
Romo y la política de buscar culpables en lugar de resolver problemas

El diputado bonaerense Agustín Romo presentó un proyecto para arancelar la atención hospitalaria y los estudios universitarios para extranjeros que no acrediten residencia permanente. La iniciativa fue acompañada por casi todo el bloque libertario y también por el dirigente del PRO Guillermo Montenegro. El proyecto propone cobrar tanto las prestaciones sanitarias programadas como las carreras de grado en universidades provinciales para quienes no sean residentes permanentes.
Sin embargo, detrás de una consigna que puede resultar atractiva en términos de redes sociales, aparecen interrogantes mucho más profundos.
Una discusión construida sobre un enemigo conveniente
Cada vez que el Gobierno necesita reinstalar un tema identitario vuelve sobre la misma estrategia: señalar a un supuesto privilegiado que explicaría los problemas del Estado.
Antes fueron los movimientos sociales.
Después los científicos.
Más tarde las universidades.
Ahora, nuevamente, los extranjeros.
La lógica es siempre la misma: construir un adversario visible para evitar discutir las verdaderas causas del deterioro de los servicios públicos.
Porque ni los hospitales bonaerenses están en crisis por atender extranjeros ni las universidades atraviesan dificultades financieras por los estudiantes provenientes de otros países. Los problemas centrales siguen siendo el financiamiento, la infraestructura y la inversión pública.
La contradicción de un gobierno que primero ajusta y después culpa
Resulta difícil separar esta iniciativa del contexto nacional.
Mientras el Gobierno de Javier Milei redujo el financiamiento universitario y mantuvo un fuerte conflicto con el sistema público de educación superior, ahora dirigentes libertarios trasladan el debate a la Provincia intentando instalar que el problema son los estudiantes extranjeros y no el ajuste presupuestario.
La misma lógica aparece en materia sanitaria.
En lugar de discutir cómo fortalecer hospitales, mejorar salarios médicos o ampliar la capacidad del sistema, el debate se desplaza hacia quién puede o no atenderse.
Es una discusión políticamente rentable, pero muy distante de resolver los problemas reales.
Montenegro abandona el discurso de la gestión
La firma de Guillermo Montenegro tampoco pasa inadvertida.
Durante años construyó su imagen pública alrededor de la gestión, la eficiencia y la administración municipal.
Sin embargo, al acompañar esta iniciativa parece abandonar ese perfil para ingresar de lleno en la agenda de confrontación impulsada por La Libertad Avanza.
Más que aportar soluciones concretas para la salud o la educación bonaerense, la adhesión del dirigente del PRO parece responder a la necesidad de no quedar desalineado con el electorado libertario.
Es un movimiento que confirma hasta qué punto parte del PRO dejó de marcar agenda propia para comenzar a seguir la agenda que impone Javier Milei.
La política de los símbolos
El propio Romo acompañó la presentación del proyecto con mensajes de fuerte tono confrontativo en redes sociales, vinculando la iniciativa con críticas hacia extranjeros que "odian a la Argentina".
Ese lenguaje revela cuál parece ser el verdadero objetivo político.
No se trata únicamente de discutir una política pública.
Se trata de producir un símbolo.
Construir un debate emocional.
Instalar un nuevo eje de polarización.
En tiempos donde la gestión ofrece pocas respuestas frente a los problemas cotidianos, la batalla cultural vuelve a ocupar el centro de la escena.
Cuando la política deja de resolver problemas
Toda sociedad tiene derecho a debatir cómo financia sus servicios públicos y bajo qué condiciones acceden quienes no residen permanentemente en el país.
Pero ese debate exige información, estadísticas, estudios de impacto y planificación.
No slogans.
No publicaciones pensadas para viralizarse.
No discursos que convierten la nacionalidad en el centro del problema mientras se evita discutir el deterioro estructural del sistema sanitario y educativo.
Porque cuando la política reemplaza la gestión por la búsqueda permanente de enemigos, el resultado suele ser el mismo: mucho ruido, mucha confrontación y muy pocas soluciones.
Y mientras la discusión pública gira alrededor de quién merece estudiar o atenderse, los hospitales siguen esperando inversiones, las universidades continúan reclamando recursos y los bonaerenses siguen sin encontrar respuestas para los problemas que verdaderamente afectan su vida cotidiana.



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