
Alguien tiene que ceder

“Lo peor ya pasó”, dijo el presidente de la Nación, Javier Milei, durante el breve mensaje que se emitió por cadena nacional anoche, con motivo del envío del proyecto de presupuesto 2026 al Congreso. Y sin embargo, la sensación que reina por estos días en la Argentina es que lo peor está por venir. Es más: está al caer.
Vivimos en un intervalo incómodo y alucinado entre dos elecciones. Tras la derrota del oficialismo en las legislativas de la provincia de Buenos Aires, ahora todos los esfuerzos apuntan a las que se vienen en octubre, más precisamente el domingo 26. No falta mucho, pero parece una eternidad. Y esa eternidad está llena de anticipación.
“Han comenzado los funerales del peor gobierno desde 1983”, anunció el poeta Miguel Gaya en una columna en la que advierte que el fin de la administración Milei trae un sabor amargo, un mero alivio sin victoria, por lo difícil que será reparar los daños causados, no sólo a nivel económico sino también en un sentido más profundo.
La sensación de final, no sólo de un proyecto sino más concretamente de fin de mandato, aparece todo el tiempo en el discurso público. Hace menos de una semana una senadora nacional dijo que el gobierno directamente no llegaba al 26 de octubre. ¿Apuro? Desde el espectro libertario se habla recurrentemente de golpismo. Es una lectura que (sin descartar la posibilidad muy factible de que haya sectores que busquen, en efecto, incentivar el desmadre) ignora el contexto, las señales que pululan en el ambiente. Libertarios, read the room. Empezando por el propio Milei.
Ocurre que el Presidente es débil y actúa como si fuera fuerte. Hace pocos días su gobierno sufrió una clara derrota en las elecciones legislativas que tuvieron lugar en la provincia de Buenos Aires, pero esa misma noche anunció que no modificaría el rumbo y los siguientes pasos que dio (la supuesta conformación de una mesa política con los mismos integrantes que ya formaban parte de las decisiones, la designación de un ministro del Interior que ya venía cumpliendo esa función bajo otra etiqueta, la concreción de los anunciados vetos a leyes que atienden los reclamos de las universidades y el hospital Garrahan) vinieron a confirmarlo. El mensaje de anoche va en el mismo sentido: el núcleo de su programa de gobierno, es decir el ajuste permanente, no se negocia, dijo, más o menos.
Quizás sea al revés: a lo mejor el Presidente es más fuerte de lo que parece y hay sectores que empezaron a mover sus fichas en base a un mal cálculo, apostando a su debilidad.
En cualquiera de los dos casos, la situación parece difícil de sostener. Pide a gritos que la diriman. No es posible que la cuerda permanezca durante mucho tiempo sometida a esta tensión insoportable. Alguien tiene que ceder.
Anoche, de hecho, Milei pareció ceder en algunos puntos importantes, cuando anunció un aumento de los fondos destinados a las universidades, al sistema de salud y a las jubilaciones. Son justamente los sectores que expresan más fuertemente el conflicto en las calles. Pero estas aparentes concesiones no parecen ser más que una operación de maquillaje: calculadas sobre la base de una inflación prevista que seguramente será superada por la realidad en pocos meses, prometen diluirse y quedar en nada.
Decíamos más arriba que todos los esfuerzos, ahora, están puestos en ganar en octubre. ¿Todos los esfuerzos? No todos, no. A Milei le gustaría poder dedicar de lleno su energía a sumar votos para aplastar al peronismo, pero una buena parte de esa energía tiene que destinarla a atender el difícil frente económico, que se complica cada vez más. El riesgo país, que se ufanaba de haber reducido considerablemente, ahora se disparó y al momento de escribir estas líneas coquetea con los 1200 puntos. Los dólares siguen sin entrar y las opciones se van acabando.
Un panorama complicado que seguirá siendo complicado aun si desaparece completamente el factor Karina, que no habíamos mencionado hasta ahora pero que pesa mucho. Los influyentes medios internacionales que celebraron la irrupción de Milei con su motosierra ahora señalan a la hermana como un factor deletéreo en el gobierno. Es por el escándalo de las presuntas coimas, sí, pero más que nada por la imposibilidad de quitarla de en medio.
Acostumbrado a ganar con su estrategia de escapar siempre hacia adelante, y quizás sin registrar las derrotas que ha sufrido en el camino, Milei sigue tirando de la soga. Del otro lado, un peronismo envalentonado (quizás no con tanta causa) incrementa la presión. ¿Quién va a aflojar, quién va a caer? El 26 de octubre es una fecha clave que determinará, probablemente, cuál es el ganador de esta cinchada, si es que hay alguno.


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