¿Y ahora qué? El ataque de Trump a Irán y los escenarios que se abren para el mundo

El bombardeo estadounidense contra Irán, ordenado por el presidente Donald Trump, marca un punto de inflexión en la política internacional contemporánea. En un mundo ya sacudido por conflictos prolongados y liderazgos agresivos, el regreso de Trump a la Casa Blanca añade un nuevo capítulo de incertidumbre. Esta vez, el magnate republicano ha cruzado una línea que sus antecesores —republicanos y demócratas por igual— habían evitado por décadas: un ataque directo y no provocado a territorio iraní.

POLÍTICA INTERNACIONAL23 de junio de 2025Alfredo AtanasofAlfredo Atanasof
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Nuevo ciclo de inestabilidad en Medio Oriente

La narrativa oficial de la Casa Blanca apuesta a una rendición del régimen iraní frente a su evidente inferioridad militar, ya demostrada en los enfrentamientos con Israel en 2024. Pero esa opción, más deseada que realista, parece lejana. Las perspectivas más plausibles apuntan a represalias iraníes, escaladas regionales y un nuevo ciclo de inestabilidad en Medio Oriente.

El precio de la represalia

Irán dispone de múltiples herramientas para responder: ataques convencionales a bases estadounidenses en la región, acciones asimétricas, ciberataques, sabotajes a la navegación en el Golfo Pérsico o incluso el uso de milicias aliadas en países como Siria, Irak o el Líbano. Ninguna de estas acciones igualará el poder de fuego estadounidense, pero podrían desatar una espiral que escape al control de ambas partes.

El colapso del régimen Irani es una aspiración poco probable

Un escenario de represalia limitada podría abrir espacio para una desescalada gradual. Pero las apuestas son altas. Trump, al igual que Netanyahu, parece contemplar un objetivo más ambicioso: el colapso del régimen iraní. Sin embargo, esa posibilidad —por más deseable que luzca para ciertos sectores— no necesariamente implica una transición hacia la democracia o la estabilidad. Más bien, podría derivar en una guerra civil prolongada, fragmentación territorial y una nueva crisis de refugiados, con ecos de lo ocurrido en Siria.

Proliferación nuclear: el riesgo que crece

Más allá de Irán, el ataque estadounidense erosiona gravemente la arquitectura global de no proliferación nuclear. Si Teherán decide abandonar el Tratado de No Proliferación (TNP) —como ya amenazan algunos sectores del régimen—, la apuesta por dotarse del arma nuclear se transformará en una cuestión de supervivencia para un Estado que ha sido atacado sin provocación.

La acción de Trump puede acelerar la carrera armamentística

El mensaje es claro: los países que no tienen armas nucleares pueden ser atacados; los que sí las tienen, como Corea del Norte, no lo son. Esa lógica refuerza un incentivo peligroso en un mundo ya tensionado. La acción de Trump, más que debilitar la carrera armamentística, puede acelerar su propagación.

El fantasma de la guerra sin control democrático

Además, la legalidad del ataque es cuestionable. La Constitución de Estados Unidos exige autorización del Congreso para lanzar una guerra, algo que Trump ha ignorado al justificar la operación como una “acción limitada”. Sin embargo, los analistas coinciden: no fue una respuesta a una agresión ni un acto defensivo. Se trata de un precedente preocupante de uso unilateral de la fuerza por parte de la mayor potencia militar del planeta, sin control democrático ni consenso internacional.

Una bomba geopolítica de tiempo

El ataque a Irán no solo amenaza con sumir a Medio Oriente en una nueva ola de violencia. También reconfigura los equilibrios globales. Europa observa con alarma, China y Rusia evalúan sus próximas jugadas, y el resto del mundo intenta procesar las implicancias de una acción que desafía las reglas básicas del orden internacional. La posibilidad de un conflicto prolongado, el debilitamiento de los acuerdos de no proliferación, y la pérdida de credibilidad del derecho internacional son parte de un cóctel explosivo que puede marcar los próximos años.

Medio oriente vuelve a estar al borde del abismo

Estados Unidos ha optado por una vía de fuerza que parece tener más que ver con la política interna de su presidente que con una estrategia de largo plazo. El costo, como suele ocurrir, será global. Medio Oriente vuelve a estar al borde del abismo. Y el mundo, una vez más, se asoma al precipicio sin un plan claro para evitar la caída.

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