
Entre el marketing de los F-16 y la crisis de la tropa: radiografía del colapso salarial y presupuestario en las Fuerzas Armadas
ACTUALIDAD19 de agosto de 2026 Por Alicia Panero
Por Alicia Panero
Desde hace más de cuarenta años, las Fuerzas Armadas son mal pagas; así lo admitió el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Gustavo Javier Valverde.
La familia militar es la casta mas antigua del país, y si hubo miseria, que no se note, siempre fue así. Pero han llegado estos oscuros tiempos, donde esa miseria no se puede disimular con una reunión de señoras para tomar el té, o una fiesta de fin de año en una unidad militar Ni para eso queda.
También reconoció, por primera vez de forma pública, que el sistema de los Hércules C-130 atraviesa grandes problemas de mantenimiento. Esto último está ligado a los problemas presupuestarios y a la situación lamentable de FAdeA, empresa que fuera estandarte industrial de Córdoba y hoy es solo una fábrica de lamentos cotidianos debido a los despidos y bajos salarios.
Si bien lo que sostiene el jefe de la Fuerza Aérea respecto de los salarios es verdad, las condiciones de miseria a las que están sometidos sus uniformados, civiles y docentes son lamentables. Lo mismo pasa en otras áreas del Estado nacional, aunque permanecen invisibilizadas porque quienes están a cargo no hablan ni montan escenas de películas taquilleras con aviones supersónicos que sí vuelven a volar.
Hoy todos los medios hablan de esto, mientras este medio lo señala desde hace más de un año. Hoy se dieron cuenta de que el discurso de la defensa es una farsa.
Asimismo, este medio viene advirtiendo sobre la situación violatoria del derecho a la salud a la que son sometidos los hombres, mujeres y sus familias desde hace dos años, un poco menos de lo que lleva esta gestión en el gobierno.
Señalamos los desfalcos del exministro Luis Petri y sus damas mendocinas ocupando cargos jerárquicos en el Ministerio de Defensa, así como sus viajes de estrella con fotógrafo personal para sostener la farsa —look incluido— de un ministro comprometido, cuando no fue más que una puesta en escena hollywoodense para él y sus secuaces, mientras se comían la obra social en esos menesteres y sobreprecios, dejándola quebrada.
Hoy la tropa pide mejoras que transmite solapadamente en cuentas donde no revelan sus nombres, porque les han prohibido quejarse en público. Esto también ha sido así desde el inicio de la democracia hasta hoy. El ministro Carlos Presti no inventó nada nuevo; solo que ahora sí se quejan, porque la situación de los bajos salarios, combinada con el endeudamiento y la falta de incentivos laborales, funciona como una bomba molotov.
Los gastos —que no son inversiones para la defensa, como una cancha de hockey sintético en una unidad militar donde juegan los amigos de una oficial del rubro contable, gente que siempre hizo la diferencia y a la que ninguna crisis alcanzó, vaya a saber por qué— costaron más de trescientos millones de pesos, en plena crisis.
Mientras tanto, en las facultades de las Fuerzas Armadas se cubren horas cátedra con militares sin historia académica, porque dinero para horas docentes concursadas no hay.
Todos los jefes se muestran orgullosos con escudos bordados (con el escaso presupuesto de la fuerza) de los aviones F-16, de los que hay merchandising de todo tipo, mientras en los comedores de tropa hay arroz y fideos.
La última jugada del ministro Presti fue intentar apagar un incendio con nafta. A través de un expediente surgido de su ministerio, se propuso pagar un suplemento a todos los militares con títulos técnicos, terciarios, de grado y de posgrado. Este beneficio favoreció mayoritariamente a los oficiales, ya que estos egresan de los institutos militares con una licenciatura que recién desde 2015 avala la UNDEF (Universidad de la Defensa Nacional).
Es decir, aquellos que la obtuvieron antes, cuando no estaba acreditada, también recibieron el beneficio. Muchos oficiales técnicos —por ejemplo, ingenieros, u otros del escalafón profesional que se sumaron a las Fuerzas Armadas por tener determinado título académico—, después de décadas dedicados a su profesión dentro de cada arma, tuvieron que volver a presentar los papeles porque no figuraban como tales en los legajos de las instituciones militares (tal vez una maniobra para achicar el número). ¿Habrá sabido el presidente de la Nación, cuando firmó este decreto emanado de Defensa, que había tantos militares titulados? Nunca lo sabremos.
