Diego Guelar: “El operativo se hace bajo la conducción del Departamento de Estado y con conocimiento o complicidad del Gobierno argentino”
El exembajador argentino analizó la salida de Flávio Bolsonaro hacia Estados Unidos a través de la Argentina, luego de perder las elecciones presidenciales brasileñas y pese a las restricciones judiciales. Sostuvo que se trató de una operación concertada, señaló el conocimiento del Gobierno de Javier Milei y advirtió sobre el deterioro de la relación bilateral con Brasil.
La fuga de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato derrotado frente a Luiz Inácio Lula da Silva, pone en el foco de la escena el papel del Gobierno argentino en su salida de Brasil. El senador cruzó la frontera hacia la Argentina junto a su familia y desde Puerto Iguazú abordó un avión privado con destino a Estados Unidos, pese a una orden judicial brasileña que le prohibía abandonar el país. Tras llegar a Miami, agradeció públicamente a Javier Milei y a Donald Trump por el apoyo recibido. Para el exembajador argentino Diego Guelar, los hechos no pueden entenderse como una sucesión casual de acontecimientos: “La realidad es que este operativo se hace, en mi conclusión, bajo la conducción del Departamento de Estado y con conocimiento y/o complicidad de tanto el Gobierno brasileño como el Gobierno argentino”.
Guelar sostuvo que el recorrido del senador brasileño por territorio de su país, antes de ingresar a la Argentina, difícilmente pudiera concretarse sin que las autoridades tuvieran conocimiento. “El senador Bolsonaro recorrió 3.000 kilómetros por tierra dentro de Brasil, hubiera sido muy sencillo detenerlo. No lo hizo el Gobierno brasileño porque cada uno quedó contento”, analizó. En su interpretación, el resultado permitió que los distintos actores involucrados sostuvieran sus propios argumentos: Lula podía presentar la salida de su adversario como una fuga, Bolsonaro podía denunciar persecución política y Milei exhibir su solidaridad con un dirigente de su mismo espacio ideológico.
La llegada de Flávio Bolsonaro a nuestro país y su posterior partida hacia Estados Unidos se dio gracias a la intervención de funcionarios y organismos estatales, confirmado por la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina . Las informaciones periodísticas publicadas sobre el operativo señalaron la presencia del asesor presidencial Santiago Caputo en Puerto Iguazú y describieron una salida que involucró un vuelo privado desde esa ciudad. El propio Bolsonaro agradeció a Milei por su “coraje, sentido de la justicia y de la legalidad”. Para Guelar, la explicación política de esa intervención está asociada al vínculo entre ambos dirigentes: “Milei demostró solidaridad con su compañero de ruta ideológico”.
Uno de los puntos que Guelar destacó fue la falta de una comunicación oficial que impidiera el ingreso del senador brasileño a la Argentina. “En Argentina nunca hubo un exhorto o una comunicación oficial que impidiera que entrara a la Argentina desde Brasil. La verdad, esto solo se entiende en este manejo que es al margen de la prensa y de los protocolos formales de la diplomacia”, explicó. Desde su experiencia como representante argentino en distintas capitales del mundo, señaló que existen mecanismos discretos para resolver situaciones de alta tensión, aunque diferenció esos procedimientos de los canales formales que permiten a los Estados actuar ante requerimientos judiciales.

Aun con esos matices, Guelar fue categórico al evaluar el carácter de la maniobra. “Yo te diría, por los aspectos profesionales, diplomáticos que he ejercido por tanto tiempo, que esto es un hecho concertado, claramente”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que no atribuye la operación política directamente al presidente brasileño. En cambio, apuntó contra las circunstancias de la medida judicial que afectó a Bolsonaro y contra la forma en que se produjo la salida del país. Esa distinción no elimina los cuestionamientos al Gobierno argentino: refuerza la idea de que la actuación de Milei debe analizarse dentro de un entramado de decisiones y acuerdos que, según Guelar, excedieron la esfera pública.
El exembajador también explicó que la existencia de una notificación formal habría cambiado la respuesta que debía dar la Argentina. “Yo firmé como embajador, negocié acuerdos de cooperación a nivel del Departamento de Justicia de Brasil o de Argentina. Y por supuesto, si hubiera habido una comunicación oficial, el Gobierno ahí hubiera tenido, por supuesto, que detenerlo. Y devolverlo a Brasil”, afirmó. Su explicación pone el foco en una cuestión central: la diferencia entre actuar ante un pedido judicial formal y facilitar, por acción u omisión, una salida que permitió a un dirigente abandonar el país pese a las restricciones dispuestas por la Justicia brasileña.
Más allá de la fuga, Guelar consideró que el vínculo entre la Argentina y Brasil ya atraviesa una situación delicada. En particular, cuestionó el trato de Milei hacia Lula y la falta de representación diplomática de ambos países al máximo nivel. “Lo que no significa que no estén muy mal, a mí me parece que están muy mal, que no tengamos embajadores”, señaló. Luego fue más contundente: “Me parece penoso que el presidente haya ido a insultar a un presidente en su propia casa. No hay antecedentes en la historia del mundo de una cosa semejante”. Para el exembajador, las diferencias ideológicas no justifican desconocer las reglas de respeto entre jefes de Estado, especialmente cuando se trata de dos países centrales para la integración regional.
En ese sentido, Guelar advirtió que el problema excede las consecuencias inmediatas del operativo y se vincula con el deterioro de una relación construida durante décadas. “Tenemos más de 200 años de historia donde hemos estado varias veces cerca de guerra con Brasil. A partir de una gran actitud del presidente Alfonsín y el presidente Sarney desde 1989 en adelante, ordenamos la relación y pasamos a la cooperación y finalmente a la integración y dimos pasos enormes”, recordó. Según su análisis, la consolidación de ese vínculo fue una conquista política que permitió dejar atrás escenarios de enfrentamiento y avanzar hacia una cooperación que hoy corre el riesgo de quedar subordinada a las disputas personales y al alineamiento ideológico de los gobiernos.
Al evaluar el impacto regional de la derrota de Bolsonaro y la posterior fuga de su hijo, Guelar también advirtió sobre el riesgo de que Brasil pierda parte de la estabilidad institucional que históricamente lo distinguió. “Hasta hace pocos días o horas, Brasil era una fortaleza inexpugnable de credibilidad”, planteó. Explicó que la alternancia entre gobiernos de distintas orientaciones políticas había demostrado que el país podía sostener sus instituciones, sus inversiones y su estabilidad económica más allá de quién ganara las elecciones.
La advertencia final de Guelar conecta la crisis brasileña con una experiencia que, según él, la Argentina conoce demasiado bien: la transformación de las diferencias políticas en una fractura permanente. Aunque consideró que el episodio puede ser neutralizado y evitó responsabilizar directamente a Lula por la fuga, señaló que la actuación del juez y el contexto político brasileño dejan una señal de alerta para la región. En ese marco, su análisis también interpela al Gobierno de Milei “El respaldo a un aliado ideológico no debería convertirse en una política exterior que profundice el aislamiento o debilite los vínculos estratégicos con los países vecinos”. Guelar resumió el riesgo con una definición que trasciende el caso Bolsonaro: “La grieta es cuando un país se parte, se transforma en una suerte de dos países y ahí no hay país alguno, que es lo que nos pasa a nosotros”.
























