Caputo, dos libretos para un mismo plan: alivio para la industria, advertencias para el mercado
En menos de 48 horas, el ministro pasó por la UIA y por FIEL. Cambió el tono, los énfasis y hasta los enemigos, pero dejó un mismo mensaje rumbo a 2027: no hay plan B.
Hay ministros que dan el mismo discurso en cualquier salón y ministros que leen el auditorio antes de abrir la boca. Luis Caputo demostró esta semana que pertenece al segundo grupo: en menos de cuarenta y ocho horas pasó por la Conferencia Industrial de la UIA y por la conferencia anual de FIEL, y aunque el programa económico que defendió fue exactamente el mismo, el tono, los énfasis y hasta los enemigos cambiaron según quién tenía enfrente.
A los industriales, anuncios y épica
En la UIA, Caputo llegó con lo que un sector golpeado quería escuchar: cinco medidas concretas para las pymes, desde la suspensión de los embargos de ARCA hasta mayo de 2027 hasta créditos del Banco Nación a tasa fija para autos y la propuesta a las provincias de eliminar el impuesto a los sellos. El crédito fue la palabra que más repitió —32 veces en 57 minutos— y el RIGI apareció como la promesa de lo que viene: 218.000 millones de dólares en proyectos y más de 250.000 puestos de trabajo.
Pero el discurso no fue solo una lista de medidas. Caputo eligió confrontar con la receta que buena parte de la industria todavía reclama por lo bajo: “No mintiéndonos con devaluaciones. Eso no es bajar el costo argentino, eso es empobrecer a los asalariados”, dijo, y remató con una ironía que se escuchó en el salón: si la devaluación fuera la clave de la competitividad, “seríamos el país más competitivo de la galaxia”. El cierre fue de manual político: “Ustedes son los protagonistas ahora de esta historia”, y la promesa de una Argentina “invencible”.
A los economistas, el dólar y una advertencia
Al día siguiente, frente a la audiencia técnica de FIEL y con las preguntas de Juan Carlos de Pablo, no hubo anuncios. El eje fue otro: el tipo de cambio y la devaluación ocuparon 24 menciones, casi el triple que en la UIA, y Estados Unidos —que ante los industriales no nombró ni una vez— entró de lleno en la conversación tras la derrota republicana en las elecciones de medio término. Caputo buscó bajarle el precio al impacto con una pregunta retórica: “¿Cuánta gente creyó que ayer porque habían ganado los demócratas hoy íbamos a tener un miércoles negro en los mercados?”.
El argumento de fondo fue la solidez: 16.000 millones de dólares comprados en reservas “sin imprimir pesos” y el swap con el Tesoro norteamericano. Y para quienes apuesten contra el peso dejó la frase de la semana: si vinieran, habría que “pegarles otro cascotazo, pero ojalá no pase”.
Lo que no cambió
Hubo, sin embargo, un núcleo que se repitió en los dos salones: el diagnóstico de que el problema de las pymes es el costo del crédito y no el dólar, el récord exportador como prueba de que el modelo funciona y un rechazo explícito a cualquier “plan platita” para reactivar el consumo. “No podemos estar más lejos de ese pensamiento”, dijo en FIEL, y lo había adelantado en la UIA.
La lectura política
La doble presentación deja una señal clara hacia 2027. Caputo sabe que el frente industrial es el más sensible al costo social del programa y por eso llegó con alivio fiscal y financiero, pero sin conceder lo que muchos empresarios piden en voz baja, que es un dólar más alto. Ante los economistas, en cambio, su prioridad fue desactivar la idea de que la derrota de Donald Trump debilita el respaldo externo del Gobierno. Son dos auditorios y dos libretos, pero un mismo mensaje: no hay plan B, y el Gobierno va a defender el esquema cambiario aunque eso signifique seguir pagando el costo de una actividad que no termina de despegar.