Esto abre una gran brecha entre cuadros, ya que la gran mayoría de los suboficiales no tiene título de grado y el descontento es generalizado.
Es así como la reserva moral de la Nación hoy vende pizzas y empanadas, o maneja autos de aplicación. Los miembros más jóvenes, con niños pequeños, no solo padecen el alto costo de un sueldo bajo, sino también el endeudamiento bancario o con entidades fuera del circuito financiero. Según los últimos datos publicados, el 25% de las Fuerzas Armadas y de seguridad se encuentra en esas condiciones, siendo el personal del Ejército el más endeudado, en el ministerio de Defensa.
De todas formas, como sostiene el gobierno, nadie les puso una pistola en la cabeza para que lo hagan. Y si fue así, el propio gobierno los llevó a ese estado de asfixia silenciosa donde no solo se endeudan, sino que incluso ha habido casos de suicidios por la mala situación económica y un alto índice de familias separadas o rotas, porque lo militares son destinados o otras provincias y sus familias prefieren permanecer donde vivían por las mismas razones económicas, ligadas a que las mujeres trabajan.
Y mientras los oficiales formados en carreras académicas de prestigiosas universidades buscaban sus certificados analíticos para poder cobrar el plus por título, el mismo Estado nombra a Adriana Baravalle en la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación (casada con un oficial militar), cuyos títulos académicos están bajo la lupa de la opinión pública. A ella no le pidieron los analíticos.
Se duda del currículum de Adriana Baravalle debido a inconsistencias en sus títulos académicos declarados, principalmente en torno a su doctorado y a su nivel de publicaciones científicas. Los cuestionamientos específicos se centran en los siguientes puntos:
Doctorado sin aval oficial: El Gobierno la presentó oficialmente como "Doctora en Inteligencia Artificial". Sin embargo, se descubrió que dicho título proviene de la American Andragogy University (AAU), una institución virtual con sede en Hawái que no cuenta con acreditación del Departamento de Educación de los Estados Unidos ni reconocimiento oficial en América Latina. Esta entidad permite completar tesis en plazos llamativamente cortos (unas ocho semanas) y acumula antecedentes judiciales por emisión de títulos no autorizados.
Contradicción en los decretos: Mientras que los comunicados de prensa la promocionaban con el título de doctora, el Decreto 730/2026 de su nombramiento oficial la designa bajo la categoría de "magíster". Además, especialistas del sector señalaron dudas sobre si posee o no un título universitario de grado tradicional.
Baja producción científica ("floja de papers"como el presidente Milei): Miembros de la comunidad científica criticaron que, para asumir un área que gestiona organismos de máxima exigencia académica como el CONICET, Baravalle cuenta con una escasa trayectoria en publicaciones e investigaciones validadas por pares dentro de los circuitos tradicionales de la ciencia.
Modificaciones sugestivas: Tras desatarse el escándalo en redes y medios, su perfil de LinkedIn fue modificado (quitando la mención a la universidad de Hawái) y su nombre fue removido temporalmente del organigrama en el sitio web oficial del Gobierno, lo que alimentó la incertidumbre sobre su situación. A pesar de esto, el Gobierno ratificó su idoneidad basándose en sus tres décadas de docencia y su rol directivo en el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral.
Para colmo, la frutilla de este postre amargo es Paola Di Chiaro, la secretaria que debería defender Malvinas y le abre la puerta al Reino Unido.
Mientras ocupa el cargo creado para sostener el reclamo de soberanía argentina, Di Chiaro es miembro fundador de la Fundación Argentina Global que, junto a la Embajada Británica y el programa Chevening del Foreign Office, lanzó el Future Leaders Programme, una convocatoria para formar a los próximos dirigentes argentinos... en Londres.
Mientras la vicepresidenta Victoria Villarruel, desdibujada, no pudo meter la nariz en Defensa, quien era la esperanza de quienes votaron la formula en la familia militar, basando sus esperanzas en ella, aún quedan nietos putativos del Almirante Rojas, con el germen del anti-peronismo en las venas, que no son instrumento de custodia de la soberanía, porque ante cada atropello, ninguno se inmola pegando un portazo de su cargo, y asume, como mucho, unos días de arresto como castigo.
Di Chiaro nunca tomó la posta de la diplomacia pública y ciudadana que, después del Mundial, generó conciencia en los argentinos sobre la soberanía. Y aquellos herederos morales de nuestros verdaderos proceres de la libertad y la independencia, se debaten entre pagar la luz o comer carne.
Quien quiera oír, que oiga.


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