Ante la incertidumbre: Respetar el territorio. El camino para volver a ser alternativa

Si hay algo que fracasó en la Argentina reciente frente a los ojos de toda la sociedad fue la idea de un presidente delegado y tutelado que, en medio de las dificultades, además de oposición (como corresponde al juego democrático) tuvo el raro privilegio de contar con oficialistas opositores. Esta novedosa categoría de opositores con derecho a caja es, como la Birome y el dulce de leche, una creación argentina.

31 de marzo de 2025
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Pues bien, cuando después de la derrota electoral frente a Javier Milei (con la consabida pérdida de interlocución con una parte importante de la sociedad y también de espacios de representación y gestión) esperábamos en el dispositivo central del peronismo una asimilación de los errores y las conductas para no repetirlos; nos encontramos con la novedad de la reaparición de esta exótica conducta opoficialista, paradójicamente en la estratégica provincia de Buenos Aires: territorio donde el actual presidente en medio de su éxito cosechó 3 derrotas electorales. ¿Qué es lo que está desnudando este fenómeno?

En primer lugar, nos encontramos con que el peronismo está inmerso en un proceso de profundo debate político. Pero ¿Qué se discute?, ¿Es momento de discusiones? ¿Es legítima esa discusión de cara al sufrimiento que padecen los sectores populares?.

Digámoslo sin pruritos; en una sociedad en la que se accede a la posibilidad de plasmar un proyecto de país a través de la validación electoral, el hecho fáctico de haber perdido las elecciones de 2013, 2015, 2017, 2021, 2023 sumado a que la victoria electoral de 2019 (fruto de la decisión unilateral del candidato por parte CFK) se transformara en un fracaso político; convierte ese debate en una necesidad y una obligación de todo el movimiento.

Entonces lo que se discute no es si tal o cual terminal política va a tener más o menos candidatos, lo que está en juego es la actualización del rumbo y la representación que le permitan al peronismo salir de este ciclo de derrotas político electorales de más de una década. Y esto no es contra nadie, tampoco ingratitud y mucho menos traición. Porque volvemos a insistir; en democracia triunfar en una elección es el pre-requisito necesario para ganarse la posibilidad de iniciar el camino de la construcción de un proyecto de sociedad. Es nuestro derecho y nuestro deber tomar el bastón de mariscal y generar las condiciones para que así sea. Solo de esta manera tendremos la fortaleza para ser el muro defensivo de los más humildes y también de las compañeras y compañeros que son perseguidos por el poder, como primer paso para alcanzar un país que valga la pena ser vivido.

Como parte de este debate profundo dentro del movimiento podemos consignar que no existe unanimidad de criterio sobre la existencia o ausencia de una conducción. Y este es un punto nodal. Las resonantes victorias parlamentarias de Milei partiendo de un escaso número de diputados y senadores propios solo fueron posibles por la incapacidad de sintetizar en una política común todos los fragmentos legislativos del peronismo. Si a esto se le suma la división de los bloques, la forma que adoptó la normalización del Partido Justicialista nacional y el hostigamiento al gobernador de la provincia más grande del país el resultado nos parece inequívoco.

Particularmente respecto a este último punto, lo ocurrido la última semana en la legislatura bonaerense es la profundización de un camino de hostilidad que tiene hitos como la intervención que llevó al ex intendente de Lomas de Zamora al gabinete, la grosería de una estudiantina peinada en canas en el acto del Club Atenas, la escalada de declaraciones y puestas en escena de dirigentes que responden a la ex presidenta, el comportamiento legislativo alrededor del debate sobre el presupuesto provincial, hasta llegar a este presente en el cual senadores cristinistas virtualmente clausuran una negociación difícil pero en curso, presentando un proyecto de ley sobre cómo y cuándo deben darse la elecciones en la provincia.

Los argumentos de los senadores oficialistas son particularmente sugestivos. Bien leídos hacen aparecer a la provincia como una especie de “estado fallido” en el que los otros poderes del estado bonaerense como la justicia electoral (“la provincia tiene una institucionalidad electoral endeble”) y las fuerzas de seguridad dependientes del ejecutivo no tendrían la capacidad para convocar, organizar, garantizar la seguridad y escrutar una elección propia de la misma manera que ocurre en el resto de las provincias…  y desde esta lectura, con un rasgo que roza lo sedicioso, se abrogan la potestad de quitarle al gobernador (de su propio espacio político) la facultad constitucional de determinar la fecha a las elecciones. Porque así se evitaría y citamos: “violar la legitimidad del proceso”.

Si tales definiciones fueran lanzadas por senadores opositores sería preocupante pero entendible debido a su rol. Viniendo del bloque ¿oficialista?; decretar la incompetencia por incapacidad de los otros poderes provinciales, dejar abierto un escenario de judicialización y poner en duda la legitimidad si no se acepta retirarle al gobernador su competencia…como dicen los pibes; es un montón. Y explica con absoluta elocuencia la necesidad de que el ejecutivo provincial pueda contar para el tiempo que queda de mandato, con legisladores que honren el rol que la ciudadanía les otorgó; ser la voz legislativa de un gobierno peronista que se ha convertido en un escudo frente a las inequidades del proyecto antipopular y antinacional.

Es sintomático y difícil de explicar que justamente el cristinismo descrea que el estado provincial después de la Década Ganada y 18 años de gobiernos bonaerenses propios no esté en condiciones de garantizar lo que resolvió eficazmente en 2003 (luego de la crisis terminal que casi lleva a la disolución nacional en el 2001) cuando la provincia de Buenos Aires llevó adelante su elección provincial desenganchada de la Nacional, proclamando como gobernador a Felipe Sola con una alta concurrencia, sin dificultades ni incidentes.

La eliminación de las PASO y la introducción de la boleta única de papel impulsadas por el gobierno de Milei traen cambios en las reglas del juego electoral que requieren respuestas basadas en definiciones políticas. Sin un gobierno nacional propio, luego de haber perdido en 2023 el control político de varias provincias y con el antecedente de la acumulación de derrotas desde el 2013, la pregunta tácita es quiénes deben ser los protagonistas de esas definiciones. En un escenario tan complejo para el peronismo es evidente que debe mandar el territorio.

En la provincia de Buenos Aires se pone de manifiesto esta necesidad cuando se visualiza que el gobernador reelecto conjuga 3 elementos que aparecen como centrales para las tareas que el peronismo tiene por delante; Cuanta con un caudal electoral propio, expresa como pocos el espíritu político del kircherismo no solo en sus ideas sino en la obra de gobierno y por último ha sido capaz de generar una interlocución política ampliada a la vez de ser depositario del cariño y la esperanza de muchos.

Después de una década de fracasos electorales y políticos, compañeras y compañeros queridos y respetados que nos aseguran que no hay nada que discutir, impulsan una medida inconsulta y extemporánea poniéndole cuerpo real precisamente a ese debate que niegan. Ojalá puedan revisar su actitud y priorizar el conjunto y el futuro del peronismo, respetando al territorio y a sus representantes refrendados por el pueblo bonaerense. Ese respeto fue el que siempre le permitió al movimiento nacional en tiempos difíciles recuperar la iniciativa y volver a convertirse en una poderosa alternativa de los trabajadores y el pueblo.

 

Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad

 

 

 

 

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