
Perú al borde del vacío institucional: la caída de José Jerí y la normalización de la inestabilidad
Alfredo Atanasof
Del presidencialismo al parlamentarismo de facto: la mutación política peruana
Jerí, presidente interino desde octubre, apenas permaneció 130 días en el cargo. Su salida fue precipitada por acusaciones de reuniones clandestinas con empresarios chinos y otros escándalos que alimentaron el desgaste político. Sin embargo, más allá de los episodios puntuales, su caída responde a una lógica más profunda: el uso cada vez más flexible de los mecanismos de vacancia presidencial y la consolidación de un Congreso con poder de facto para designar y remover jefes de Estado.
Un parlamentarismo de hecho
La crisis política peruana no es nueva. Desde la ajustada victoria de Pedro Pablo Kuczynski en 2016, enfrentado a un Congreso dominado por Keiko Fujimori, el equilibrio institucional comenzó a inclinarse hacia el Legislativo. Lo que originalmente era un régimen presidencialista derivó, en la práctica, hacia un esquema cercano a un parlamentarismo informal, donde el Ejecutivo depende de la tolerancia política del Congreso para sobrevivir.
Mandatos breves, crisis permanente: la fragilidad estructural peruana
El propio Congreso que destituyó en octubre a Dina Boluarte por su gestión de la crisis de seguridad, fue el mismo que elevó a Jerí y ahora lo aparta del cargo. La lógica no es programática, sino coyuntural y electoral: más de la mitad de los legisladores buscan la reelección y procuran despegarse de cualquier figura que erosione su capital político.
La figura de la “vacancia por incapacidad moral”, originalmente pensada como mecanismo excepcional, se ha convertido en una herramienta política ordinaria.
Fragmentación y precariedad partidaria
El problema de fondo no se limita a una pugna entre poderes. Perú enfrenta una crisis de representación profunda. Presidentes con escaso respaldo parlamentario, partidos débiles y coaliciones efímeras han convertido la gobernabilidad en una negociación permanente entre facciones.
Cuando el Congreso gobierna: la singular deriva institucional de Perú
El antecedente más ilustrativo fue la elección de 2021, cuando Pedro Castillo pasó a segunda vuelta con apenas el 19% de los votos y Keiko Fujimori con el 13%. Mandatos débiles desde el origen, con mínima legitimidad electoral y escasa capacidad de tejer alianzas sólidas.
La consecuencia es una política de corto plazo, dominada por cálculos inmediatos y supervivencia institucional.
Economía resiliente, política frágil
Paradójicamente, mientras el sistema político se muestra inestable, la economía peruana ha mantenido cierta solidez. En 2025 el país creció un 3,4%, incluso tras haber tenido dos presidentes en un mismo año. La continuidad de Julio Velarde al frente del Banco Central desde 2006 es vista como un ancla de estabilidad macroeconómica que trasciende las crisis políticas.
Inestabilidad crónica en Lima: ¿puede la economía resistir al caos político?
Esta dualidad —economía resistente, política volátil— convierte a Perú en un caso singular en la región. Sin embargo, la estabilidad macro no reemplaza la capacidad de diseñar políticas públicas sostenidas. La rotación constante de ministros y gabinetes limita cualquier estrategia de largo plazo.
Elecciones bajo la sombra del Congreso
En apenas dos meses, los peruanos elegirán presidente y renovarán el Congreso bajo el esquema de bicameralidad recientemente reinstaurado. Lejos de alterar el proceso electoral, la caída de Jerí parece haber sido absorbida por la dinámica de campaña. Para muchos analistas, su destitución fue, en esencia, un movimiento electoral más.
Perú, la excepción latinoamericana: crecimiento económico con colapso político
El problema es más profundo: la normalización de la excepcionalidad. Perú ha aprendido a funcionar sin estabilidad presidencial. Pero cada destitución erosiona un poco más la legitimidad del sistema y refuerza la percepción de que el poder real reside en un Congreso fragmentado y guiado por intereses inmediatos.
La pregunta no es quién será el próximo presidente, sino cuánto durará.


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