EE. UU. en ebullición

Una ola de indignación recorre Estados Unidos. Bajo el lema “No Kings”, millones de personas salieron a las calles este sábado 14 de junio para rechazar lo que consideran una deriva autoritaria del gobierno de Donald Trump. La protesta, que coincidió con el cumpleaños del presidente, se convirtió en una expresión masiva de rechazo a sus políticas migratorias, su militarización del espacio público y su creciente desprecio por los contrapesos democráticos.

POLÍTICA INTERNACIONAL22 de junio de 2025Alfredo AtanasofAlfredo Atanasof
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La movilización cruzó generaciones, religiones y nacionalidades

Desde Los Ángeles hasta Filadelfia, pasando por Nueva York, Miami, Houston y Chicago, la movilización cruzó generaciones, religiones y nacionalidades. Las calles se llenaron de pancartas, símbolos de resistencia, y voces que gritaron: “¡Decimos no al fascismo!”. La elección del nombre “No Kings” (Sin reyes) no fue casual: remite al principio fundacional estadounidense de repudio a la monarquía, que muchos manifestantes consideran hoy amenazado por la figura presidencial de Trump.

De Los Ángeles a Washington: un país movilizado

En Los Ángeles, epicentro de las protestas, más de 30.000 personas se congregaron frente al Ayuntamiento, según medios locales. La ciudad había estado bajo tensión desde una redada migratoria ocurrida el 6 de junio, que dejó medio centenar de detenidos. La respuesta federal fue inmediata: Trump desplegó 2.000 efectivos de la Guardia Nacional sin autorización del gobernador ni de la alcaldía. En una ciudad con fuerte impronta demócrata y migrante, la respuesta ciudadana fue contundente.

Unidad social pocas veces vista

Durante la jornada del sábado, las marchas fueron mayoritariamente pacíficas. Activistas y organizaciones de derechos civiles denunciaron el uso desproporcionado de la fuerza, especialmente tras el uso de gases lacrimógenos por parte de la policía por la tarde. Pero el clima fue, por horas, de celebración democrática. Entre los manifestantes, se vieron desde sacerdotes hasta drag queens, en una demostración de unidad social pocas veces vista.

Testimonios de un país herido

Los relatos personales marcaron la jornada. Lily Martínez, ciudadana estadounidense de origen mexicano, resumió el sentir colectivo al declarar: “Los inmigrantes somos el corazón de Los Ángeles”. A su lado, otras voces como la de Justin Tobey, abogado californiano gay que marchó en Washington D.C., reflejaban el temor por la militarización y la represión: “Nunca vi algo así en mi vida. Es completamente desproporcionado y aterrador”.

Mientras Trump celebraba un desfile militar se sucedían las movilizaciones

En la capital estadounidense, la protesta tomó una forma particular. Mientras Trump celebraba un desfile militar sin precedentes en Washington, la organización Refuse Fascism lideró una movilización paralela que culminó frente a la Casa Blanca. Las imágenes satíricas de Trump como dictador –comparado con Hitler, Kim Jong-un o Putin– dominaron el paisaje visual de la protesta.

El autoritarismo, eje del descontento

Muchos manifestantes denunciaron que lo que está en juego es la supervivencia de la democracia estadounidense. Las críticas no se limitaron al estilo personalista de Trump, sino que apuntaron a un giro estructural: abuso del poder ejecutivo, desprecio por la ley, uso político del aparato migratorio y militarización del espacio público. Algunos, como Barbara Taushanoff, de 69 años, lo dijeron sin rodeos: “El gobierno está en venta. Trump debe enfrentar un impeachment”.

“Cuando la tiranía se convierte en ley, la rebelión es un deber”

En Miami, Columbia (Misuri) y San Francisco, también se vieron expresiones de resistencia. En el sur de Florida, los manifestantes enfrentaron amenazas de autoridades locales, pero aun así se congregaron con mensajes como “Cuando la tiranía se convierte en ley, la rebelión es un deber”.

Una advertencia para el mundo

Lo que ocurre en Estados Unidos no es un fenómeno aislado. Para los observadores internacionales, esta movilización masiva representa una advertencia: incluso en democracias consolidadas, los liderazgos autoritarios pueden encontrar cauce institucional. El movimiento No Kings denuncia precisamente eso: la normalización del autoritarismo en nombre de la “ley y el orden”.

La Democracia no se da por sentada. Se defiende

En un contexto global donde líderes populistas acumulan poder en países tan diversos como Hungría, Turquía, Rusia , El Salvador, o Argentina, las imágenes de cientos de miles de personas resistiendo en las calles de EE. UU. resuenan como un recordatorio: la democracia no se da por sentada. Se defiende.

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