para La Cámpora, son actores territoriales que pueden modificar la correlación de fuerzas dentro del movimiento. Para el Frente Renovador, el debate sobre las reelecciones y las sucesiones también forma parte de la negociación por el futuro liderazgo provincial.
En ese escenario, cada intendente deberá tomar una decisión que tendrá consecuencias más allá de su municipio.
Quedarse significa defender la continuidad personal y apostar a una reforma legal incierta.
Designar un sucesor implica arriesgarse a que el liderazgo no pueda transferirse completamente.
Competir por la Provincia obliga a abandonar la comodidad territorial y medirse en un escenario mucho más amplio, fragmentado y competitivo.
El nuevo mapa del poder bonaerense
Las elecciones de 2027 pueden producir uno de los mayores recambios municipales desde el retorno de la democracia. Decenas de intendentes que durante años fueron la referencia excluyente de sus distritos podrían quedar fuera de las boletas locales.
Ese cambio no necesariamente significará el final de sus carreras. Muchos buscarán convertirse en legisladores, ministros, candidatos provinciales o conductores políticos desde fuera de las intendencias.
Pero el proceso ya comenzó a modificar el mapa del poder.
La pregunta dejó de ser únicamente quién gobernará cada municipio. Ahora también importa quién conservará la estructura, quién podrá transferir sus votos y qué intendente conseguirá transformar su gestión local en un proyecto para conducir la provincia de Buenos Aires.
En los distritos, la sucesión ya está en marcha. Y mientras la Legislatura demora una definición sobre las reelecciones, los intendentes empiezan a actuar como si el tiempo político se hubiera terminado.


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