Miguel Fernández: “Ir en alianzas sin identidad es tomar anabólicos: cuando te mirás al espejo, te quedaste sin músculo”
“¿Firmás o no firmás? Yo dije que no firmaba”. Miguel Fernández reconstruyó cómo se definió el cierre de listas del radicalismo bonaerense, por qué ningún intendente quiso ir en la boleta de Provincias Unidas y qué le reprocha al Comité Nacional.
Dos años después de la elección interna que partió en dos a la Unión Cívica Radical bonaerense, Miguel Fernández dice que “el capítulo está terminado, cerrado, archivado”. Pero en una edición especial de Estudio POLITICAR, en diálogo con Andrés Miquel, reconstruyó lo que pasó y dejó una advertencia para el futuro del partido: “Cada vez tenemos menos músculo”.
Una interna sin ganador
Fernández describió aquel proceso como “muy caótico para el partido”, en contraste con un radicalismo que “siempre se jactó de sus elecciones internas y su democracia interna”. La judicialización de la disputa con Pablo Domenichini dejó al partido sin conducción legítima: el fallo de segunda instancia tardó cuatro meses, el año electoral ya estaba encima y el Comité Nacional amenazaba con intervenir la provincia.
La salida fueron órganos de contingencia. La convención de 299 miembros fue reemplazada por una de diez, “cinco de un lado y cinco del otro”, y lo mismo pasó con el comité. Para cualquier decisión hacía falta unanimidad: “Era casi ciencia ficción”, ironizó.
Sin convención, explicó, la única forma de tomar decisiones “más aproximadas al sentir de los radicales” fue consultar a los 27 intendentes y a los 135 presidentes de comités de distrito. “Aproximadamente el 70% del partido nos pedía una estrategia electoral que no fuera ir con el kirchnerismo ni con La Libertad Avanza”, relató. De ahí surgió la alianza Somos para la elección provincial de septiembre.
“Yo dije que no firmaba”
En octubre, la historia fue otra. “La propuesta vino cerrada: es Provincias Unidas, el candidato es Florencio Randazzo. ¿Era sí o no?”. Fernández volvió a consultar a los intendentes, que eran quienes iban a tener que defender la boleta, y la respuesta fue negativa. “Ningún intendente estuvo dispuesto a ir con esa boleta, donde el radicalismo tenía un rol absolutamente terciario, ni siquiera secundario”. Encabezaban Randazzo, Margarita Stolbizer y Emilio Monzó, y los radicales aparecían “cuarto y quinto, con una elección que ya sabíamos que iba a ser desventajosa”.
“Hay que decidir en soledad ese tipo de cosas. Es casi una foto instantánea: ¿firmás o no firmás? Yo dije que no firmaba”, contó. Su sector terminó acompañando una lista con la Coalición Cívica.
Fernández también responsabilizó al Comité Nacional: “No hubo una convención nacional que dijera que la propuesta de la UCR para octubre era esta y que iba todo el radicalismo ahí. Así yo hubiera tenido otro marco para decidir”. Y dejó una autocrítica: “Creo que estuvo mal balanceada la alianza de Somos en la composición de la junta electoral. Una cosa es firmar la alianza y otra el momento de los bifes, cuando se arman las listas. Ahí te das cuenta de la buena fe de cada parte y de quién quiso una feta más gruesa de la que le correspondía”.
Construir: “Un espacio rebelde”
Tras la interna, el vínculo con otros sectores se cortó sin estridencias. “Hay cosas que son tácitas, como en una pareja. No te llaman más o no llamás más”. Pero aclaró: “Yo no me fui de ningún lado. Sigo siendo radical”.
De esa experiencia nació Construir, que Fernández definió como “un espacio rebelde” dentro del partido. Explicó que el quiebre llegó cuando no se cumplió el acuerdo de palabra para una lista de unidad en la Junta Electoral: “Si no se cumplen los acuerdos de palabra, no debe haber mucha voluntad de unión. Pero no nos vamos, la pelea la damos adentro”. Los 75 convencionales de su sector se retiraron de la sesión, aunque “siguen siendo convencionales y van a votar cuando sesionen”.
Para describir el estado del partido usó una imagen: “Veo el jarrón y está entero, tiene las manijas, la tapa, no se ven rajaduras. Está unido. Pero no es uniforme”.
El gimnasio y los anabólicos
El núcleo de su planteo es la identidad. Fernández sostiene que el radicalismo se acostumbró a ir “de acompañante” en alianzas que le dan bancas, pero lo vacían. “Decimos: vamos en una alianza, ganamos musculatura. Pero cada vez tenemos menos músculo. Eso es tomar anabólicos. Cuando te saco los anabólicos y te ves en el espejo, te quedaste sin músculo. La única forma de hacer músculo es ir al gimnasio: sacrificio, un objetivo claro, empezar con 2 kilos, darle tiempo, pero saber adónde querés llegar”.
Respaldó el argumento con números: “Ahora con Somos sacamos dos legisladores. ¿Y en 2023? Cinco. ¿Y en 2021? Quince. El problema no son los dos, es la tendencia”. Y remató: “Somos el partido de las ideas, con 130 años y 500 intendentes, y estamos negociando a la baja”.
También discutió uno de los “mantras” del radicalismo: “Se dice ‘somos un partido de poder’. No, sos un partido que está cerca del poder. Estar cerca es: te traigo el paquetito y me das algo a cambio, unos legisladores en la lista. Ejercer el poder es poner la cara, comerte los cachetazos, que te toquen el timbre de tu casa cuando sos intendente”.
Pragmatismo y convicción
Fernández no rechaza las alianzas, pero exige que sean “entre pares”. “Yo quiero que el radicalismo esté sentado en la mesa como par, discutiendo políticas públicas, no de acompañante que se lleva un legislador”. Y explicó su lógica: “Hay una tensión permanente en la política entre el pragmatismo y la convicción. El pragmático a ultranza sin convicción es una cosa, y el que es solo convicción, sin pragmatismo, termina siendo un erudito de café”.
La próxima definición electoral, recordó, la tomarán los 299 convencionales de una convención ya legítimamente constituida. “Puede haber sillazos, discusiones, alguna trompadita. Pero después democráticamente se vota”.























