
Adorni le reza a la agenda pública y se aferra al cargo: tensión interna, auditorías caseras y el escudo de Karina

Fuentes del entorno libertario le confiaron a POLITICAR que Adorni no logra entender cómo su carrera dentro del gobierno de Javier Milei puede quedar en riesgo por situaciones que, en términos de la política tradicional, serían consideradas menores.
“Está preocupado de verdad, no puede creer que todo se le complique por algo tan simple para la vara política argentina”, aseguran desde Balcarce 50.
La inquietud llegó a tal punto que, siempre según las mismas fuentes, el vocero ordenó una especie de auditoría interna casera sobre sus propios movimientos, sus vínculos personales y todo lo relacionado con su familia, con el objetivo de detectar posibles situaciones que puedan convertirse en un problema público. La decisión refleja el nivel de alarma que se vive en su entorno más cercano.
Dentro de la mesa chica del Gobierno, sin embargo, el tema no es nuevo. Dirigentes que participan del círculo más reducido admiten que desde hace tiempo se comentaba el uso frecuente de autos oficiales para traslados personales, en especial hacia la casa del country, y también llamaba la atención el crecimiento económico de su entorno en un período muy corto.
Aun así, nadie avanzaba. La razón era política: Adorni siempre fue considerado un hombre protegido por Karina Milei, y ese respaldo lo mantenía a salvo de cuestionamientos internos.
El problema es que la situación ahora dejó de ser solamente de Adorni.
En el armado libertario entienden que si el vocero cae, la presión se trasladará directamente hacia Karina Milei, quien fue la principal impulsora de su llegada al lugar que ocupa hoy. Por eso, en el karinismo ya se analiza un escenario defensivo: si hay que mover a Adorni, deberá ser reemplazado por alguien del mismo entorno, para evitar que el golpe político impacte sobre la secretaria general.
“Karina sabe que si lo corre a Adorni, después van por ella”, deslizó un dirigente con acceso al despacho presidencial.
Por eso, dentro del oficialismo empiezan a repetir una definición que resume el momento:
Adorni hoy no es solo el vocero, es el escudo.
La incógnita es cuánto tiempo más podrá sostenerse ese escudo si la agenda de la semana deja de ser controlable. En la Casa Rosada todos miran lo mismo: que no aparezca el tema equivocado en el momento equivocado. Porque esta vez, admiten incluso los propios, el margen para resistir es mucho más chico que antes.


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