El riesgo país trepa a 925 y la City ya ve los 1.000 puntos como piso rumbo a 2027
Al Gobierno le llega una mala noticia desde afuera y otra desde adentro: Wall Street se desploma y el mercado empieza a poner precio a la sucesión presidencial. Con un año largo por delante, el termómetro financiero amenaza con volverse un problema político.
El riesgo país saltó más de 70 puntos en una sola rueda y cerró el jueves en 925 puntos, su nivel más alto desde la tensión preelectoral de 2025. Hasta hace pocos días, las proyecciones más pesimistas lo veían rozando los 1.000 antes de fin de año. Ahora esa cifra está a un paso.
En el mercado advierten que la tendencia de acá a un año será alcista, al menos hasta que se despeje el panorama político. Y que esa presión, de manera indirecta, terminaría pegando en el mercado de cambios.
Un golpe de afuera que cae sobre una duda de adentro
El detonante inmediato fue externo. La derrota de Flávio Bolsonaro en las presidenciales de Brasil y la de Donald Trump en las legislativas de Estados Unidos reconfiguraron el humor de los inversores. Tras el triunfo demócrata en las elecciones de medio término, el miércoles el mercado castigó a las compañías ligadas a la infraestructura de inteligencia artificial, por el temor a mayores restricciones a los centros de datos.
El jueves el miedo se contagió a todo el mercado: el Dow Jones cayó 3,44%, el S&P 500 retrocedió 4,35% y el Nasdaq se hundió 5,52%. Los analistas de Aurum explican que la alta concentración del S&P 500 en tecnológicas amplifica los movimientos en jornadas así. Hubo además fuga hacia los bonos del Tesoro estadounidense y menos expectativas de nuevas subas de tasas de la Reserva Federal.
Con los emergentes arrastrados, los activos argentinos pagaron doble. A la tormenta global se suma un factor local: según el mercado, crece la preocupación por un eventual regreso del kirchnerismo en 2027, y los inversores se desprenden de papeles argentinos.
2027, el año del 1.000
Varios operadores sostienen que el piso para 2027 será de 1.000 puntos. La referencia más cercana no tranquiliza: antes de la elección legislativa del año pasado, cuando se temía un triunfo kirchnerista, el índice llegó a rozar los 1.500. Esta vez la elección es presidencial, así que la sensibilidad del mercado sería todavía mayor. Por eso no sería extraño volver a ver esos valores, o superarlos.
El rumbo de lo que resta de 2026 dependerá sobre todo del escenario internacional y de las expectativas sobre la reelección de Javier Milei. Tomás Sisto Bourel, analista de Fortress Capital, plantea que, si sigue la venta global, «Argentina probablemente seguiría mostrando un mal desempeño relativo por su elevado beta», aunque desde estos niveles podría haber un rebote si el contexto externo se estabiliza.
Sisto Bourel marca además que, con el riesgo país cerca de los 1.000 puntos, la ecuación riesgo-beneficio de los bonos en dólares empieza a verse más atractiva. De cara a 2027, en cambio, es más cauto por la cercanía de las elecciones.
Lectura política
El riesgo país funciona como termómetro electoral anticipado: el mercado no solo mira la macro, también mide la probabilidad de que continúe la agenda pro-mercado. Para la Casa Rosada, un índice cerca de 1.000 encarece el acceso al financiamiento externo y suma presión sobre el dólar justo cuando el calendario político empieza a acelerarse.
Mientras no haya novedades positivas que reviertan la tendencia, cada sacudón de Wall Street o cada duda sobre 2027 se va a leer en el tablero de bonos. Y el Gobierno, que hizo de la confianza de los mercados una de sus banderas, tendrá que defenderla durante un año largo.























