Milei se mete en la campaña española y le pide a la oposición que desaloje a Sánchez
En su séptima visita como Presidente, el libertario eligió el escenario más importante que tuvo en España para tomar partido por la derecha y cargar contra el gobierno socialista. Volvió a no cruzarse con Sánchez ni con ningún ministro, y de paso abrió otro frente con la prensa.
Javier Milei aterrizó en Madrid con un objetivo declarado: influir en las elecciones generales españolas, convocadas para fines de noviembre. En su primer discurso trató de dictador y de corrupto a Pedro Sánchez y le exigió a la oposición local “sacar a los socialistas a patadas”.
Habló en un desayuno de Nueva Economía Forum, en el Real Casino de Madrid, frente a unas 500 personas entre dirigentes políticos, empresarios, diplomáticos y corresponsales extranjeros. Es el acto público de mayor porte de sus siete viajes a España.
Una campaña con aliados a la vista
El Presidente se definió como amigo de Santiago Abascal, líder de Vox, y de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid por el Partido Popular. Explicó que los visita porque apoya a quienes, según él, generarán más bienestar a los españoles. Habló de una “deuda de honor” de los presentes con la cuna del liberalismo.
La agenda tiene un límite: Abascal se excusó porque está de campaña en el norte del país y no habrá encuentro. Ayuso, en cambio, lo recibe por la tarde.
Migración, vivienda y el pase de factura a Sánchez
Milei también apuntó contra la política migratoria del gobierno español. Dijo que fomenta una “invasión”, como la de Ceuta, y sostuvo que cada inmigrante es un voto para el socialismo. Es un tema con el que la oposición española busca golpear a Sánchez en plena campaña, y el argentino se lo sirvió en bandeja.
Sobre la crisis de la vivienda, con un acampe en la Puerta del Sol desde hace semanas, sentenció que donde el Estado mete la mano, la pudre. Y en la entrevista posterior en el escenario dijo que no se reúne con Sánchez porque no está dispuesto a “coserse los bolsillos”. A Sánchez lo llamó delincuente ladrón.
La respuesta del PSOE fue simbólica: en su sede de la calle Ferraz colgaron una bandera gigante que le daba la bienvenida con una ironía sobre el crecimiento español. En ninguno de sus siete viajes Milei se reunió con Sánchez ni con sus ministros, y tampoco con el rey Felipe VI. Con el monarca dijo tener una excelente relación y atribuyó la falta de encuentro a un problema de agendas.
Modelo propio y cruce con la prensa
En lo económico, el Presidente defendió su programa, describió el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), negó que haya un problema de mora crediticia en la Argentina y habló de un modelo de crecimiento. No mencionó la caída de actividad que muestran las cifras oficiales del Indec.
El tramo más áspero llegó con una pregunta de una periodista de Clarín, canalizada por los organizadores a través de un formulario digital. Milei la interrumpió, calificó al diario de corrupto y mentiroso y lo acusó de haberse aliado con políticos para voltear un gobierno. Después se jactó de haber liberado el servicio de internet satelital, lo que permitió el ingreso de Starlink, y dijo que hoy más de 3 millones de argentinos acceden a ese servicio. La pregunta quedó sin respuesta y tampoco aceptó consultas de otros medios argentinos presentes, entre ellos LA NACION.
Lectura política
Milei apuesta a consolidarse como referente de una derecha internacional y a mostrarse como parte de una pelea ideológica global, aunque eso le cueste fricciones diplomáticas con el gobierno de Sánchez. La contracara es que se involucra en una campaña ajena sin interlocución oficial con Madrid y con aliados que no siempre pueden acompañarlo, como Abascal. En casa, la escena le sirve para reforzar su narrativa contra el kirchnerismo y la prensa crítica, el terreno en el que mejor se mueve.






















