Washington marca la cancha por Malvinas y le apunta a la ley de soberanía que impulsa Milei
Landau admitió que EEUU mira "con interés" las sanciones a empresas que operen en las islas y dejó picando la idea de disolver el C-24. Quirno defendió el proyecto, pero el Gobierno ya reconoce que la postura frente al pedido estadounidense "está bajo análisis".
El vicesecretario de Estado norteamericano, Christopher Landau, reconoció que su gobierno sigue «con interés» los alcances de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que podría castigar a las empresas, también las estadounidenses, que exploten recursos en las Islas Malvinas. Lo dijo en el Palacio San Martín, al lado del canciller Pablo Quirno, en una conferencia que dejó a la vista el límite de la sintonía entre Buenos Aires y Washington.
«No hay otro país en todo el mundo con el cual estemos tan alineados», afirmó Landau. Pero enseguida aclaró que Estados Unidos mira por los intereses de sus compañías: «Es natural que cualquier país se preocupa por eso». Sobre la ley fue prudente: dijo que es una cuestión para las autoridades argentinas.
Un proyecto con alcance amplio
El proyecto 0010-PE-2026 prevé penalidades que podrían alcanzar no solo a las compañías que operan en el archipiélago, sino también a filiales, accionistas, intermediarios financieros y proveedores vinculados con actividades hidrocarburíferas sin autorización argentina. Ese es el punto que, según trascendió, inquietó a funcionarios de la Casa Blanca.
Quirno defendió la iniciativa y sostuvo que la ley vigente «no le da a la Argentina las herramientas necesarias». Insistió en que «no va en contra de nadie en particular» y planteó que las empresas deben elegir entre el continente, con un potencial «muchísimo mayor», y las licencias que calificó de ilegítimas en las islas.
El C-24 y las señales a Washington
Landau encuadró la propuesta de disolver el Comité de Descolonización de la ONU dentro de la reforma general del organismo que impulsa la administración Trump. Dijo que el comité «a través de los años no han hecho casi nada» y que adoptó posiciones «bastante radicales» contra Estados Unidos por Puerto Rico y otros temas. Pidió que en la Argentina no se confunda esa reforma con un tema sustantivo.
Quirno sostuvo que la eventual desaparición del C-24 no le hace mella al reclamo, que se apoya en resoluciones generales de la ONU. Admitió, sin embargo, que es un foro de interés porque allí se presenta la queja cada año desde 1965. A eso se suma que el vocero presidencial, Adrián Ravier, dijo esta semana que la postura frente al pedido estadounidense «está bajo análisis» y que no descartó cambios en la ley durante el debate parlamentario. Además, el 15 de octubre la Argentina se abstuvo en dos de los 23 proyectos sobre descolonización de la Cuarta Comisión: Quirno habló de «razones técnicas», mientras la oposición lo leyó como un gesto a Washington.
Inversiones, condicionamientos y visas
Landau evitó referirse a las declaraciones del embajador Peter Lamelas, que en Neuquén cifró en USD 20.000 millones el financiamiento previsto y lo vinculó a que el país siga «hacia la derecha». Se limitó a elogiar al Gobierno por «crear las condiciones para otra época dorada».
Quirno, en cambio, respondió que se especula todo el tiempo con la condicionalidad. Admitió que Estados Unidos, igual que el embajador, quiere que el Gobierno sea reelecto el año próximo, y dijo que el único condicionamiento es que la Argentina siga con crecimiento, orden macroeconómico y equilibrio fiscal.
Antes de las preguntas, el canciller detalló USD 13 millones para programas contra el narcotráfico (USD 7,5 millones para el país) y un Pacto para la Protección de la Infancia, firmado por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, con apoyo de hasta USD 10 millones contra la trata de menores. También se anunció un aporte no reembolsable de USD 15 millones para un centro de ciberseguridad que incluirá una evaluación de la red troncal de Arsat.
Sobre el uso de tecnología china en infraestructura, Quirno negó discriminación y habló de análisis de seguridad informática. Landau fue más directo: «Por algo me llaman el quitavisas», y definió las visas como una herramienta de política exterior.
Lectura política
La foto buscó mostrar sociedad estratégica, pero la letra chica expone una tensión: el Gobierno sostiene en público que Malvinas es «innegociable» mientras deja abierta la puerta a retocar la ley en el Congreso. Washington, por su parte, no pide nada de forma explícita, pero marca que sus empresas están en la ecuación. El debate parlamentario será el lugar donde se defina cuánto de la soberanía se negocia en la rosca con la Casa Blanca.























